El centenario de Chile. Imagen de 1910.

Las implicancias de las celebraciones del centenario

Es en el año 1910 donde el pueblo chileno ve pasar a 4 mandatarios. Esto trajo múltiples controversias; comenzaremos revisando que quien era el presidente oficial de Chile hacia comienzos de dicho año era Pedro Montt, quien en julio de ese año realizó un viaje de salud a Alemania, pues estaba muy enfermo de arterioesclerosis y arritmia cardíaca; él esperaba que los especialistas berlineses le ayudaran, pero no regresaría vivo a Chile. Sus exequias fueron realizadas el 26 de agosto en la catedral metropolitana y fueron encabezadas por su vicepresidente Elías Fernández Albano, quien después de esto cayó enfermo el día 5 de Septiembre muriendo al siguiente día.

Es así como Chile se quedaba sin un mandatario a solo días de las celebraciones del primer centenario. Luego de fuertes discusiones por quien debía de ser el sucesor, quedaría finalmente como vicepresidente Emiliano Figueroa (quien posteriormente será presidente de la República durante los años 1925–1927). Él será quien encabezara los festejos preparados con motivo del primer centenario de Chile, y posteriormente asumiría en dos meses más Ramón Barros Luco como presidente de la república. Es así como en el año en que en Chile se conmemoraba cien años de la Primera Junta de gobierno, hecho que marcaría el comienzo de la emancipación.

Luego de esta gran dificultad — por llamarlo de alguna forma — surgirá en Chile numerosos pensadores, que intentaban de alguna forma hacer reflexionar a la población sobre la situación real que esta viviendo nuestro país es en ese tiempo, y que cuestionaron de la alguna forma todos aquellos festejos, pues ellos no encontraban motivos para esa gran celebración, y en donde gran parte del pueblo no tenía motivos para hacerlo; es así como surgirá la figura de Luis Emilio Recabarren, quien a través de su folleto Ricos y Pobres, dejaría en claro que los pobres no tienen motivos para celebrar.

Recabarren comienza su discurso planteando que no se puede hablar de la sociedad chilena como si fuera una sola y homogénea, sino todo lo contrario, ya que existen dos clases sociales totalmente opuestas una de la otra y sobre esto existe otra intermedia; estas dos clases opuestas son los llamados Ricos y los Pobres. Una vez definidas las clases existentes en nuestro país, partirá definiendo las grandes diferencias que separan estas dos grandes clases. Este activista denuncia que “la clase capitalista, o burguesa” era la única que había experimentado notablemente un progreso, sobre todo en los últimos 50 años y espectacularmente después de la “Guerra de Conquista”, tal como llama Recabarren a la Guerra del Pacífico: “El progreso económico que ha experimentado la clase capitalista ha sido el medio más eficaz para su progreso social, no así para su perfección moral, pues aunque peque de pesimista, creo sinceramente que nuestra burguesía, se ha alejado de la perfección moral verdadera” dejando en claro que la clase social más acomodada de nuestro país había progresado verdaderamente en su calidad de vida — económicamente hablando — pero en lo que respecta a la moral, sigue abusando de su superioridad económica por sobre al clase trabajadora, sigue con los mismos abusos que existían en pleno periodo colonial.

De misma manera se refiere Recabarren a la “ultima clase”, que “Vive hoy como vivió en 1810 (…) en cuanto a su situación moral podríamos afirmar que en los campos permanece estacionaria y que en las ciudades se ha desmoralizado más”. Además se puede decir que “…el numero de analfabetos es, en proporción, mucho menor que el de antes, pero con esta afirmación no se prueba nada que ponga en evidencia un progreso. Para esta ultima clase de la sociedad el saber leer y escribir, no es sino un medio de comunicación, que no le ha producido ningún bienestar social”; y es más, esta analogía la podemos visualizar hoy día mismo, ya que la alfabetización no necesariamente es un medio para superar la pobreza debido a que continúan esas inmensas diferencias, que no permiten el poder superar la pobreza.

Otras de las cosas que comenta Recabarren en su análisis de la sociedad de esa época, es que se decía que el enlistarse en lo que hoy llamamos servicio militar le entregaba a la población, pues se le enseñaban a “desarrollar hábitos desconocidos entre la llamada gente del pueblo”, claro que eran desconocidos para la “gente del pueblo” pero en la realidad eran imposibles de llevara a cabo pues como dice “La pobreza, y la pobreza, en grado excesivo sobre todo, impide todo progreso”.

Es así como el fundador del Partido Obrero Socialista y Comunista, a lo largo se todo su declaración, deja entrever un proceso de decadencia en que el gobierno estaba ocultando con ostentosas celebraciones, que de todo eso que dicen se ha progresado es tan cierto, no obstante, las diferencias sociales se siguen dando y se siguen reproduciendo y en un constante aumento como en el caso de los conventillos, donde fueron el centro de reproducción de todos los “males”; es la escuela donde los pequeños pueden aprendían esas malas costumbres. Y asimismo, realizó una crítica al sistema carcelario, en donde en vez de ser un sistema de reinserción social, fue un sistema en donde se aprendían y perfeccionaban las técnicas de delinquir.

El único progreso que puede celebrar Recabarren es el del proletariado, ya que logra darse cuenta de sus problemas y hace lo que pueda para intentar darle solución a esos problemas, como por ejemplo la creación de asociaciones de socorro, las sociedades y federaciones de resistencia, sus mancomunales “para atenuar el hambre de su miseria en las horas tristes de la lucha por la vida y para detener un poco de feroz explotación capitalista”. Pero aun quedaba mucho por hacer para demostrar realmente que había un real progreso dentro de Chile, para así, poder demostrar al mundo que si había un cambio para mejor dentro de esos cien años que se estaban cumpliendo.

Los festejos de la independencia. Principales actividades.

Con la llegada de 1910 a nuestro país, se debe señalar que la celebración del centenario pasa a ser el reflejo de la mentalidad aristocrática, puesto que son ellos los que se celebran a si mismos: “No se celebraba la declaración de Independencia, fruto de las luchas del ejército, comandado por un hijo ilegítimo, un hacendado, pero no un aristócrata de la ciudad. Se festejaba el 18 de septiembre de 1810, cuando los nobles de Santiago determinaron tomar en sus manos el gobierno del reino en nombre del rey prisionero Fernando VII”. Con esto queda claro que el enfoque histórico estaba plenamente determinado por el proyecto oligárquico, siendo ellos los “dueños de casa”, tal como lo indica Alberto Edwards en su Fronda Aristocrática.

Esta oportunidad que se presentaba para mostrar la grandeza de Chile, fue tomada muy en cuenta por el grupo aludido, debido a que los gastos presupuestados fueron superlativos ante la realidad nacional, puesto que el Congreso Nacional dispuso de cinco millones de pesos de 1910 para los gastos en las actividades. Incluso en la prensa estos montos son cuestionados debido al retraso de las obras emprendidas.

Ya con el desarrollo de las festividades oficiales, estas se pueden agrupar por medio de las delegaciones oficiales — que eran recibidas de manera gustosa por los habitantes de los puertos y especialmente por la aristocracia — en que se celebraban diversos banquetes y fiestas con motivo de agasajar a los embajadores y autoridades presentes de diversos países como Argentina, EE.UU, e incluso Japón. La función de las delegaciones eran variadas, pero se destaca a la trasandina debido a la llegada de militares argentinos que participaban en los actos oficiales desde su llegada.

Otra interesante manifestación de las celebraciones lo fueron las múltiples exposiciones instaladas en la Capital. Tales son los casos de la Exposición Internacional de Bellas Artes o la Exposición Histórica del Centenario. En cuanto a esta última, cabe indicar que si bien se instalaron puestos en los que se destacaban a figuras como Pedro de Valdivia, Alonso de Ercilla y Ambrosio O’Higgins en la Colonia, después se destacan las figuras de los militares de la Independencia y los primeros presidentes de Chile, sin dejar de ver que “muestra otro interesantísimo aspecto, acaso el más importante de la historia, el que se refiere a las costumbres, al modo de ser íntimo, a la vida casera, a la existencia que se llevaba de puertas adentro” contemplando de una mejor manera la historia nacional.

Las calles de Santiago cobran sentido con una serie de inauguraciones en obras públicas acorde a las festividades como lo fue el desarrollo y prolongación de avenidas, pero lo más espectacular fue sin duda la presencia de la iluminación eléctrica en las calles (especialmente entre el 15 y 22 de Septiembre en la Plaza de Armas, la Alameda o el cerro Santa Lucía).

El programa de celebraciones — que como reiteramos — se manifestaron con mayor ímpetu en la capital, se extendió principalmente entre el 12 y el 22 de Septiembre. Las actividades iniciales son sumamente variadas como el caso de la recepción de la delegación argentina, el paso de la Revista Naval (Valparaíso) y de Gimnasia (Santiago) y diversas galas desarrolladas en el Teatro Municipal y en el Palacio de la Moneda, así como una importante reunión parlamentario un día antes de la conmemoración. Hacia el 18 de Septiembre se desarrolló desde las 12 de la noche se dispararon salvas y se anunció con campanadas de iglesias la llegada del ansiado centenario; otras actividades que se desarrollaron fueron la representación de la Batalla de Maipú con los uniformes de la época en la mañana; hacia el mediodía, se emprendió un Te Deum conmemoratorio; y finalmente, se da un cierre de actividades con un Garden Party y presencia de fuegos de artificio en las terrazas del cerro Santa Lucía. Al día siguiente, se llevó a cabo la Revista Militar del Centenario, en la cual se recalcó la solemnidad y marcialidad de las fuerzas chilenas.

Si bien lo ostentoso de las celebraciones hacen que la orientación se volqué sobre las actividades oficiales, el pueblo también desarrollaron diversas actividades, para no convertirse en meros espectadores de las actividades del programa aristocrático. Las típicas fondas se encumbraban en el Parque Cousiño o en los alrededores de la Quinta Normal en los cuales se observaron diversos juegos populares como el “tirado de cuerda” u otros como el “foot-ball”.

Otros interesantes cuadros y descripciones que son aportados para este contexto, se debe subrayar los relatos de Carlos Morla. En su “Año del Centenario (páginas íntimas de mis memorias)” propone una ambientación como testigo propio de los hechos, como lo sucedido el 18 de Septiembre de 1910 al asistir a una de las primeras actividades oficiales como la recreación de la Batalla de Maipú: “Me he levantado temprano para presenciar el desfile histórico — entrada a la capital del Ejercito patriota después de la batalla de Maipú. Todo fue estudiado con esmero y la “mise en scene”, como podríamos decir, se debe a los conocimientos profundos y prolijos esfuerzos del capitán Merino. No me doy bien cuenta de la impresión que se puede haber producido curioso espectáculo. Las emociones se sucedían en mi alma en forma discordante. Ganas de llorar y ganas de reírse, a un tiempo. Sensaciones de epopeya y sentimientos de circo. Luego aparecían “directores” del desfile en uniforme moderno lo que producía una falta de armonía desagradable, imposible de describir (…)”. En Concepción también se concentraron diversos actos entre los cuales cabe destacar la iluminación del paseo Barros Arana y la Plaza de Armas. Aparte del solemne Te Deum, también se desarrollaron una diversidad de juegos y actos patrióticos. Y en Talcahuano, se permanecía muy atento para recibir a las delegaciones y embarcaciones extranjeras tras su previa escala antes de Valparaíso, ya que las familias nobles penquistas los recibían en el Teatro Concepción.

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