No se trata de supervivencia, sino de convivencia


Demasiados siglos como ovejas detrás del pastor, diría Nietzsche. Los seres humanos nos hemos impuesto reglas de juego y verdades absolutas en pos de un mundo ordenado, con más reglas y menos instintos, en pos de lograr la supervivencia que toda especie persigue. Pero las características de entonces eran diferentes a las del mundo actual. Y la manera en que supimos construir el poder que organizaba ese mundo, hoy ya no sólo no nos sirve, sino que es una verdadera amenaza para nuestra supervivencia.

Ya no nos sirve seguir pensando de manera binaria y antagónica. El mundo que hoy enfrentamos parece que no se resuelve desde buenos o malos, izquierdas o derechas, oficialistas u opositores. Parece que se acerca la necesidad de ser más creativos frente a la creciente complejidad de los problemas que enfrenta la humanidad. Creatividad que es difícil de desarrollar en un mundo controlado, a través de un lenguaje conocido, con los comportamientos “normales” habituales y mediante una mente binaria que vive reaccionando a estímulos que los percibe como externos, independientes de sí misma, y que no se siente parte de un mismo sistema.

La creatividad necesita de un poco de caos. Un caos que nos enseñaron que era peligroso. Un caos que tiene que ver con cuestionarnos las cosas, con animarnos a desafiar al status quo, con preguntarnos todo de nuevo. Con desafiar al mismo lenguaje y las mismas ideas que nos hemos impuesto como verdades. Verdades absolutas sobre lo bueno y lo malo, que alguna vez sirvieron para establecer un control que posibilitara el progreso y la supervivencia de la especie, desde determinadas formas de poder. Que ya no sirven más. Y es por ello que hoy Stephen Hawking se pregunta -sin tener respuesta- si la humanidad será capaz de llegar al siglo 22.

Al parecer, no nos queda otra que empezar a preguntarnos todo de nuevo -y no dejar de hacerlo-. Cuestionar un mundo y un lenguaje que se basa en conceptos, metáforas, generalizaciones, normalización, racionalidad, exactitud científica, verdades absolutas. Verdades absolutas sostenidas por un sistema piramidal de poder que alimenta la desigualdad y que ya no da para más.

Lo más probable es que todo este cuestionamiento no va a venir desde arriba. Si viene, vendrá de abajo. Desde quienes no ostentan el poder formal, desde quienes no imparten las verdades absolutas, ni legislan acerca de lo que está bien y lo que está mal, ni escriben las enciclopedias tradicionales, ni determinan las leyes de la ciencia. Ni la están pasando tan bien. Parece que si queremos ser creativos, tenemos que hacerlo entre todos, colectiva y coordinadamente.

Y si vamos a necesitar coordinarnos, escucharnos, dialogar y cuestionar el status quo, la cuestión parece no tratarse de supervivencia, sino de convivencia. La convivencia entre diferentes. La convivencia que incorpora caos creativo. La convivencia de las singularidades que enriquecen el sistema de distintas maneras, desde diferentes ángulos y perspectivas. La convivencia que nos hace descubrir que no somos seres independientes del entorno. La convivencia que posibilita el desarrollo de la inteligencia colectiva.
Algo para nada sencillo. Pero no nos queda otra que intentarlo.

Por supuesto la tecnología cumple un rol protagónico en todo esto. No porque la tecnología en sí nos vaya a salvar. Claro que no. De hecho, si no nos ponemos de acuerdo en valores y en hacia dónde queremos que vaya la humanidad, la tecnología puede resultar ser nuestro boomerang de la autodestrucción. Por eso nuestro desafío es aprender a ser ayudados por la tecnología, lograr vincularnos de la mejor manera con las máquinas, darle el mejor uso a la Red.

Gracias pastor, hasta acá nos serviste pero está llegado tu hora. La hora en que empiezas a ser prescindible. La hora en la que hombres y mujeres debemos comenzar a crecer y a tomar responsabilidad por nosotros mismos, colectivamente. La hora de escucharnos, de dialogar, de coordinarnos y trabajar juntos, preguntándonos todo de nuevo. Y no porque haya que cambiarlo todo, claro que no. Sino porque este es el camino para ser más sensibles con el planeta y todos sus habitantes, para ser más creativos y encontrar nuevas respuestas a un mundo cada vez más complejo.



Que la Red nos ayude a dejar de ser ovejas detrás del pastor. Que la Red nos sirva para informarnos más, para conocernos más, para escuchar las miles de diferentes voces, no sólo la de los grandes medios o la de los gobiernos de turno. No sólo las que son iguales a la nuestra, sino también las diferentes. Para abrirnos, confiar y conversar muchos con muchos.

@gonza_arguello