Dolor

Hay tantos tipos de dolor

Está el dolor de un raspón, como cuando te caíste de la bici por primera vez. El dolor que sentiste cuando viste a tú mamá triste. El dolor que sentiste cuando se fue tu primer amor… y ese pequeño dolor constante, el que nunca se va.

Un accidente, una pérdida, algo feo que te dijeron o hicieron, un corazón roto, una traición o hasta la más pequeña e insignificante grocería, siempre dejará un dolor interno, que permanecerá por siempre, que no se irá por más que se quiera desechar.


El problema está cuando no sabés de donde viene ese dolor, te volvés la persona más paranoica y no dejás de pensar en eso. Te sentís loca y con ganas de saber… qué fue lo que tanto dolió.

Y cada momento de tu día deseás con volver al principio, como si pudieras volver en el tiempo para darte cuenta del momento preciso en el que ese dolor se volvió una pequeña parte de tu ser.

Y por más que intentés, no lográs ver en el pasado ese momento… ese momento que te hizo ser la persona que sos hoy. Porque por más felicidad y paz que haya en tu corazón, esa pizca de dolor, tristeza, melancolía o angustia… no se va, no desaparece.

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