3112017

Ayer hicimos una pequeña hoguera con pequeños papeles de colores donde escribimos grandes hazañas que no nos gustaría volver a vivir. Recuerdo el ansia con la que escribo mis siete experiencias. Alguno ni siquiera rompe el papel en trozos, apuntando una lista de la compra bastante contundente del tirón. Bajamos corriendo las escaleras y salimos a la calle con el tiempo justo. Alguien indica que es el momento de quemarlas y sin dudarlo arrojamos a la acera cada papel. Encendemos el fuego emocionados y nos reímos de nosotros mismos. Lo quemamos todo. Por un momento, mientras se va apagando el fuego, creemos que de verdad existe la posibilidad de que esto se cumpla. Nos miramos con ojos cómplices, divertidos porque acabamos de decidir que esto es ahora mismo tan real como efímero y naíf puede parecerle a cualquiera que pase en ese momento por la calle del barrio. Hemos decidido por unos minutos creer en algo todos a la vez. Apagadlo bien, reclama alguien del grupo. Pisoteamos los restos antes de salir corriendo calle abajo.