“Despedida”
Estoy a poco tiempo de terminar este vórtice de terror, angustias y desamor. Es el final de mi vida escolar, es el carpetazo de 20 efímeros años llenos de tinta y papel, hojas que volaban de un lado a otro impregnadas de alegría y felicidad, así es 20 años de integrarme a un mundo ajeno al familiar, conocer los colores y reconocerlos en aquellos compañeros de generación.
Me es difícil asimilar que todo esto se va a terminar, no más profesores detrás de un escritorio, no más prefectos que te corrijan la conducta, ni llamados a los padres de familia. Adiós festivales y bailables, cero maquetas ni exposiciones eternas que aburrían a más de uno en la vieja escuela. Si algo es cierto, es que extrañaré las competencias egocentristas que se disputaban los grupitos de amigos, mismas que limitaban o multiplicaban el desempeño de un estudiante.
Durante 20 efímeros años aprendimos a valorar algo más que lo material, supimos el significado del verbo amar y sus diferentes variantes, amistad, pasión, dolor. Caímos cientos de veces pero nos levantamos un millón, las puertas se cerraban y a pesar de ello hubo quienes abrieron ventanas. Nos caímos en oscuros abismos, gritamos intentando pedir auxilio y muchas veces nadie escuchó; te sentiste derrotado con el cuerpo pesado y tu alma vagando, de pronto alguien atendió al llamado y te extendió su mano.
Sí, durante esos 20 efímeros años fuimos cómplices de los mejores días de nuestra vida, hiciste lo que debías y probaste lo que querías, crecimos juntos, pero en el camino se quedaron muchos. Algunos se nos adelantaron, al parecer su misión en esta vida había culminado, y es que gracias a estos 20 años llenos de tinta y papel es como mejor podremos mantenerlos aún presentes, sus recuerdos, su historia y su ser.
Aún puedo sentir el dolor de estómago por las risas en el salón, la humedad en mi cuerpo después de una reta de fútbol o basquetbol, el calor en mis orejas cuando pasé las peores vergüenzas, las lágrimas que corrían por mis mejillas y la rabia que hormigueaba todo mi cuerpo cuando me molestaban en la escuela, cuando mis padres se peleaban…ahm…extrañaré además la adrenalina cuando rompía las reglas y el sentimiento de culpa que llegaba minutos después, ahora que lo pienso, extrañaré hasta las actitudes mamonas de las secretarías escolares, a los de la cooperativa buena onda, al de las garnachas de la esquina o a la señora Doña pelos que vendía de todo. Aquella vez que me enfermé por comer todo eso, el día que me asaltaron y por ser un estudihambre sólo darles mis $20 de pasaje y la torta que me ponía mi madre.
Quedarán en mi memoria las imágenes de una generación que creció con el reggaeton “decente” y vivió para contarlo, con la generación que salió del oscuro abismo para remover piedras, repartir comida, dar abrigo y asilo, me quedo con la euforia de una familia cuando vio a su papá irse del país y esperarlo en la terminal de autobuses para su regreso 5 años después, con el suspiro de una madre al saber que su hija salió bien de la operación, con la sonrisa de los colegas al publicar por primera vez, con las extrañas poses del fotógrafo y sus increíbles tomas, me quedo con el brillo en sus ojos del cuasi-periodista al entrevistar a alguien reconocido y su euforia por haberlo visto en vivo. Los viajes a un pueblo mágico y sus cuerpos semi-desnudos, el olor a hierba mala, cebada y arenilla blanca.
Hoy el silencio me vuelve a estremecer, y ya que por primera vez tengo su atención puedo decir que si de algo estoy segura es que sus letras se harán parte de mi memoria y marcarán un gran legado en la historia. Deseo que los familiares y amigos sigan con nosotros para que sean actores y cómplices de una vida llena de gloria.
¡Donde quiera que se encuentren levanten sus copas y brindemos por la comunicación, el periodismo y toda nuestra generación!
