Insecurity
Club Paraguay. Sonaba With the New crowd. Yo bailaba y él, un poco pasado de copas, me miraba mientras tomaba una Corona del pico, justo al lado del DJ. "Qué buen tema" pensé mientras veía que se iba acercando a paso lento pero seguro. De un segundo para el otro, lo tenía a mi lado, podía sentir su respiración y sus pestañas sobre mí. De su boca, salió un "hola" torpe, mostrando la sonrisa más linda y sincera que había visto hasta entonces, pero que a la vez hizo que me sintiera muy insegura y nerviosa. Fingiendo que no me importaba, seguí en la mía. Fue todo tan rápido que no recuerdo cómo fue que acabamos bailando juntos una de mis canciones favoritas, What a pleassure. Yo miraba cómo se movía, prestaba demasiada atención a cada uno de sus movimientos, me gustaba tanto verlo frente a mí que mientras simulaba que no me interesaba nada de lo que estaba pasando, imploraba hacia mis adentros que ese instante no acabara nunca. Cuando me miraba a los ojos sentía que podía tocar las nubes con las yemas de mis dedos, y cuando me rozaba me hacía experimentar una de las sensaciones más linda que se puede tener en esta vida. Era tarde, la gente empezaba a irse a casa o quizás a un after intentando escaparse de la realidad y de los problemas, pidiendo que la noche no acabara y al otro día por la mañana volver cada uno a su rutina. Pero a nosotros parecía no importarnos, o por lo menos a mí. Seguimos bailando y sonriendonos tímidamente. Se acercó y tomó mi rostro entre sus manos a la vez que yo, sin motivos, temblaba del miedo o de los nervios, vaya a saber uno por qué. Trató de besarme pero (pero, esa palabra de mierda que no nos deja ser felices, te quiero PERO como amigos, pero, pero y más peros) lo alejé. Tan pronto como tomé sus codos con mis manos para apartarlo de mí, vino a mi cabeza un exceso de pensamientos horribles que no me dejaban ver lo que en realidad estaba sucediendo. Por qué lo hizo. Por qué a mí si en ese lugar y en ese momento abundaban mujeres más bellas y, seguramente, más interesantes que yo. Puse la excusa de que no estaba sobrio y que al otro día sin dudas se arrepentiría de lo que había hecho esa noche. Me miró un poco confundido y se dirigió a la barra, pidió otra cerveza, agarró su campera azul, esa que me gusta tanto y salió del lugar. Yo permanecí en la misma posición, arrepintiéndome de todo lo que había hecho y dicho, quería dejar de pensar y salir a fumar un cigarrillo con mis amigas y olvidarme (aunque sea por un rato) todo lo que había pasado.