Historia de manzanas, I

Carmen Sánchez

Lucas Cranach, Adan y Eva.

Para la civilización occidental, cuyas bases se asientan en la triple heredad griega, latina y mosaica, en el Génesis se ubica el inicio de la historia de la humanidad y del transcurrir del tiempo como escenario de dicha gesta colectiva que hasta hoy vivimos. La Biblia tiene al menos tres planos de lectura: la popular o textual, la erudita o exegética, y la cifrada o esotérica. La primera, que ahora me interesa destacar, se refiere simplemente a la trágica pérdida de la inocencia en el Paraíso, la consecuente remoción de un estado de inconsciencia idílica por parte de los transgresores y el protagonismo de la manzana, identificada desde entonces con el impulso sexual o la quimera del deseo… cualquiera que éste sea, de poseer algo, alguien.

Así es como la manzana ha acumulado carga simbólica desde, vale el lugar común, “tiempos inmemoriales”; un antiquísimo fruto silvestre y que también es de los primeros que fueron cultivados.

No voy poner en duda la belleza o el valor intrínseco del fruto pero ¿cuántos detractores habrá entre las filas de descreídos que piensan en cualquier otro, más apto, para encarnar el deseo? A su favor diré que, para una cultura del desierto, acostumbrada y en lucha con una naturaleza mezquina y feroz, el manzano, procedente de Oriente Medio, con su conocida abundancia era, ni más ni menos, un árbol digno del Paraíso y objeto de codicia para los casi salvajes hebreos antiguos.

Si parece brutal esta afirmación, sólo recuérdese que, para sosegarlos, su Dios se les presentaba como una zarza en llamas, mandaba pestes sobre sus enemigos, les daba la victoria en sangrientas batallas y ellos no dudaban en sacrificarle a un hijo ni disponer de sus esclavas (!tenían esclavas¡) para reproducirse con ellas. Caso de Ismael, hijo bastardo de Abraham, que engendró con Agar antes de embarazar, a guisa de milagro, a Sara, su anciana esposa, y madre de Isaac. Lo natural fue echar a la sirvienta y al muchacho al desierto -¿por qué no?- Pues porque Ismael daría origen del Islam, podríamos objetarse al patriarca. Viéndolo así ¿qué remedio para una disputa ancestral? Houston: revolvamos un poco la antigüedad para poner alguna luz en el presente.

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