El problema con la democracia

Es increíble la pasión que genera el plebiscito por la paz en Colombia. Los del SÍ y los del NO argumentan sus razones y sacan conclusiones con la poca información que poseen.

Pero algo aún más sorprendente es lo que ocurrió en los últimos días. Se destaparon las estrategias que utilizaron los de la campaña del NO para lograr vencer en las urnas. Lo sorprendente no es el destape. Lo sorprendente que es que eso nos sorprenda, pues así es que funciona la democracia.

No importa si crees religiosamente en el SÍ o en el NO, tu decisión ha sido manipulada por tus creencias, valores, las opiniones de tus familiares, tus amigos, tu religión, el gobierno, la oposición, los medios y tus experiencias pasadas. No es una posición racional, es un acto de fé. Y es un acto de fé porque no sabemos lo que va a pasar, son demasiadas variables.

Sí, es cierto que nunca vamos a tener la información completa para tomar una decisión. Pero el punto es que no importa si gana el SÍ o el NO si primero no cambiamos la mentalidad de querer buscar siempre un culpable.

Y ese es el verdadero problema de la democracia, que externaliza el compromiso individual con la sociedad y lo reduce a votar por un candidato, o por una decisión, y de esa forma tener a alguien a quien culpar.

No es una posición pesimista. Al contrario, es una invitación para que entendamos al otro, no como un enemigo que quiere la guerra o que quiere regalar el país, sino como una persona que, al igual que nosotros, ha sido manipulada y cree que esa es la decisión correcta.

Es una invitación a que dejemos de auto justificarnos y nos pongamos en los zapatos del otro. A que dejemos de de lado la idea esa idea de los buenos y malos, y entendamos que la maldad es una cuestión de perspectiva.

Pero ¿de qué sirve pensar así si los demás no lo hacen?

Precisamente este es el momento de dejar pensar en lo que los otros hagan o no hagan. ¿Cómo es que queremos cambiar un país si nosotros mismos no somos capaces de cambiar?

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