
APELLIDOS MUTANTES (1 de 2)
Preparado por Julio Amable González Hernández
En los países hispanoparlantes, el uso y costumbre es que cada ciudadano use legal y oficialmente sus dos apellidos. Como primero el del padre y luego el de la madre. Cuando el vástago no proviene de un matrimonio legal, es también costumbre utilizar sólo el apellido de la madre. De todos modos, en una forma u otra, el mismo proviene en calidad de heredad.
El apellido podría considerarse como “una marca de fábrica”, fijo, indeleble, heredable e invariable. De acuerdo a estos principios, un mismo apellido debe repetirse en las subsiguientes generaciones por cientos de años. O en dirección contraria, los apellidos que hoy tenemos deben ser los mismos que tuvieron los ancestros más remotos que hayamos podido investigar.
En la práctica esto no ha sido siempre así. Encontramos apellidos mutantes, los cuales, con el correr de los años y los siglos, sufren transformaciones. Diversas causas producen cambios en los apellidos. Entre ellas y una de la más comunes es “el error ortográfico” del escribiente que redactó la declaración de nacimiento. Otra también común es la “castellanización” del apellido, si este proviene de una lengua de raíz no latina. Igualmente cambia un apellido la abreviación o recorte del mismo. También ocurre el caso contrario, la fusión de dos apellidos en uno.
Pasando ya a casos prácticos de República Dominicana, tenemos por ejemplo, el apellido llegado al país desde Italia como De La Caba. Pasó a De Caba y actualmente es Caba.
Una múltiple transformación es el De La Motte, De La Motta, De Motta, De Mota y Mota. Apuntamos también el Le Febvre; pasó a De Febres y actualmente es Febles. El apellido corso Bonnelli, en nuestro país mutó a Bonnelly. El francés Espailhac cambió a Espaillat y el norteamericano Copeland se transformó a Coplín. El Despradel fue Des Pradel, el Martí fue Marty y el Monción del héroe restaurador viene de Montion. Aún cuando el Meléndez es un apellido muy castizo, también el Melendre pasó a ser Meléndez.
Así, Roxas cambió a Rojas, Ximinián a Jiminián, Jolguin a Holguín, Xaquez a Jáquez, Soares a Suárez, Vincent a Benzán, Bazile a Bazil, Vraiment a Bremont, Bonneau a Bonó, Sauvignon a Saviñón, Montaigne a Montaño, Fournier a Furniel, Gratereaux a Grateró, Evertsz a Evertz, Duperon a Luperón, Gautreaux a Gautreau, Cubilet a Cubilete, Doumer a Dumé, Mollet a Nouyer, Chauquier a Zoquier, D’Obernay a Dubernay y Bissoneau a Bisonó.
También tenemos a Espínola que viene de Espíndola, Castaño de Cataño, Esquea de Esqueda, Vélez de Belles y Mañaná de Magnenat, Nanita de Nannette, Marcelino de Marcelin, Lebrón de Lebrun, Dotel de D’Hotel, Coiscou de Coicou, Madet de Maudet, Vidal de Vidaal, Maríñez de De Las Mariñas, Mejía de Mejías, Santana de Santa Ana, Pujol de Poujol, Jiménez de Ximenes, Inoa de Hinoa y Vargas de Bargas.
Un caso de cambio en la grafía para facilitar la pronunciación lo constituye el apellido alemán Knipping y su mutación a Kiniping, así como el Schoewerer a Severé, o los franceses Saint-Quintin por Sanquintín, Saint-Paul por Zampol y Saint-Hilaire por el Santiler.
Cabe señalar que no siempre la mutación ocurre en toda la descendencia de un apellido. En ocasiones sólo un ramal se afecta por el cambio. Es el caso del último ejemplo, en el que un ramal cambió a Santiler, mientras que los demás mantienen la grafía original de Saint-Hilaire.
APELLIDOS MUTANTES (2 de 2)
El más común de los cortes en los apellidos es la supresión de la preposición “De” que le antecede. Así tenemos que el alguna vez De Lara, pasó a ser sólo Lara. En esta categoría se encuentran los siguientes apellidos: Abreu, Acevedo, Alba, Alemán, Almeida, Amézquita, Andújar, Aponte, Arias, Arredondo, Ávila, Aybar, Boyrie, Brea, Brito, Castellanos, Contreras, Franco, Frias, Guzmán, Heredia, Herrera, Peña, Lora, Luna, Marchena, Mena, Mueses, Quesada, Rojas, Sagredo, Soto, Tapia, Vargas, entre muchos otros.
Encontramos también el caso de un apellido que sufre un cambio por un período de tiempo, en el que se usan tanto la versión original como el apellido modificado, para luego prevalecer una de ellas. Es el caso del apellido Orve o del Orve; por un largo tiempo se usó este y su mutación del Orbe. En la actualidad sólo se usa esta última versión. Casos similares a éste son el Pueyo y Puello, Coello y Cuello, así como el Aibar y Aybar.
En la categoría de los cortes tenemos Goicovich, que pasó a Goico, Aubrí a Ubrí y Ahued a Hued. Un caso singular es el De Almonte, el cual en una vertiente se acortó a Almonte y en otra pasó a Delmonte.
Otra mutación que ha ocurrido es la pérdida del acento agudo en el apellido, como es el caso de Victoriá que se convirtió en Victoria, Juliá en Julia, Vilá en Vila y Brunó en Bruno.
Algunos apellidos por su similitud crean confusión al escribiente del acta de nacimiento y por ende dudas al investigador genealógico. Entre estos encontramos el Tavárez, Tavares, Tabares, Taveras y Tavera. Igualmente tenemos Tejada, Tejeda y Tejera. Todos son válidos. También tenemos el caso contrario. Encontramos el Cote, Cotes, Coste y Costes. Todos son el mismo apellido.
Aún cuando ambos apellidos son correctos y diferentes, una familia de Santiago apellidada Jiménez lo mutó por Jimenes.
El apellido de origen libanés Khoury, también se presenta como Khourie, Khouri, Khury, Koury y Cury.
Inmigrantes portugueses también han llegado a República Dominicana al través de los siglos. Esto se ha realizado directamente o vía España. Sus apellidos se “castellanizaron” antes o durante el viaje. Tal es el caso de Alvares que cambió a Alvarez, Melho a Melo y Gonzales a González.
En la categoría de las uniones de apellidos, una de las más antiguas es la de los veganos García-Godoy; le siguen los capitaleños Pérez-Siragusa, mientras que otra más reciente es la de los seybanos Beras-Goico.
Otras fusiones de apellidos son López-Penha, Marión-Landais, Mejía-Ricart, López-Villanueva, Prats-Ramírez, Gómez-Patiño, López-Gil y García-Mella, entre más.
Un caso singular lo constituyen los hijos de Agustín Franco de Medina y María Merced Bidó, Román Santiago y Juan Luis Franco Bidó, nacidos muy a principios del siglo XIX en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Las siguientes tres generaciones mantuvieron preferentemente el Franco Bidó como un solo apellido. A partir de la cuarta generación se desvaneció esta práctica y hoy no existe el apellido Franco Bidó. Algo similar ocurrió en Santo Domingo con los Fernández de Castro.
¿Tendrán nuestros tatara-tatara nietos los mismos apellidos que estamos usando hoy en los albores del siglo XXI?
Fuentes Bibliográficas:
Moya Pons, Frank: Apellidos Haitianos (y Franceses) en Santo Domingo, Revista Rumbo, Año V, №260, 25 de enero 1999
Muñoz Molina, Teodosio: El Enigma de los Nombres y Apellidos, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Lidiun, 1996

