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Pensó en su padre. Últimamente lo hacía más seguido. Siempre lo consideró un padre estándar, mayor, aburrido, renegón, aunque muy inteligente. No dejaba de sorprenderle que a medida que pasaban los años se estaba volviendo más parecido a él. Más reservado, más de secretos, más de solucionar problemas por sí mismo. Y así. Curioso. Todo lo que siempre le molestó de su padre lo estaba adquiriendo.

El abuelo murió cuando su padre tenía veintiséis años. Coincidentemente, su padre también murió cuando tenía veintiséis años. Si al destino le gustara las casualidades numéricas también moriría cuando su hija tuviera veintiséis, o sea, en el dos mil treinta y cinco.

Se preguntaba qué habría sentido su padre al momento de nacer cada uno de sus hijos. Cuando murió, sus dos hijos mayores estaban a miles de kilómetros de él y se enteraron de su muerte después de varios días. Solo estuvo él, el ultimo hijo, de su segunda mujer, el menos afortunado. ¿Habrá pensado en ellos antes de morir? ¿Habrá querido saber de sus vidas? ¿Habrá querido conversar con ellos y pedirles perdón o que les pida perdón?

Muchas preguntas sin repuestas. ¿Quién era ese hombre, su padre? Creía que lo conocía, pero mientras más pensaba en él, más extraño se le hacía. Se prometió a sí mismo que trataría de tener siempre una buena relación con sus hijos. No le gustaba la idea de morir solo.

Su padre murió cuando él tenía veintiséis años. Veintiséis, como el número de este post.

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Originally published at otroblogdegonza.wordpress.com on September 18, 2015.

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