¿Se nos dañaron los sentimientos?

Hace unos días, hablando de varias cosas con una de mis amigas, le escuché decir una frase que me dejó pensativa. “Es que los hombres le dañan a uno los sentimientos…”, fue lo que dijo y me causó tanto impacto que duré días reflexionando sobre el significado y el impacto que un pensamiento así podría tener.

Entonces hice flashback intentando hallar en mi vida esos momentos en los que los hombres “me han dañado los sentimientos” y para mi tristeza los encontré. Digo que me generó tristeza porque al tiempo me di cuenta que esos hombres han sido los que he amado. Entonces, indagué más sobre el tema preguntando a mis amigas y el resultado era el mismo, los hombres que a ellas les habían dañado los sentimientos eran los que habían amado.

Pensé entonces que era algo obvio. Pero seguí afectada pues no podía dejar de pensar en lo triste de esa desesperanza generalizada ya que todas concluimos que no volvimos a ser las mismas porque sí, “se nos habían dañado los sentimientos”

¿Cómo el post-amor nos pudo cambiar tanto y desterrar de nosotras cualidades tan bonitas como la inocencia y la ingenuidad? ¿No se trata de empezar de nuevo, intentándolo todo otra vez? ¿Por qué fuimos obligadas a cambiar si había funcionado tan bien? ¿Cuánto nos va a costar ir perdiendo tanto cada vez que entregamos amor? ¿Vale la pena seguir “dañando nuestros sentimientos”?

Para explicarme mejor, vamos a los ejemplos. Mi amiga que sentenció esas palabras, quien es mucho más experimentada en el amor que yo, dijo eso porque después de haber terminado con el que ella considera el amor de su vida, dejó de creer que se puede volver a amar con la misma intensidad y entonces se debe aceptar pasar la vida junto a la persona que ofrece una buena compañía y que “es la mejor opción”, dejando en un segundo plano si hay un gran amor o no.

Siempre me ha parecido una mirada bastante conformista pero la entiendo, ella no volvería a exponerse a tanta tristeza de nuevo y pienso que perfectamente yo también podría caer en lo mismo. Lo que ella perdió fue esa esperanza de encontrar el amor y ahora es una mujer que sacrificó ese ideal por ser más pragmática y llevar su vida de la forma más tranquila.

Otra de mis amigas también tuvo una relación importante y le pasaron mil cosas dolorosas. Después de terminar con quien había sido el amor de su vida, ella concuerda que se le dañaron los sentimientos: se volvió incrédula en el amor, no le es fácil entregarse y arriesgarse para empezar algo de nuevo, lo que le ha impedido volver a sostener una relación y en adelante, para arriesgarse a amar, esa persona debe “impresionarla infinitamente”, tal como ella lo dice.

Finalmente le pregunté a mi amiga más optimista, esa que siempre tiene algo lindo que decir y sorprendentemente ella también está de acuerdo. Con ella es lo mismo que con las anteriores, después de haber terminado con quien fue su amor durante muchos años cambió su percepción con respecto a los hombres.

Ahora es indiferente, es más selectiva porque piensa que de lo contrario abusarían de ella y en cuanto a perspectivas de amor, tiene claro que lo que dio no lo va a volver a dar; quien llegue a su vida tendrá que conformarse con una parte de ese amor que no volverá a ser.

En mi caso, también perdí varias cosas bonitas después de que un hombre me rompió el corazón. Ahora, pienso que efectivamente -todos los hombres son iguales-: fallan, son débiles, convenientes, egoístas, demasiado instintivos. Siento un poco como cada una de mis amigas, por ejemplo, que es difícil volver a amar de esa forma tan pura y grande como la primera vez y que al final hay que conformarse con lo que la vida va dando; la incredulidad debe reinar en la cabeza y el corazón y que la indiferencia es la mejor estrategia pues hombres hay muchos y todos son iguales.


Sin embargo, lo he pensado y no pierdo la esperanza. Quiero decirle a mis amigas que si nos pasaron esas cosas fue para crecer y porque seguramente la vida nos tiene preparadas historias mucho mejores. No puedo asegurar cuándo llegarán pero sí que las tendremos.

A mi amiga pragmática quiero decirle que no se conforme, la vida es larga y espero que se vuelva a enamorar como loca. No se trata de encontrar una buena compañía, sino la mejor, de la que no te puedas separar, esa que ames porque sí y no porque también te ama… Sé que piensas en el futuro pero ¿por qué no pintarlo con los colores más felices?

A mi amiga exigente le aseguro que hay alguien en este mundo que la amará como loco, solo hay que recuperar un poco esa credulidad para que el espectro sea más amplio. Si te das más oportunidades, seguro encontrarás a esa persona que te “impresione infinitamente” y recuerda que eso se va descubriendo en el camino, es muy difícil hallarlo con la primera impresión.

A mi amiga la optimista, ¡no lo pierdas! Eres tan valiosa que duele saber que te volviste indiferente. Sé que en tu corazón aún está la esperanza de encontrar a ese príncipe azul pues me lo dijiste. No te cohíbas, esa persona (que está cerca, lo siento así) merece todo el amor y la generosidad que hay en ti.

Por mi parte, eso que perdí, como a todas nosotras, me ayudó a madurar y manejo las cosas de otra manera. Lo único que puedo asegurar por ahora es que trabajo cada día por salir de esa desesperanza que me entristece tanto y volver a creer en los amores para siempre, en los amores verdaderos y en los hombres valiosos.

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