La peor vendedora del mundo

Era mi primer semestre de carrera y decidí buscar un trabajo que tuviera la flexibilidad que se acomodara a mis horarios de clase (de preferencia los fines de semana).

Una amiga me compartió que había trabajado como vendedora de ropa en el Palacio de Hierro (una tienda departamental que acababa de llegar a Monterrey de la Ciudad de México, en aquél entonces), que las comisiones eran buenas y que había turno los fines de semana; así que un día saliendo de clases fui a pedir informes al departamento de recursos humanos. Fui aceptada de inmediato y al siguiente fin de semana estaba lista para empezar la semana de entrenamiento.

El teclado no tenía Ñ, por si andaban con el pendiente.

El entrenamiento fue increíble, te enseñan desde tendencias de moda hasta qué hacer en casos de emergencia (como saber si una tarjeta es robada, etc), tienen un montón de prestaciones extras a las de la ley, muy agradable. Todo iba genial hasta que llegaron a la parte que todos los que trabajan en departamento de ventas conocen como las famosas “metas de venta por mes”, así es, iba a estar a prueba por tres meses donde evaluarían (entre otras cosas) que vendiera un mínimo por quincena. Para los que me conocen saben que no soy fan de los sistemas métricos, pero como todo lo demás me pareció super interesante, accedí.

Según mis resultados psicométricos, RH pensó que podría ser buena vendedora de zapatos, por alguna razón al principio no me emocionó mucho el departamento que me había tocado, pero al paso de las semanas fui aprendiendo muchísimo más (ahora soy más paciente cuando voy a la zapatería, no saben lo que es ir a la bodega a buscar si hay tal zapato en tal color con tal florecita de tal talla en menos de 2 minutos y volver a subir a buscar otro medio número más grande, o más chico o en otro color). Eramos 6 vendedoras, sólo había una chica estudiante de La UNI igual que yo, y las demás eran señoras mayores de 35 años que tenían que llevar “la papa” a la mesa todos los días, algunas incluso, madres solteras.

Se me hacía muy interesante como la forma de hacer venta de cada una era muy diferente, pero en lo que todas coincidían era que apenas llegaban se metían al sistema a ver cuánto dinero llevaban vendido y lo comparaban con la quincena, semana o mes anterior. “¿Cúanto llevas tu Gloria?” “La verdad, no sé, no quiero preocuparme por eso” “Si, ¡Qué fácil! tu tienes la vida resuelta, eres una niña bien, tu papá te paga todo, vas a la universidad y esto que ganas aqui es para tus chicles nada más, EN CAMBIO uno que tiene familia, escuelas, niños, servicios….” y así seguía la lista de queja interminable donde derrepente el gobierno, dark vader y los marcianos también hacían su aparición. Y sí, tenía razón en algo, yo me pago “mis chicles” desde que era niña, no me avergüenza, por el contrario es algo que me llena de orgullo y me motiva a seguir adelante.

Esa chica era la que tenía las ventas más altas, nadie sabíamos cómo le hacía pero apenas entraba una clienta al departamento les “encasquetaba/vendía” compras mayores a 3mil pesos y si podía encasquetarles botas de más de 10mil pesos lo hacía, y más impresionante aún, se lo compraban. Ella atendía de 3–4 clientas al mismo tiempo, eso sí, siempre bien atendidas.

Cuando yo vendía… para empezar atendía entre 1–2 clientas, les preguntaba para que iba a ocupar los zapatos, les decía con qué se les podía ver padre, si las veía indecisas de comprarlos les traía otros modelos más económicos, si traían niños me ponía a contarles chistes, etc. Y en cuanto al tiempo, ni siquiera lo sentía; probablemente en lo que yo atendía unas 5–10 clientas por día, mi compañera había atendido a 30 más.

A dos semanas que terminara mi tiempo de “prueba” me metí al sistema, revisé por curiosidad y vi que mis ventas iban muy bajas en comparación con “la famosa métrica del mínimo a vender”, ¡Qué sentimiento taaaaan horrible de insatisfacción! Me sentía super miserable, peor que si hubiera reprobado una materia. Todo ese día atendí a las clientas con cara larga, me sentía LA PEOR VENDEDORA DEL MUNDO.

Llegué a mi casa muy muy decepcionada de mí misma, lloré un poco y mi mamá me preguntó que me pasaba “No creo que me contraten” “¿Por qué?” “Hoy vi mi métrica y no creo alcanzar la meta de aquí a fin de mes, creo que lo mejor será renunciar” En verdad me afectó mucho el sentirme tan miserable por una métrica, de hecho creó un conflicto interno terrible, ya que yo sentía paz porque sentía que hacía mi trabajo bien, pero el no ver resultados convertidos en dinero, en vez de motivarme a seguir echándole ganas, me causo un impacto negativo. “Tu sabes lo que haces, piénsalo bien y haz lo que creas mejor” me dijo mi mamá.

Así fue que un miércoles fui al departamento de RH a pedir mi renuncia, dentro de las causas dije cosas como que no se acomodaba a mi horario de la escuela, que ya el semestre iba muy cargado de trabajos, que no tenía tiempo para mi familia, etc… Mi ego era tan grande que ni siquiera podía decir lo que verdaderamente pasaba, me daba muchísima pena y me sentía miserable. Firmé algunos papeles y baje a piso para despedirme de mis compañeras.

Al ir caminando por el pasillo veo a mi jefa que venía en contrasentido “¿Qué haces aquí?” “Vengo de renunciar” “¿Cómo? ¿Por qué?” “Pues ya sabes la escuela….” “No te creo Gloria, a ti te encanta venir, ¿qué pasó? vamos a platicar” Ya con más confianza y sin sentir las miradas de “chisme chisme” de todas las chicas del departamento le platiqué la verdadera razón por la cual había decidido salirme. “¿Sabes a donde iba ahorita?” “No, ¿a dónde?” “Iba para recursos humanos a pedir que te dieran la planta” (Imagínense mi cara, por favor) “¡¿CÓMO?! No te acabo de decir que ninguna quincena he podido obtener el mínimo de ventas”

“Mira Gloria, te voy a explicar algo…

El Palacio de Hierro no es una tienda departamental más. Lo que verdaderamente vende El Palacio, no es ropa, ni zapatos, ni cosas… VENDE EXPERIENCIAS. De todas las vendedoras que tengo ¡TU ERES LA MEJOR VENDEDORA!

La manera en que tratas a las clientas es única, veo las caras de las clientas cuando llegan y cuando se van, y veo cómo te mueve servirlas, les recomiendas el calzado que necesitan, no el que te va a generar más comisión. Claro que queremos generar ventas, pero lo que más queremos como empresa es que las clientas QUIERAN REGRESAR a vivir LA EXPERIENCIA PALACIO. Qué lástima que te hayas salido sin antes poder platicarlo, porque serías un excelente elemento de trabajo para nuestro equipo, pero te deseo la mejor de las suertes y sé que a donde vayas vas a brillar mucho”.

Ahora es que entiendo porque no podía competir con mi compañera, nuestras metas eran muy diferentes: su meta era TENER dinero, mi meta era dar un servicio de ventas y crear abundancia. Esta experiencia expandió mi capacidad de entendimiento con respecto a las ventas, el dinero, la prosperidad y abundancia de forma abismal…