Empanadas mentales fácticas

Afirmaba Pablo Iglesias hace unos días en un acto de partido lo siguiente: “El gran debate de Podemos, a riesgo de que se entienda mal o banalice, es si debemos seguir siendo populistas o no”. Y va Pedro Sánchez y declara en Salvados, ¡justo ahora!, que se equivocó al llamarlos populistas. “Seguir siendo”, ahí está la clave, Pedro. Luego lo justifica diciendo que es que los adictos al cambio -que diría Savater- mueven a muchos jóvenes, en la línea de razonamiento de Borrell y su “cómo no vamos a entendernos con Podemos, si nuestros hijos están ahí”. Me los imagino pasándolo en grande en Francia con sus hijos lepenistas, o, por qué no, en Grecia, con un chiquillo neonazi y el otro de Syriza.

Que Podemos es un partido populista lo sabe cualquiera a quien Iglesias no engañe con sus trucos retóricos (está ya recogida en los diccionarios de falacias, en la sección “eludir la cuestión”, su respuesta “Populismo es Cañete vestido de granjero subido en un tractor”). Aún más: la utilización sistemática de esas trampas en el debate es una característica del populismo.

Por eso no se entienden las palabras de Sánchez: o Pedro no da de más, o es más pablista que San Pablo. O las dos cosas a la vez, que también suele pasar. En cualquier caso, nada bueno para el PSOE, que al menos ya ha encontrado como reemplazo a un político que sabe de aritmética básica, que sabe que las bases a veces se equivocan, y al que, para mayor deleite, Iglesias casi tilda de facha por utilizar un par de palabras antiguas. Mejor eso que inyectar a tus votantes Quilapayún tras perder las elecciones.

El otro gran momento de la entrevista llegó con el relato de las presiones que había sufrido por parte de algunas empresas del IBEX 35 como (no voy a nombrarlas, no es mi estilo) Telefónica o Prisa. ¿Te lo puedes creer, un periódico teniendo línea editorial propia? Y es entonces cuando los dirigentes de Podemos, todos ellos fieles a la misa laica de los domingos, vieron la Virgen y se lanzaron a su plataforma preferida, Twitter, donde son mayoría absoluta. ¿Las nuevas conclusiones? Las conclusiones de siempre: golpe del IBEX, de las oligarquías, de los poderes fácticos, del régimen, de Prisa… Ya se sabe, el típico vocabulario de socialdemócrata nórdico.

Hay que decir también que nuestros oligarcas son unos malvados muy peculiares: se toman casi un año para forzar un gobierno (y a saber cuánto dura, pues ni siquiera se ha producido la temida gran coalición), permiten el ascenso mediático de Podemos a través de algunos canales, dejan que gobiernen en capitales y comunidades, y no impiden una investidura en marzo de la misma persona a la que luego quieren quitar de en medio. Es cierto que en esa votación Podemos tendría que haber cedido al pacto PSOE-Ciudadanos, pero también es igual de cierto que en las últimas semanas el principal reproche que se le ha hecho al PSOE por virar a la abstención ha sido el de que ello suponía dar el gobierno al “partido más corrupto de Europa”, algo que votando a Sánchez se habría borrado de un plumazo. È un mondo difficile, pero, jopé, las conspiraciones interplanetarias siempre ayudan a pensar menos y dormir mejor. Yo mismo, al escuchar la objetivísima frase de cierre de Jordi Évole (toda ella, en su vacuidad, un guiño al discurso antiélites podemita: “Me preocupa que en este país haya despachos donde se deciden cosas que les toca a los ciudadanos”), también caí por un momento en la tentación de imaginarme al equipo de Salvados maquinando con el equipo de Iglesias el guión del programa.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Germán’s story.