Santa ¿es muy tarde para pedirte regalos?.

Hace algunos días, mientras hablábamos de no recuerdo qué, mi mejor amigo me dijo “vos has de tener un blog” a lo que honestamente le respondí que sí. Me dejó pensando en esto que me gusta hacer y que las últimas veces que lo hice fue por despecho y por cursi y me dió cierta motivación saber que desde esa última vez hasta hoy, “no soy la misma”.

Escribir es algo que hago desde antes de mi menarquia y recordé que, a modo de gratitud e introspección casi todos los años escribía algo en vísperas de año nuevo así que, de repente me encontré ensimismada escribiendo en las notas del teléfono y seguidamente con la laptop en las piernas.

Por cosas que me suceden ahora a mis 25 abriles, a lo largo de este año y cosas que de hecho me pasaron hoy, empecé a meditar en lo que he sido, soy y quiero ser.

Hay quienes se enorgullecen de tener unos padres complacientes, pero yo encuentro mi alegría y satisfacción en que aún pudiendo, no dependo de lo que mis papás tienen o pueden darme sino más bien en lo que yo por mí misma puedo lograr tener y mejor aún, poder darles en lugar de pedirles. Realmente nunca he sido del tipo de persona que pide, es algo que encuentro difícil hacer y cuando alguien me ofrece suelo responder “así está bien, no gracias” (quizá hay algo con mi autoestima que me cuesta recibir pero esa es otra historia).

El asunto es que, dado que considero haberme portado bien este año y perdiendo un poco la pena de pedir, si Santa pudiera complacerme con algunos regalos fuera de tiempo… quiero:

Ser una mujer que no ataca a los demás y que tampoco vive a la defensiva, que no se deja pero que no por eso vive peleando. Quiero ser una mujer que se da su lugar, que respeta porque aprecia y valora que la respeten.

Quiero ser una mujer digna de lo mejor. Cuando era niña las mamás de mis amigas siempre hacían comentarios bonitos a mí y a mis papás por mi forma de ser, de hecho, muchas veces era yo quien pedía permiso por ellas para poder salir porque las mamás confiaban en mí. Yo sólo le pedía a Dios ser siempre digna merecedora del buen concepto que la gente tenía de mí y de todas la cosas buenas que tenía o me pasaban. Como humanos siempre juzgamos y decimos “merecido se lo tiene” cuando a alguien le va mal por obrar mal, yo quiero entonces que digan “merecido se lo tiene” cuando me vaya bien por obrar bien.

Desde siempre me han calculado menos años de los que tengo, pero lo más gracioso que me han dicho es que “me veo jovencita porque así se ven las niñas decentes”, me causó mucha gracia pero también me hizo pensar en ¿qué es la decencia? en mi concepto solo pienso que no quiero ser ni hacer algo que me avergüence como mujer ni como persona.

Quiero ser una mujer que no anda diciendo todo lo que hace pero que sí hace todo lo que dice que va a hacer. Quiero decir lo que siento de la forma más noble, sincera y respetuosa que pueda porque de la abundancia del corazón habla la boca y no quiero en mi vida, volver a decir cosas feas sin conciencia de lo que implican.

No quiero ir por la vida dándome golpes, pero tampoco quiero vivir tapándome el rostro con un escudo inútil y privador de experiencias, porque buenas o malas al final son experiencias y enseñan, así que pido un poquito más de valentía.

Poco a poco voy dejándome querer y cada vez ansío más y me esfuerzo más por dejar mis miedos a ser burlada o lastimada, no puedo controlar a nadie y cada quien es dueño de sus actos. Amo cada vez más cada una de las cosas que he vivido y con el paso del tiempo voy descubriendo porqué y para qué pasaron y mi corazón se llena de emoción y gratitud por poder de vez en cuando, aplicar las lecciones aprendidas y evitar repetir errores.

Una vez alguien me dijo “si yo la cago, yo me lo pierdo; si tú la cagás, tú te lo perdés”, entiendo pues que es inútil y dañino vivir pensando en el momento en que alguien me falle, si me fallan es simple, pierden la oportunidad de estar conmigo porque sin llevármelas de badass, sé lo especial y única que puedo ser, y reconociendo que no estoy exenta de “cagarla” también sé que mis errores tendrán consecuencias y tarde o temprano la vida, karma, Dios, Ley de Siembra y Cosecha o lo que sea… me hará pagar. Quiero entonces hacer bien y ocuparme en mí y mis acciones y no en lo que hagan los demás pues cada quien es responsable de sus decisiones. Quiero perder el miedo a amar y ser amada y vivir más libre y menos preocupada.

Le pido a Santa que por favor me permita aprender de otros, que cuando vea cosas que no me gusten pueda recordar esas lecciones para no cometer los mismos errores.

Quiero vivir sin rencores ni envidias y alegrarme auténticamente porque a los demás les va bien, sin importar si “los demás” son mis “enemigos”. Quiero que me asquee el desear mal.

Quiero que mi corazón se libere de cualquier falta de sentido y se llene de bondad y madurez, quiero poder dar y compartir así como a mí me han dado y compartido desinteresadamente y a manos llenas.

Siempre me tachan de seria… porque sí, lo he sido y aunque no me importaba en lo más mínimo, hoy entiendo que el interior se refleja en el exterior, así que quiero poder exteriorizar a plenitud todo lo bonito que sienta porque aunque una parte de mí siempre ha sido reservada o “nonchalant” otra parte ha sido así adrede.

Quiero ser muy inteligente emocionalmente y tener control sobre mis bajos instintos, aunque también quiero de vez en cuando, perder el control cuando se trate de emociones bonitas y sanas.

Quiero disfrutar y aprovechar mejor cada cosa y cada tiempo, cada situación por más efímera o duradera que sea.

Mi mamá siempre me ha dicho que hay que ser diferentes y que así como alguien malo te puede influir, uno también puede influir de forma positiva en los demás; así que pido eso, ser una mujer inspiradora, ser un buen ejemplo.

Quiero que cuando vuelva a escribir pueda descubrir que soy mejor persona y mejor mujer que hoy y que al finalizar el siguiente año aún si Santa no me concede todo esto, haya podido por mis propios medios conseguirlo, porque todo es perfectible y aunque mi autoestima sea baja para pedir, es alta para saberme capaz de lograr lo que quiero.

P.D. Santa: No te de doy leche ni galletas, pero si me das esos regalos, te haré pasta al pesto y te serviré un vinito :).

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