El Banco Ciudad por la recesión

En Lambda Sistemas, empresa que fundamos en 2006 junto con Milena Armada, debemos ser un caso raro.

Para empezar, en enero superamos los primeros diez años de vida, algo que menos del 10% de las PYMEs logran en la Argentina.

Además nos está yendo bien y no tenemos problemas en decirlo: en 2015 cerramos por primera vez con ganancias significativas y en este 2016, a pesar de la crisis y los aumentos de tarifas, venimos sosteniendo esos buenos números. Los motivos son varios:

  • luego de años finalmente accedimos a beneficios impositivos para empresas de software,
  • nuestro producto RadioCut que venimos desarrollando desde 2013, está creciendo fuertemente y empezando a generar ingresos.
  • por su parte Fierro, el producto que dio origen a la empresa, se mantiene con un crecimiento estable, sumando nuevos clientes y manteniendo a los de siempre. Consolidamos un equipo eficiente y estable y aprendimos de nuestros errores.

Para finalizar nuestra rareza, tenemos la decisión de orientar esas ganancias y ese buen pasar (aún en este panorama negro de la economía) en seguir desarrollando y ampliando nuestros productos y nuestro equipo, nuestros dos principales activos.

La principal traba a nuestro crecimiento es física, estamos trabajando 13 personas en 45 mts2, muy incómodos y ya no entra nadie más. Además, queremos dejar de alquilar, comprar a crédito un inmueble donde podamos crecer y además capitalizar la empresa que en 10 años solo acumuló entre sus bienes tangibles algunas computadoras y un auto modelo 2008.

Así es que hace un año empezamos a buscar propiedades en el Distrito Tecnológico de Parque Patricios, porque nos gusta la zona y para poder acceder a créditos a tasa preferencial que otorga el Banco Ciudad. Luego de esquivar a los desarrolladores inmobiliarios, que coparon las mejores cuadras del distrito y las venden a precio de Palermo, encontramos algunas propiedades más alejadas a precios razonables y que parecían accesibles para nuestro presupuesto.

A mediados del año pasado iniciamos las primeras averiguaciones para sacar el crédito en el Banco Ciudad.

El 7 de abril de 2016, luego del cierre de balance 2015, de completar numerosos formularios, finalmente armamos la carpeta y la presentamos al ejecutivo de cuentas asignado que la elevaría al área de riesgos y en 15 días nos dirían si nos prestaban el monto solicitado o un importe menor. Pasados 21 días y luego de numerosas llamadas, nos enteramos que el anterior ejecutivo de cuentas había sido transferido a otra área y que nuestra carpeta nunca había salido hacia riesgos.

Luego de introducir nuestra empresa al nuevo ejecutivo de cuentas, de actualizar algunos datos y cumplir algunos nuevos requisitos, una semana después nuestra carpeta finalmente fue elevada a riesgos. Pasadas tres semanas (¿el área de riesgos tendrá mucho trabajo estos días?) nos informaron el dictamen del área de riesgos que directamente era negativo, que no nos podían dar el crédito.

En una acalorada discusión argumentamos que el banco no podía rechazarnos de plano el crédito, que a lo sumo podía otorgarnos un importe menor al solicitado, y exigimos que eleven nuevamente la carpeta y que nos indiquen el valor que nos podrían prestar. Luego de otros 19 días, finalmente nos indicaron cuánto nos podrían prestar: la mitad de lo solicitado, apenas un 9% más que nuestros ingresos promedio mensuales para un crédito que se devuelve en 120 meses, menos de lo que sale un monoambiente en Almagro. Es como si a un trabajador que gana $ 30.000, le ofrecieran un crédito hipotecario a 10 años por $ 33.000, menos que un crédito personal.

Es claro que el Banco Ciudad, por su extrema morosidad y por lo ridículo el monto aprobado, no tiene intención de facilitarnos el crédito.

Para nuestra situación particular esto significará que no nos podamos mudar o que lo debamos hacer a un lugar donde apenas estemos más cómodos los trabajadores actuales, pero sin lugar para crecer.

Pero más allá de nuestra situación particular, es preocupante la actitud que en un contexto de recesión toma la banca pública. No creo que haya tantos brotes verdes como el nuestro en este contexto del país y el Banco Ciudad, en lugar de regarlo, lo ahoga. ¿Será que aplicando la misma lógica que los bancos privados, el Banco Ciudad prefiere engrosar ganancias descontando cheques de empresarios ahogados, en lugar de realizar créditos productivos que contribuyan a algún tipo de reactivación?

Disclaimer: las opiniones acá vertidas las hago a título personal, como ciudadano preocupado por la actitud de la banca pública en estos tiempos de crisis. No constituyen una posición de Lambda Sistemas como empresa.

Actualización Agosto 2016: insistimos con el Banco Ciudad, presentamos un balance de medio año y están evaluando nuestra carpeta, con posibilidad de duplicarnos el valor que nos habían ofrecido inicialmente. Esperamos que ahora sí podamos avanzar bien y concretar la compra de la propiedad que tenemos en vista y creemos la más adecuada para nuestra empresa.