☆
Salió a caminar entre el trigo que llegaba hasta sus rodillas, mientras reflexionaba sobre la decisión tan difícil que debería tomar algunas horas después. Caminaba muy lento con sus pies descalzos rozando los granos y las palmas de sus manos tocando suavemente las puntas de las espigas. En tanto caminaba, ángeles y demonios susurraban en sus oídos el camino que debía tomar, pero todavía no había decidido qué hacer con su vida. El sol de las doce del mediodía acariciaba sutil sus mejillas y las ponía un poco coloradas y el viento hacía que sus largos rizos amarillos danzaran en el aire. Sin darse cuenta se dejó arrastrar varios metros lejos de la casa de su padre, entonces resolvió quedarse unos minutos en donde estaba y se recostó y siguió meditando sobre eso que le quitaba tantas horas de sueño. Cerró sus ojos color miel durante un instante hasta que el gorjeo de los pájaros la despertó. Habían pasado algunas horas desde que estaba allí, entonces corrió a donde su padre, quien la esperaba un poco preocupado y exigía una respuesta que ella aún no tenía.