Volar, soñar y desear

He tenido la suerte de poder volar desde muy niña. Mi primer viaje fue con cuatro años en avión, de Madrid a Milán. Mi padre e incluso yo –nacida en Madrid- éramos italianos y ya tenía pasaporte desde mi nacimiento. En esa época las fronteras de la Comunidad Europea -como en el 64 se llamaba- no eran fáciles como ahora. Los españoles somos de nuestra Comunidad o actual Unión Europea sólo desde hace 30 años. Las fronteras no eran ni mucho menos como ahora, a veces, pasar una aduana podía suponer perder una botella de coñac Terry que llevábamos para nuestra familia milanesa. España estaba muy aislada, por el régimen de Franco, y yo era italiana porque, en aquella época, cuando una española se casaba con un italiano perdía su nacionalidad en el momento de decir “si, quiero”. Por supuesto en matrimonio eclesiástico.

Creo que en ese viaje fui un auténtico trasto, “un rabo de lagartija”… me llamaban “Giulietta sprint” por un coche de Alfa Romeo que se promocionaba como “más rápido que el pensamiento”… Llegué a juntar las manos de un pasajero con las de mi padre (ambos sentados a la misma altura en el pasillo) e intenté columpiarme. También entré de una carrera por el pasillo en la cabina del piloto y tripulación –que sólo estaban separados del pasaje por cortinillas- para hablar con ellos.

Mi segundo gran vuelo fue con 14 años, en Cuatro Vientos, Madrid. Todo 1975 fue “año internacional de la mujer”. Mi hermana era una de las 2 únicas mujeres piloto comercial que había en España y era mi heroína. Estaban Bettina, en Aviaco, pero que no le dejaban volar mucho, y mi hermana, que había hecho quinientas horas de vuelo –eso es mucho- primero en España y luego en Ecuador, tanto en Quito como en Guayaquil. Con 20 y 21 años fue ayudante de instrucción en ese aeródromo civil madrileño.

Mi hermana, además, tenía una moto “lobito”, era paracaidista, y, sobre todo, era –y sigue siendo- un encanto….

Salió en muchos periódicos en 1975, Hola, ABC y más… porque además era, como decían, “un pibón” . Para mí lo sigue siendo…

Allí aprendí que muchos periodistas se inventaban datos para “mejorar el titular” , tanto sobre la vida de mi hermana como de las clases que daba. Como la que impartía al alumno de mayor edad que aspiraba a ello, con más de 60 años… También estaba haciendo el curso de piloto civil en ese tiempo Ángel Nieto, a quién conocí un día que no se podía volar porque llovía a cántaros y yo me sentí súper importante…

Desde aquello cuando despego en una avioneta me siento muy feliz y eso que es la maniobra más peligrosa, no la de aterrizar como mucha gente cree.

Mi marido y yo tenemos un avión ultraligero (es más barato que muchos coches, para el que se anime) y volamos donde el tiempo libre nos deja. El Aeropuerto de Córdoba abre a las 8 y cierra a las 15 h. por lo que o se sale de fin de semana o el vuelo tiene que ser por Andalucía, con aterrizaje o no en aeródromos o piestas de tierra, y vuelta al mediodía. Algo que a muchos nos encantaría que cambiase AENA porque hasta hace dos años el aeropuerto cerraba al ocaso… . Ahí queda dicho…

También he sido submarinista y eso ES VOLAR… tener a tus amig@s a 20 o más metros de profundidad y planear entre burbujas (parecidas a medusas ascendentes plateadas) hasta ellos, es lo más parecido que un ser humano puede hacer para volar….

Y de las experiencias más alucinantes de mi vida fue subir a un ultraligero/ helicóptero de un italiano, hace más de una década, en la vuelta a España en Ultraligeros, que aterrizó en Córdoba.

Era mecánico de las carreras de Fórmula 1, creo, y había construido su –no sé si autogiro o helicóptero- con una moto de las grandes.

La noche anterior había visto –recién estrenada- la película de Star Wars, creo que “la rebelión de los drones”, que se subían en una especie de motos y volaban….recuerdo que deseé fervientemente poder hacer eso… el deseo se cumplió –como redactora de TVE- al día siguiente. Era la oportunidad de mi vida, de paquete y con unos cascos por los que me comunicaba en italiano con el piloto.

Subimos altísimo, al aire libre y –con los cascos- no se oían y no se veían ni la hélice de arriba ni, por supuesto, la trasera. Luego bajamos en picado al Guadalquivir persiguiendo aves… En la noticia se veía mi cara de plena y auténtica felicidad.

Así que ya sabéis la frase “hay que tener mucho cuidado con lo que se desea, porque se suele cumplir”. Yo deseo desear cosas así porque también se dice que “todo lo que se sueña es realizable”.

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