Propósito de año nuevo: Estar en una relación

Fue a finales del año 2014 que reinicié esa búsqueda que tenemos todos los seres humanos de no saber que es lo que buscas, pero sabes que debes buscarlo, algo así como intentar encontrar el final del arcoiris sin saber si hay uno, si tiene un final o si hay un tesoro cuando llegues ahí… sí, así de confuso era mi panorama, pero lo sentía fuertemente dentro de mí, debía hacerlo. Cuando tenía estos episodios, oraba, y Dios siempre me mostraba la siguiente cita bíblica (la cual me ha salido hasta el la sopa y los calzones desde que era una adolescente):

“Me llegó una palabra de Yavé : «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.» Yo exclamé: «Ay, Señor, Yavé, ¡cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!» Y Yavé me contestó: «No me digas que eres un muchacho. Irás adondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, porque estaré contigo para protegerte -palabra de Yavé.» Entonces Yavé extendió su mano y me tocó la boca, diciéndome: «En este momento pongo mis palabras en tu boca.En este día te encargo los pueblos y las naciones: Arrancarás y derribarás, perderás y destruirás, edificarás y plantarás.»” Jeremías 1, 4–10

En aquél entonces tenía 27 años y me encontraba en una etapa en la vida en que la mayoría de la gente a mi alrededor tenía pareja, hijos, perros o gatos que les hicieran compañía, ¿Y yo? Bueno, yo no tenía “ni perro que me ladrara” como decimos en México. Aunque dentro de mí yo tenía paz con esa etapa de mi vida, había algo “superficial” que me decía que esa búsqueda que yo sentía quizá tendría que ver con tener una pareja, un hijo o una mascota, por tanto mi propósito 2015 fue tener una relación, encontrar mi pertenencia. Confié y oré en FE ciegamente que así sucedería.

Toda mi vida en ese momento se había estancado emocionalmente, espiritualmente y físicamente, sentía que las personas, las conversaciones, las actitudes, los lugares que frecuentaba no me estaban llevando a “ese llamado”, estaba incómodamente sentada en mi zona de comfort. Es sumamente sencillo dejar ir algo o alguien que te hace daño, el verdadero acto heroico en la toma de decisión de un ser humano es dejar ir “eso” que no te hace daño, pero que tampoco te hace crecer, entregárselo a Dios sabiendo en FE que es momento de responsabilidades y retos más grandes, sin conocerlo tangiblemente. Como era fin de año, aproveche y puse a prueba a Dios por seis meses y le dije “¡Vato sorpréndeme!, si es real que tienes esta misión super chingona para mí, a ver como le haces para mostrarme que tengo que ir haciendo, aquí estoy, yo soy las manos tu dime que hago”.

Así fue que en el primer mes del año 2015 tuve mi primer revelación: un tierno baby shower con unas 15 mujeres hablando de fuentes reventadas, pañales diarreicos, de cuando no puedes ir al baño sola, que ya no duermes ni siquiera 5 horas seguidas, que es mejor la epidural (ahí aprendí que existía esa palabra y su significado), al mismo tiempo que otras hablaban de lo maravilloso que es la maternidad y cómo esto te cambia la vida. Al final de la fiesta, me quedé platicando con una amiga de mi misma edad (en ese entonces tenía 2 niños) y me dice “¿Sabes que pienso cada vez que te veo?, recuerdo que tu has dormido 3 años más que yo” y soltamos la carcajada las dos, a pesar de poder percibir su cuerpo cansado, también podía ver esa mirada de satisfacción que tienen todas las mamás del mundo al sentirse empoderadas después de haber “sobrevivido” un largo día más con los chicos. Hasta este momento de mi vida jamás había sido consciente de eso: el compromiso de lo que realmente implica tener a alguien más en tu vida con quien compartir/dividir tu tiempo, tu espacio, tu dinero e incluso TU COMIDA (algo MUY importante para mi jaja)

Jamás olvidaré cómo resonaron esas palabras en mi cabeza en mi trayecto a casa. Llegué, me recosté en mi cama, vi el techo, escuché y contemplé el sonido del SILENCIO por 5 minutos: no había conversaciones, niños interrumpiendo, un esposo que quisiera la cena, un perro queriendo salir a pasear, simplemente NADIE ni NADA, ahí aprendí que sólo éramos Dios y yo, ahí entendí que en esta etapa de MI vida ESA debía ser mi búsqueda y mi encuentro. Debo decir que a partir de ese momento disfruto y saboreo cada taza de té o café que tomo, cada ida al baño sin una manita debajo de la puerta y sobre todo cada noche poder dormir en silencio sin los ronquidos de un marido. No sé por cuanto tiempo pueda seguir disfrutando esto, pero este es mi presente y mi realidad y la abrazo, la amo y sé que cuando venga las siguientes etapas también abrazaré y amaré lo que venga con ella.

Durante los meses siguientes tuve que dejar ir personas que sigo queriendo mucho, pero que no iban ni a la velocidad ni por el mismo camino de arcoiris que yo intentaba encontrar. Dejarlo ir, me abrió a conocer increíbles nuevas personas, me reencontré con viejos amigos y empecé a respetar todos los estilos de vida, ideologías, creencias, pensamientos y conversaciones con las que me topaba, (así como esperaba el mismo respeto y trato) comencé a darme cuenta que absolutamente todos los seres humanos nos encontramos en esa búsqueda de la felicidad (de la que tanto se habla) y la forma más fácil de saber que ya la haz encontrado es cuando encuentras tu propósito de vida y lo llevas a cabo. Esto empezó a abrir muchísimas puertas en mi vida, muchas puertas de bendición que al haber cerrado las anteriores me di cuenta que estas eran más grandes, requerían de mayor tiempo, esfuerzo y responsabilidad, pero decidí entrar por ellas y seguir.

En aquél entonces, ya tenía un año y cachito con mi negocio, pero sentía que había estado en una especie de “sketch” de negocio y sentía que me encontraba sin ideas frescas y claras de lo que verdaderamente quería hacer.

Anteriormente se vivía en una era donde todo se trataba de competir y donde el más fuerte era quien más sabía en secreto, sobre todo en el ámbito gastronómico con las famosas “recetas familiares” que no se podían compartir con nadie ajeno a la familia. Actualmente vivimos en una era en que cada vez más y más gente colabora, apoya, anima, ayuda a otras personas a lograr sus propósitos de vida también y es una parte que para muchos latinos que vienen de esta vieja escuela es muy difícil de digerir. Pensar en esto me aclaró la mente y comencé a darme cuenta que parte de ese propósito de vida que tengo es el de empoderar a las mujeres y hombres a construir un mundo más equitativo para ambos, por tanto yo debía enseñar y educar a que aquellos que fueran empezando sus negocios a no arrancaran de cero, sino en 2 o 3 velocidad, aportando con mi experiencia en lo poco o mucho que yo supiera. Sin embargo, había algo dentro de mí que me decía que era incoherente que quisiera ayudar a tantas personas cuando ni siquiera yo misma podía ayudarme a mí misma.

Desde los 11 años padecí de una enfermedad llamada neurodermatitis atópica, tuve desfilando a todo tipo de doctores alópatas y alternos para que me ayudaran a sanar por completo esta enfermedad, todos me daban resultados temporales pero ninguno llegaba a la raíz. Era una enfermedad que me daba mucha comezón en varias partes del cuerpo, me rascaba, me salía sangre y cuando sanaba volvía a iniciar; por muy extraño que suene, durante todos esos años las emociones cuando lo hacían eran de placer y remordimiento al mismo tiempo, tenía una batalla mental las 24 horas del día, me sentía dentro de un círculo del cual no podía escapar (o eso pensaba). Después de tantos años ya me había acostumbrado a ella, mi piel se hizo tan gruesa que cada vez que me quemo con la plancha o cocinando no me doy cuenta cuando ni cómo sucedió, sino hasta que la llaga esta terminando de sanar jajaja.

Había estado en terapia con un excelente ser humano y médico, el Dr. Raúl, el cual me acompañó a ir superando mis casi 50 alergias que me habían diagnosticado, sin embargo yo sentía que no había llegado a la raíz del todo, había un gran obstáculo que no podía superar.

Entonces conocí a Ricardo, que más que un amigo, es como un hermano para mí. En aquella época padecía de depresiones silenciosas, nadie, absolutamente nadie sabía por lo que pasaba, de día hacía mi vida normal, pero de noche lloraba por horas sin ningún motivo específico. La promesa de hacía varios meses de encontrar ese arcoiris, cada vez la sentía más y más lejana. Una tarde empecé a sentir mucho enojo, sin razón alguna y me empecé a llenar de llagas en todo el cuerpo, lo único que me hacía sentir mejor era golpear las almohadas de la sala de mi casa, mi mamá salió asustada del cuarto y me preguntó que me pasaba y cómo podía ayudar, yo le grité que no sabía, que me dejara sola. Esa noche oré con mucho odio y le dije a Dios que ya estaba cansada, ya no podía más. Recordé aquella frase que dice que el momento más oscuro de la noche es justo antes que salga el sol. Le escribí a Ricardo y me dijo que él iba a un retiro en silencio que creía me podía ayudar, lo vi como una señal y accedí a ir.

Llegamos a unas cabañas a varias horas de aqui, donde finalmente descubrí la raíz: jamás en mi vida me había enojado, esta fue la primera vez en toda mi vida que me di el permiso de hacerlo, no sabía cómo, ya que en mi familia el enojo es considerado algo malo, pero fui descubriendo como hacerlo sin lastimarme ni herirme, había estado enojada con muchas personas desde mi infancia y fui perdonándolas a cada una de ellas y finalmente me perdoné a mi misma, sabiéndome primero perdonada por Dios; ahí aprendí que cada emoción en nuestras vidas tiene un propósito y que nuestro trabajo es descubrirnos en cada una de ellas. Mis alergias se dispararon como nunca antes en esos 5 días, mi piel era completamente dura, era tan dura que yo no podía gesticular, no podía estirarme, en la noche no podía dormir del dolor, pero sabía que debía pasar por eso, por esa última alergia para toda mi vida.

En el retiro tuve la oportunidad de platicar con Tony, un señor americano del staff, sobre mi historia; él me sonrió y me dijo “¡Wow!, si que has pasado por mucho, y sigues aquí, de pie, eres toda una guerrera” jamás lo había pensado así, pero sí era cierto, si seguía viva era por algo, mi historia debía ser contada ya que todos tenemos una batalla interior que cuando sacas la bandera blanca y pides tregua para hacer las paces contigo misma todo empieza a tener sentido.

Regresando a Monterrey mi mamá se asustó muchísimo al verme, me dijo que parecía me había atropellado un camión. Yo sentía tanta paz dentro de mí que sus palabras fueron vanas comparadas a la gran capacidad de amar y de sentirme amada por Dios que aprendí en esos días.

“Esta es la última alergia mami, no te preocupes” Ella no me creía, no entendía, todo era demasiado raro para ella.“Bueno mijita, ponte crema, échate algo, mira como traes la piel” Yo sólo sonreía y pensaba “Si supieras por todo lo que he pasado, esto no es nada, ya pasará”. Durante una semana no salí de mi casa, ya que mi condición era muy impactante (si se dan cuenta en la foto ni siquiera puedo gesticular bien, ya que casi no tenía flexibilidad en la piel, pero mi mirada es diferente, esta renovada, esa ventana del alma estaba rechinando de limpio). Sabía que era mi máscara que se convertía en mascarilla y que iba a ir cayendo poco a poco hasta revelar mi verdadero yo.

Así fueron pasando los días y las semanas y mi piel poco a poco fue abriéndose, secándose, sanándose, pero no al 100%, entonces empecé a consultar acupuntura y homeopatía y no sólo mi piel empezó a mejorar, sino también mis estados de ánimo, mis depresiones se fueron, empecé a ver la vida con más luz frente y dentro de mí y todo eso se empezó a reflejar la relación con mi padres, mis amigos, y sobre todo en mi negocio.

Empecé a facturar cantidades más fuertes, empecé a ir discerniendo los servicios y productos que iba a vender, nuevas puertas se empezaron a abrir, no sólo a nivel local sino también en proyección a otras ciudades y países y pudo tener mucho más sentido todo lo que hacía. Aprendí que el propósito de vida no gira en torno a mis necesidades e intereses, sino en mi aportación en servicio a los demás; di el curso Dare to Bake para mujeres que quisieran abrir un negocio y de ahí surgieron dos proyectos: Summer Dream y Frikiutopia, y comencé un programa piloto de dar clases de cocina con desayunos para amas de casa, así como cenas express para mujeres que trabajan, etc.

Hoy disfruto mi vida aquí y ahora, porque sé que es lo que siempre soñé: tener un negocio consolidado (ya estamos encaminados) antes de casarme y tener niños para poder tener una estabilidad económica para cuando lleguen independientemente de la situación financiera de quien será mi pareja. No tengo prisas, vivo el momento con todos sus retos, oportunidades y amor.

Así terminó el año 2015, con una mujer viva, de pie, en paz, segura, consciente, más sabia, más plena, más en comunión con Dios, pero sobre todo pude lograr mi propósito de año nuevo: LOGRAR TENER UNA RELACIÓN CONMIGO MISMA como no lo hacía desde hace 17 años. Sé que este 2016 vienen cosas muy buenas, mucho que aprender y mucho que enseñar, Dios me manda administrar nuevos horizontes y sé que así será porque finalmente ESTOY EN EL CAMINO DEL ARCOIRIS.

Yo siendo Yo.