Palermo Manso

Un gran barrio escondido a plena vista


Cuando se habla de “Puerto Madero”, usualmente se piensa en rascacielos, construcciones que Richard Florida — urbanista autor de La Clase Creativa — denomina “suburbios verticales, criticando su impacto en las ciudades norteamericanas.

Sin embargo, hay más Puerto Madero que lo que se ve desde lejos; hay un sector — que me pareció apropiado denominar “Palermo Manso” porque se encuentra a lo largo de la calle Juana Manso (ver imagen de arriba o en GoogleMaps)— que cumple con varios principios del nuevo urbanismo.

¿Qué es lo que lo que tiene de diferente el sector PM?

  • A lo largo de los 2km de Juana Manso se suceden una veintena de construcciones con altura máxima de 10 pisos. ¿Por qué sólo se construyó menos de 30 metros de altura en una de las zonas de mayor valor del m2? Pues porque hace que sea una altura amigable con el que transita por la calle, lo que Jane Jacobs llamaba “pedestrian scale”. Por el contrario, yo trabajo en una oficina a 25 pisos de altura, lo cual me da una vista increíble de la ciudad pero me aísla de la vereda de abajo.
    Las construcciones de Palermo Manso tienen altura suficiente para dar una densidad alta a la zona, pero a la vez permiten que mirando desde la ventana o el balcón se pueda ver a la gente que pasa y viceversa, evitando el efecto deshumanizador de las torres.
  • La diversidad en esta zona es sorprendente: hay departamentos, oficinas, negocios, hoteles y museos. Constrastémoslo con la visión clásica del urbanismo americano post-Segunda Guerra Mundial — barrios residenciales, apartados de barrios de oficinas, apartados de zonas de hoteles y museos — y veremos que el barrio más nuevo de la Capital Federal es el primero en buscar los beneficios derivados de la diversidad de usos. Aunque entre los negocios se destacan los gastrónomicos, hay un mayor amplitud que, por ejemplo, en Las Cañitas.
  • Veredas anchas, calzadas con sólo dos carriles en cada sentido para vehículos y rotondas en los cruces importantes: este combo logra que Palermo Manso parezca no estar en Buenos Aires. La ciudad con la avenida más ancha del mundo y un microcentro de veredas angostas se redime aquí, donde caminar es agradable y la calzada angosta incita a los autos a ir despacio.
    Es un hecho que las rotondas, objeto de odio por parte de automovilistas, bajan la tasa de accidentes de tránsito cuando tienen el diámetro adecuado. Un beneficio secundario de la escasa altura de las construcciones y las veredas anchas se nota al caminar: mientras que en el microcentro “anochece” a las 4pm, porque los edificios altos tapan el sol, en PM se disfruta del atardecer.
  • Y ya que hablamos del sol, las construcciones de Palermo Manso (como estas de aquí) están hechas con un gran hueco interno, al estilo de las de Barcelona. El objetivo es proveer una doble entrada de luz a los departamentos, tanto por el este como por el oeste, permitiendo iluminación natural todo el día. Además, se genera un patio interno sin necesidad de enrejar la fachada como en las torres de Palermo Hollywood o Belgrano, que dan la sensación de encierro al peatón que camina por afuera.
  • Quizás uno de los puntos más sorprendentes para mí fue descubrir que hay plazas en esta zona, dos de ellas con estacionamientos por debajo. Gracias a la llamada Reserva Ecológica (nombre absurdo si los hay), Puerto Madero es el barrio con mayor cantidad de “verde”, por lo que añadir plazas parecería innecesario. Sin embargo es clave que haya espacios verdes mezclados con las construcciones, como lugares de descanso — visual y físico — y de interacción sin necesidad de consumo.
    Los grandes parques son lugares a los que uno “va”, de manera planeada. Las plazas son lugares por donde se pasa y que mejoran la experiencia de vivir, trabajar, comprar o pasear.
  • Por último, vale la pena destacar que — como en todo Puerto Madero — se buscó mantener algunas de las construcciones originales relacionadas con la historia de la zona, como el centenario edificio donde está hoy el Faena Arts Center.

En síntesis, además de los rascacielos imponentes que tan lindos quedan en nuestras fotos de Facebook, existe otro Puerto Madero. Uno con alturas amigables, veredas interesantes, diversidad y variedad, iluminación natural, mucho verde y respeto por la historia del fracasado puerto que proyectó el no-ingeniero Eduardo Madero. Tiene como puntos débiles la falta de diversidad socio-económica — todo el barrio tiene como únicos targets a sectores ABC1 y AB1 — y la carencia absoluta de transporte público. Sin embargo, mucho tiene el resto de la ciudad para aprender de Palermo Manso, allí escondido a la vista, entre los diques y los rascacielos.