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Era una mañana calurosa de verano. 1985. La mujer salió temprano para hacer mercado porque más tarde el sol estaría insoportable. Abrió la puerta de su casa y salió a paso ligero. Le molestaba tener que cruzar la Javier Prado cada vez que tenía que hacer compras, pero el mercado más barato, pues. Caminó hasta el paso zebra renegando para sus adentros, por qué la gente tenía que dejar basura en al calle, mira cuántas bolsas negras, ya ni siquiera La Molina es un buen lugar para vivir. Ya por cruzar miró hacia la basura una vez más. ¿Se mueve? Pues sí, no era su imaginación, se estaba moviendo. No era una bolsa, era un atado de ropa. La curiosidad pudo más, se acercó y lo vio.

En la comisaría de Santa Felicia. todos estaban indignados. Cosas como estas no ocurrían todos los días, menos en un distrito de bien. El comisario le dijo a la mujer, luego de registrar su declaración, que podía retirarse, que a partir de ahora ellos se encargarían, que había un albergue infantil cerca.

— ¿Cuántos años tendrá? — le preguntó la suboficial a la registradora del albergue.

— Aún no camina, pero parece que tuviera más que un año — meditó la corpulenta mujer. — Le pondremos dos años, pues, aunque me parece menos.

— Hay que ponerle una fecha de nacimiento para registrarle, ¿verdad?

— Así es.

— Bueno, fue encontrado hoy, así que que sea veintiuno de febrero — razonó la suboficial.

— Es lo más sensato.

Veintisiete años más tarde, en el dos mil doce, le nacería una hija también un veintiuno de febrero. La vida y sus guiños.

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Originally published at otroblogdegonza.wordpress.com on September 20, 2015.