Requiem por el caballero oscuro

Lo que Christopher Nolan pretendió lograr con el cierre de la trilogía de El caballero oscuro fue una sinfonía que deslumbrara a los fanáticos y se instaurara como el digno epílogo de una saga sobre la que estaban puestos todos los ojos. La presión debió ser inmensa y se notan las intenciones de querer superar el impacto de las anteriores películas: entre los personajes hay una maraña de vínculos y giros aparentemente más compleja y las secuencias de acción se suceden una tras otra como si estuvieran enhebradas en la mecha de un taco de dinamita. El caballero oscuro asciende es un espectáculo visual y guarda por su personaje principal la misma devoción que los seguidores del cómic profesan desde hace décadas: las referencias a situaciones y personajes aparecidos en las historietas son fieles, sin rayar en lo obvio, para no menoscabar los giros y las sorpresas. Sin embargo, dejando a un lado el deslumbramiento de la primera impresión, la película tiene agujeros que le impiden volar tan alto como lo hizo la secuela de 2008.

El primer gran problema era elegir un villano que representara un mayor desafío para el héroe sin que se robara la atención como lo hizo el Guasón interpretado por Heath Ledger, pues el énfasis definitivamente tenía que concentrarse en Batman y Bruce Wayne. En el cierre de El Caballero Oscuro quedó en el aire la referencia al Acertijo y durante un tiempo se especuló sobre la posibilidad de incluir a este personaje, incluso se había pensado en Guy Pierce para interpretarlo, pero esta idea fue descartada quizá para no pisar de ninguna forma las líneas argumentales presentes en las entregas desastrosas de Joel Schumacher.

La elección de Bane fue sorpresiva pero al repasar sus antecedentes en el cómic parecía la mejor. Es uno de los antagonistas más inteligentes, conoce la identidad secreta de Batman y es prácticamente el único que lo ha dejado al borde de la muerte. En los dibujos animados y en Batman Forever (1995) aparece como un gorila iletrado sin iniciativa pero ese no es su carácter original. El siguiente paso fue buscar un actor que le viniera bien al molde y Tom Hardy, quien ya había trabajado con Nolan en Inception, no lo hizo mal, teniendo en cuenta que su rostro está cubierto todo el tiempo, por lo que su voz y su imponente físico se convirtieron en las herramientas para sembrar el terror en Ciudad Gótica.

El siguiente desafío era plantear una trama argumental sólida que atara cualquier cabo suelto posible y se acoplara con las dos películas anteriores para que la trilogía pudiera contemplarse desde una perspectiva circular y cerrada. El guión fue escrito entre Christopher y Jonathan Nolan, quienes no solo habían armado juntos la historia de El Caballero Oscuro (2008) sino que ya habían escrito a cuatro manos en Memento (2000) y El gran truco (2006). Para este caso hicieron reaparecer a La liga de las sombras, esa secta de sembradores del caos que Batman derrotó en 2005. Incluso Liam Neeson tiene un par de apariciones fantasmales. La idea de poner a Batman ante quienes fueron sus mentores tiene sentido. La forma en la que Bane y sus secuaces inician su campaña conquistadora sobre la ciudad es consecuente con los planes de Ra’s al Gul, pero detrás de toda la parafernalia terrorista hay motivaciones sosas que se convierten en el giro principal de la película y hace que, por ejemplo, la figura de Bane como villano pierda la fuerza que gana durante los primeros actos del filme.

En un primer momento, la trama de El caballero oscuro asciende se va anudando de un modo trepidante. Batman lleva ocho años desaparecido de ciudad Gótica, donde la figura de Harvey Dent se elevó casi a la de santo patrón y la culpa de todos sus crímenes recayó en el vigilante enmascarado quien se retira de escena para llorar sus penas de amor. Bruce Wayne se convierte en un ermitaño taciturno y el comisionado Gordon en el pilar sobre el que se sostiene una farsa. El murciélago sale de su cueva solamente cuando aparece Bane como la amenaza más grande a la que se ha enfrentado. Pero esta vez Batman no está solo, lo acompañan un coro de personajes que constituyen una de las fortalezas de la película. A los cómplices de siempre se suman Anne Hathaway, en el papel de Selina Kyle, la mejor Gatúbela de la historia; y Joseph Gordon Levitt, como John Blake, un detective que opera como el catalizador que permitirá la victoria y posterior jubilación del héroe al que admira. Marion Cotillard, en el papel de Miranda Tate, hace parte del elenco pero su relevancia en la historia es difusa aunque parezca lo contrario.

La otra fortaleza de la película está en su diseño de producción. No se podía esperar menos de los 250 millones de dólares invertidos en su realización: las escenas de acción tienen una intensidad que se amplifica con la hipnótica banda sonora. La combinación de imágenes espectaculares, crudas coreografías de combate y efectos especiales grandilocuentes logran el propósito de cautivar al público y manipular sus niveles de tensión. Cuando a Batman le llega su hora de mayor tormento y Ciudad Gótica empieza a desmoronarse, la fractura se extiende más allá de la espalda del héroe.

Pero el encanto cae en picada cuando se deshacen los nudos que tan meticulosamente se habían formado. Después del estreno de la película, Internet no tardó en llenarse de parodias que señalaban corrosivamente los eslabones débiles del guión, las preguntas que quedaron por responder y los errores imperdonables para un director que siempre es tan cuidadoso con sus historias. ¿Por qué Bruce Wayne aparece lisiado al principio? ¿Cómo es posible que una fractura en la espalda se alivie tan fácil? ¿Si la cárcel de la que escapa Bane es tan violenta por qué nadie se mete con el nuevo inquilino? ¿Cómo hace Batman un viaje de miles de kilómetros a Ciudad Gótica para llegar justo a tiempo? Estas son solo algunas de las incógnitas que la película deja en el aire y podrían pasarse por alto si no existiera una debilidad tan grande como el encuentro final con Bane.

Este personaje brutal, despiadado, inteligente y frío pasa, de un momento a otro, a un segundo plano con la aparición del verdadero cerebro de la operación que le entrega la ciudad a una horda de criminales. No sería una falla imperdonable si el segundo villano tuviera las mismas facultades extraordinarias, pero tal y como suceden las cosas es como si a Godzilla lo convirtieran en el esbirro de Barney El Dinosaurio. Para empeorar las cosas, el combate final entre Batman y Bane, el momento en el que puede cobrar justa venganza y reducir a polvo a su némesis colosal, se resuelve con un enfrentamiento simple, breve y sin mayores emociones, a diferencia de su primer combate. Además, no es Batman el que se impone sobre Bane, lo hacen los cohetes de su moto, un final facilista y apresurado para este último villano.

La película no cojea de una sola pierna. El desenlace parece un collage de lugares comunes reunidos de manera aleatoria. ¿Qué habrán pensado los hermanos Nolan para escribir una conclusión tan simplona? Sí, claro, como ya mostramos una bomba hay que hacerla estallar, pero solo hasta los últimos segundos, porque antes debe existir una batalla campal entre policías y criminales, una persecución para lucir el nuevo juguetico del murciélago y tiempo para que el villano que fracasa diga sus últimas palabras en la que ha sido catalogada, de manera no oficial, como la peor muerte del cine. ¿Y después qué? Muy fácil, hagamos que nuestro héroe se sacrifique y vuele hacia el horizonte con la bomba que eso no se le había ocurrido a nadie.

Creo que había muchas maneras de justificar la presunta muerte de Batman y otras formas de mostrar la conmoción que deja en sus amigos. El cierre de la trilogía queda como una despedida poco elocuente y queda en deuda con los seguidores de este personaje que seguramente aún no morirá para el cine, descansará por un tiempo hasta que otro realizador quiera devolverlo a la vida. Espero que por lo menos en esa ocasión no le ponga el final de una comedia romántica.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Diego Agudelo’s story.