Una mirada a las toxicomanías

Giovanna Mendieta
Feb 23, 2017 · 11 min read

Texto de Mayo, 2013.

«Las cosas de las que más se habla son las que menos existen.

La ebriedad, el goce, existen.»

A. Schnitzler, La ronde

Trainspotting (1996)

El término “toxicomanía” proviene del griego “toxicon, que significa “veneno”, y del latín “manía”, que se entiende como locura caracterizada por delirio y agitación. De este modo, etimológicamente, la toxicomanía sería una alteración mental que induce al individuo al consumo de un veneno. La Real Academia Española define el término de toxicomanía como un “hábito patológico de intoxicarse con sustancias que procuran sensaciones agradables o que suprimen el dolor”.

La OMS por su parte habla de un “estado de intoxicación periódica o crónica originada por el consumo repetido de una droga”. Entendiendo el concepto de droga como una sustancia que afecta de diversas maneras el Sistema Nervioso Central del cuerpo.

Sin embargo, la toxicomanía se coloca en un lugar casi abstracto a la hora de ser teorizada, ya que diferentes campos tratan de fijar una definición y descripción general del cuadro de la adicción, lo que es complicado, ya que este abarca factores biológicos, psicológicos y sociales. La toxicomanía concierne a diferentes áreas desde las que es estudiada, como la psicología, la sociología, la medicina, y la jurisprudencia, entre otras.

Históricamente, el concepto de las toxicomanías ha sido objeto de diferentes transformaciones. Desde el campo del psicoanálisis, algunos discípulos de Freud como Gross y Glover, habían abordado el tema con hipótesis originales que se apartaban de la concepción médica de la sustancia tóxica, pero estas quedaron en el olvido con el desarrollo de la psicofarmacología en 1950. Las propiedades químicas de las sustancias y sus efectos en el organismo vinieron a dar una racionalidad al concepto de adicción como una dependencia fisiológica duplicada por un dependencia psicológica, una fármaco-dependencia.

Desde el campo de la psicología, las adicciones se tratan desde diferentes enfoques como el psicoanálisis y el humanismo, pero en especial desde el modelo cognitivo-conductual. Este centra su tratamiento, entre otros elementos, en la modificación de la conducta inadaptada en la persona, junto con la estimulación de conductas positivas. Este trabajo puede combinar técnicas de otros paradigmas y suele trabajar áreas como técnicas de autocontrol, técnicas aversivas, prevención de recaídas, entre otros.

Históricamente, se sabe que el uso de drogas existe desde las civilizaciones antiguas. El uso del opio como paliativo del dolor se remonta al antiguo Egipto, y se sabe de los diferentes usos medicinales y ceremoniales de la Ahuayasca por parte de chamanes en Sudamérica. Sin embargo, no fue hasta la década de 1970 que empieza a esparcirse un discurso más elaborado de la droga como “flagelo social”.

Preparación para ritual de Yagé o Ayahuasca

Desde ese entonces hasta el presente, este tipo de discursos se han difundido periódicamente, y se sabe incluso del uso de la toxicomanía como entidad de soporte para la transmisión de otros mensajes ideológicos, morales o políticos por medio de los medios de comunicación y otras organizaciones interesadas.

Es de esta manera como la droga y el drogado tienen un lugar particular en el imaginario social, ya que la toxicomanía incluye el uso de sustancias licitas así como ilícitas, por lo que a aquellos sujetos que usen sustancias penadas por la ley se les conferirá un doble estatuto de enfermo y delincuente.

“Es justamente en el seno de esta asombrosa confusión entre los registros médicos y jurídicos donde se sitúa hoy lo que se llama «terapia de los toxicómanos» en instituciones especializadas. En la práctica, el juez puede poner a muchos toxicómanos frente a esta alternativa: detención o tratamiento medico-psicológico”.(Le Poulichet, p. 45)

En este escenario es como los sujetos con problemas de adicción vienen a ser investidos por diferentes saberes que les adjudican características de su situación y los rotulan en función de su condición fisiológica de adictos, excluyendo así al sujeto y dirigiéndose al efecto del fármaco en el organismo.

No se trata de anular el creciente saber de la fisiología de la adicción sobre los efectos negativos del uso de sustancias, ya que es claro que estos tienen efectos en el organismo, y muchas veces en la vida de las personas alrededor.

Se trata de reconocer la existencia de toxicomanías extremadamente variadas en sujetos que consumen la misma droga, lo que permite elucidar que más allá de la composición química de la droga, algo varía en relación al sujeto. Los saberes del médico y el adicto se centran alrededor del tóxico, de este modo se consagra la omnipotencia de la sustancia, y se ausenta el sujeto.

“Al menos sus discursos parecen organizarse en general en torno de una misma creencia: es la sustancia o son unos problemas psicotóxicos los que constituyen la toxicomanía. Consideramos igualmente que los toxicómanos (etiquetados o auto-etiquetados como tales) suelen recurrir a los terapeutas para reclamar dos tipos de intervenciones: el encierro o una forma de extracción.” (Le Poulichet, p.36)

Enter the Void (2009)

Desde el psicoanálisis, no hay una definición en sí de la toxicomanía, ya que la posición analítica no implica una descripción y clasificación de los síntomas que muestra el sujeto, sino que trata de un enfoque en relación al sujeto del inconsciente y sus implicancias en relación al Otro.

Es relevante mencionar el trabajo que expone Sylvie Le Poulichet en su libro Toxicomanías y Psicoanálisis. En este nos describe, entre otros conceptos, el análisis de J. Derrida sobre la ambigüedad y reversibilidad del pharmakon, ese otro nombre del tóxico en el Fedro de Platón.

Este pharmakon no puede ejercer efectos unívocos o ser reducido a una sustancia, y se presenta a su turno como un veneno que se vuelve contra sí mismo y se asimila a un remedio. Es de esta manera como el estereotipo de autodestrucción que se asume en la toxicomanía puede asemejarse más en realidad a un intento de automedicación o autoconservación del sujeto.

Más allá del concepto de toxicomanía, Le Poulichet habla de la operación del farmakon, con relación al acto que crea una toxicomanía, ya que en los adictos se pueden encontrar dos áreas en común, un primer momento de la acción de consumir, y la operación que busca el sujeto en ese consumo.

En algunos sujetos en estado de abstinencia de las drogas, parece exhibirse un “síndrome de la falta o miembro fantasma”, en el cual se percibe a la droga como una parte del cuerpo ausente que provoca dolor, un dolor difícil de puntuar, en el límite de los psíquico y lo somático. Este fenómeno tiene un carácter alucinatorio, pensando esto desde el concepto relacionado al acto psíquico que hace uso de las representaciones a causa de una pérdida, como una investidura alucinatoria del recuerdo de las primeras satisfacciones.

Candy (2006)

Los sujetos en abstinencia hablan de la droga como algo que falta para sentirse completos. El farmakon parece ser un tipo de protección en momentos frente a algo que se vive amenazador. Esto en relación al “repliegue narcisista” que produce la operación del farmakon. El estado de semivigilia que este produce, crea un tipo de retiro de investiduras del mundo exterior, a modo de una necesidad de “ligar” las excitaciones si lo pensamos desde Freud, signando un posible fracaso de “ligazón” más estructurante.

Algunos toxicomaníacos en abstinencia hablan del uso del insomnio para asemejar un estado de semivigilia que les hace recuperar sensaciones semejantes a las de la sustancia. Esto se presenta como un modo de narcosis para abolir la temporalidad, la intolerabilidad de la espera. Como si el farmakon introdujera una real inmediatez, una exclusión de la dimensión de ausencia, como si fuera un tipo de órgano que al ser restituido restableciera la ilusión de un narcicismo absoluto.

“Estos pacientes evocan de continuo la posibilidad borrar imágenes, pensamientos, acontecimientos o decires gracias a esta operación del farmakon que incluso parece encontrar su justificación más importante en ese beneficio. ¡Todo surgimiento de un corte o de una ruptura podría de tal modo resultar neutralizado, como si el farmakon protegiera un «narcicismo absoluto»!”(Le Poulichet, p.58)

Requiem for a dream (2000)

Es de relevancia mencionar el concepto de dolor en el trabajo de Freud con relación a esta característica de supresión del dolor del farmakon. Freud habla del dolor como un tipo de “hemorragia interna” con relación a un intento de ligar las excitaciones tras una “efracción”. El dolor narcisista sobreviene como una respuesta en un momento en que la ausencia del objeto no ha sido simbolizada, cuando se revela el agujero de la relación del sujeto con los objetos, en un tipo de “repliegue narcisista” como el mencionado. Freud menciona que el dolor puede experimentar un tipo de “cancelación tóxica” en relación a sus trabajos con la cocaína.

“Es que la operación del farmakon representa una cancelación tóxica del dolor y una restauración del objeto alucinatorio. Sobreviene entonces como en respuesta a una falta de elaboración del cuerpo, que evoca, según las diferentes toxicomanías, una perturbación del narcisismo o, como después lo veremos, una falta de elaboración del cuerpo pulsional, ligadas ambas directamente a una insuficiencia de la función simbólica.”(Le Poulichet, p.67)

Este circuito del tratamiento del dolor no pasa por un rodeo del Otro. Es un mecanismo esencialmente económico. Lo propio de la operación del farmakon sería producir un tipo de cancelación tóxica del dolor y establecer las condiciones de una percepción y satisfacción alucinatorias.

El farmakon mantiene un principio de reversibilidad , entre lo psíquico y lo orgánico, entre el mundo exterior y un adentro, y con relación a la forma de desaparición del sujeto. El farmakon está dotado de un poder de borradura que no obedece a la represión, si no a una supresión que se consuma en una dimensión alucinatoria. Entonces, si esta operación coloca al sujeto en una posición que lo anula su división, es importante recordar que no todos los sujetos lo hacen en las mismas condiciones o en los mismos momentos y por los mismos motivos.

Pulp Fiction (1994)

De esta manera la operación del farmakon aparece como un modo de borrar momentáneamente la división del sujeto, de narcotizar el deseo, la castración simbólica, el dolor y el conflicto de la existencia del sujeto dividido. Pero ¿qué de que se trata ese intolerable y cuál es la lógica de los montajes de la toxicomanía frente a este?

Encontramos a la suplencia y el suplemento, que no son mutuamente excluyentes, sin embargo uno de ellos suele ser de más relevancia en cada sujeto. Esto depende de si esta formación narcisista se inscribe en una problemática fálica o en relación a una amenaza de una ruina del Otro simbólico.

Por una lado tenemos a la suplencia, en donde las toxicomanías se ordenan en el registro de una suplencia narcisista en un intento de reunir y conservar un cuerpo amenazado de invasión. Esto es visible cuando lo incognito del cuerpo ya no es supuesto y el toxicomaníaco se siente como el relojero de su propio cuerpo, dando testimonio de una falta de recursos simbólicos en el sujeto. Las toxicomanías de suplencia no son exclusivas a una estructura, por lo que pueden precisamente tener una función de prestar algo de cuerpo a ciertos psicóticos.

“Cuando un ser se encuentra verdaderamente en posición de encarnar el objeto del goce del Otro, y ningún significante le permite desprenderse de ese abrazo con La Madre, este «tratamiento de la máquina» realizado por la operación del farmakon se presenta evidentemente como una tentativa ultima de mantenerse fuera del mundo. Se trata de una tentativa, irrisoria pero real, de producir un nuevo cuerpo, en la misma medida en que «un cuerpo» no se ha elaborado.” (Le Poulichet, p. 125)

En tanto el sujeto tiene dificultades de elaboración simbólica, por medio de la operación del farmakon se puede realizar un tratamiento real del cuerpo para limitar el goce. El cuerpo en tanto crea un “borde” limita al Otro, por lo que no es un síntoma en su relación al deseo del Otro, si no una respuesta ante un Otro primordial demasiado lleno.

Shame (2011)

En la adicción parece que el repliegue narcisista vendría a organizar en muchos casos una defensa frente a una dependencia mucho más radical, de sujetos que parecen haberse elaborado en una “masa de dos”. Desde los escritos de Freud sobre la adicción a la hipnosis, se habla así de que el verdadero tóxico no es la droga. Las adicciones se entienden frecuentemente como intentos de hacer un “cuerpo extraño” gracias a una operación autoerótica que realiza una autocronía.

“Esta curiosa identificación apuntaría entonces a la elaboración posible de un cuerpo circular: devenir constantemente lo que se incorpora, para que el yo tenga por fin la ilusión de cerrarse sobre sus propios bordes y de resistir a una apertura mortal.” (Le Poulichet, p. 139)

La otra lógica de la toxicomanía vendría en un modo de suplemento, de prótesis narcisista, que procuraría un tipo de suplemento en la relación imaginaria con el otro. El farmakon viene a posicionarse como un suplemento fálico que le ahorra un cuestionamiento sobre su propia existencia y falta, ante lo intolerable de la castración.

En la histeria las figuras de la insatisfacción, y las figuras de la imposibilidad en la obsesión vendrían a ser parte de eso que borra el suplemento, de manera que ofrecen la ilusión de control del sujeto, paliando una no adecuación. De igual manera, el farmakon puede presentarse como una suplencia ante un duelo no procesado, un mecanismo que organiza de cierta manera la respuesta ante las cuestiones de la falta y la pérdida.

Trainspotting (1996)

“Se trata en cierto modo de una detención del deseo en una narcosis que mantiene los términos de una indecibilidad, anestesiando el sufrimiento”. (Le Poulichet, p. 136)

Esto demuestra que la sustancia en sí misma no puede explicar un cuadro de adicción y se necesita explorar la función que le atribuya el sujeto a la sustancia. Más allá de crear un abordaje normativo de las adicciones en la clínica, la teoría de la operación del farmakon viene a llamar la atención sobre lo necesario en la clínica de las toxicomanías en relación a una interrogación que abra otro lugar del sujeto más allá de los estereotipos de la droga.

Es necesario ponerse en una posición en donde la preocupación no consista solamente en hacer desaparecer la fármaco- dependencia, aunque es claro que hay que tener en cuenta sus efectos en el cuerpo. Se trata de producir una transformación de la operación del farmakon a una de formación de síntoma. Buscar al sujeto, elaborando un nuevo motivo de consulta con relación a una fuente enigmática de sufrimiento del sujeto y no del toxicomaníaco, absteniéndose de confundir la droga con el tóxico.

Bibliografía

Kaufmann,P. (1996). Elementos para una Enciclopedia del Psicoanálisis.

Toxicomanías. Buenos Aires. Pairos Editorial.

Le Poulichet, S. (1996). Toxicomanías y Psicoanálisis. Las narcosis del deseo.

Buenos Aires. Amorrortu editores

Le Poulichet,S. (1996) La obra del tiempo en psicoanálisis. Buenos Aires.

Amorrortu editores.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade