Besaba raro, a lo iraní.

Se pueden decir mil cosas de Madrid porque es efectivamente una ciudad espectacular. Lo más importante que me pasó a mí ahí fue estar de novio 6 horas con una iraní que me encaré a la salida del museo de la Reina Sofía. Ella no hablaba casi nada de inglés, yo un toque menos. Que pin, que pan, que la invito a tomar una birra y la mina dice que sí. Después de la primera caña (birra en gallego) fue todo muy natural a pesar de que no entendía un carajo de lo que me decía. Creo que hablamos de Almajineiad, de la facultad de cine de Theeran y del Guernica.

Ya medio picante en la segunda caña se larga a llover como si fuera el fin del mundo y yo con una iraní tomando birra en las mesitas de la vereda de un bar enfrente al museo. Qué onda? Tengo chances acá? Pienso… Confundido y envalentonado por la situación decido tirarle la boca a ver qué onda. Resulta que estaba todo bien. Me estoy comiendo una iraní al segundo día de vacaciones. Qué carajo está pasando?

Besa raro, a lo iraní. Cada vez llueve más y la sombrilla que nos protegía no resistió. Nos mudamos adentro del bar. Yo, sacando a relucir la esencia de virgo de la gran puta, me siento en la una punta de la mesa. Ella, con la sabiduría persa en su sangre, se levanta y se sienta al lado mío.

En este tipo de vacaciones en las que rotás de ciudad en ciudad no hay revancha, y a esta altura yo, que estaba parando en Hostel en una habitación con otros 7 humanos, ya estaba pensando en qué lugar podría encontrarme a solas con la muchacha para firmar un nuevo memorandum de entendimiento entre nuestras gloriosas naciones.

En que hostel estas? Pregunto poniendo cara de que solo quiero información como para ver si es recomendable o no en caso de volver alguna vez a Madrid. Me contesta lo menos probable. Está parando sola en un departamento en pleno centro, a 5 cuadras de mi Hostel. Qué carajo pasa? De repente estoy en racha? Cambió la suerte? Me quedo a vivir acá, me digo a mí mismo y pido la sexta cerveza.

Deja de llover y nos vamos caminando del Museo al departamento que ella alquilaba. En el camino me comenta que su inquilino es muy bueno y que si me interesa irme del hostel donde estaba puedo alquilarle una de las habitaciones, a lo que, con la tranquilidad de tener el partido controlado faltando pocos minutos para el final, respondo que puede ser pero si no había problema que esa noche en particular me quede con ella a dormir. Responde que sí, partido liquidado.

Llegando a la puerta del departamento, mi ya a esa altura novia Iraní, me dice que tiene llave pero que cuando entremos no hay que hacer ruido. Automáticamente dejo de emitir sonidos y arrancamos una caminata extraña por escaleras caracol en un edificio antiguo del centro de Madrid. Llegando ya a la puerta del piso de ella se escuchan voces adentro del departamento. Abre la puerta y pasamos.

Repasando lo que va de la historia decidí omitir detalles tal cual los omití conmigo mismo ese día, cegado por las ganas de sumar una banderita al mapamundi que un hombre soltero debe completar acorde nos han enseñado durante años las películas norteamericanas.

Hubo señales, hubo comentarios como por ejemplo “hay cosas de mi vida que no te puedo contar”, hubo advertencias que no quise ver y que juntas permiten imaginar el desenlace de esta historia.

Entramos al departamento y había un iraní sacado de una película gritando por teléfono. Cuelga y le empieza a gritar a Marynkia (la chica) en persa. A esa altura, lo menos que me imaginaba es que iba a entrar Will Smith y los Swat por la ventana. Me vi en Guantánamo. Por lo menos en la Isla debe hacer calor todo el año, pensé para consolarme, mientras los gritos del Príncipe de Persia aumentaban en intensidad.

Resulta que la iraní vivía con el iraní. Según dijo después era un amigo de la familia y por algún motivo que no me animé a preguntar, no le gustaba que desconocidos entren a la casa.

Del departamento no me quedó otra que irme para evitar males mayores. Con la iraní seguimos en contacto para vernos más adelante. El único tema es que no le dan visa para viajar a Argentina.

Esa semana no hubo atentados en Madrid así que mi culpa por haber activado una célula se desvaneció.

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