Los inicios de la reconstrucción de Concepción durante el terremoto de 1939. Parte 1

El terremoto del 24 de Enero de 1939 y las primeras gestiones nacionales de reconstrucción del Gobierno Radical de Pedro Aguirre Cerda hacia la ciudad de Concepción.

El terremoto del día martes 24 de Enero de 1939 que padeció la zona centro-sur de Chile, dejó en evidencia la débil estructura habitacional y arquitectónica de la época, particularmente de la ciudad de Concepción, haciendo que edificios simbólicos quedaran destruidos o semidestruidos.

El Gobierno Radical presidido por Pedro Aguirre Cerda, fue la primera administración que atendió las labores de urgencia en auxilio de la zona devastada. En este aspecto, fueron de suma importancia todas las gestiones realizadas que este Gobierno — apoyado por el Frente Popular — llevó a negociación con la oposición sobre diversos puntos en cuestión, en beneficio de la zona abatida por el terremoto.

Luego de la catástrofe, y con un mayor grado de información acerca del epicentro, el primer mandatario se dirigió a la zona afectada, de tal forma de cerciorarse de los alcances del sismo. Fue un viaje que emprendió desde Santiago hasta Linares en tren, y luego en vehículo hasta la ciudad de Concepción. El objetivo de este recorrido fue aplicar las primeras medidas de urgencia que necesitaron las personas afectadas en las diversas zonas del desastre. “El objeto de mi viaje fue palpar los efectos del terremoto, dar las ordenes en el terreno mismo y mover a todos los jefes de servicios públicos con sede en Santiago. Considero que las autoridades, y así se los he hecho presente, tienen la obligación de enviar personal de médicos, practicantes y enfermeras, medicamentos y todo tipo de recursos a los pueblos adyacentes a Concepción (…)”. De esta manera, se iniciaron las gestiones del Gobierno de Pedro Aguirre Cerda que enfrentó en primera instancia, posterior al terremoto del 24 de Enero.

El desolador panorama de Concepción: Las primeras medidas de reconstrucción efectuadas en la ciudad penquista

Después de la catástrofe del 24 de Enero de 1939, el Jefe de la Plaza de Concepción, Víctor Cañas Ruiz Tagle, redactó los primeros boletines informativos y decretos para los meses de Enero y Febrero, evaluando las condiciones y medidas inmediatas que se ponen en marcha tras el terremoto.

Uno de los primeros temas que concitaron la atención de la autoridad pública consistieron las constantes alzas de precios que fueron reguladas como consecuencia de las primeras especulaciones sobre productos de primera necesidad durante el 26 de Enero: “N° 27. La facultad que me confiere la Ley de Régimen Interior, la Constitución Política del Estado, el Decreto-ley N° 520 del COMISARIATO GENERAL DE SUBSISTENCIAS Y PRECIOS y habiendo tenido de conocimiento de que numerosos comerciantes están vendiendo los artículos de primera necesidad a precios abusivos:

1° (…) Las personas indicadas tendrán las facultades de denunciar toda especulación que adviertan dentro del departamento y de requerir la fuerza púbica con la sola exhibición del presente decreto para la detención de los infractores.

2° Los comerciantes deberán vender todos los artículos de su ramo a los precios que regían el día anterior a la catástrofe del 25 del pte.

3° Las infracciones a este Decreto se sancionarán con la prisión de 60 días. La reincidencia, con requisamiento del negocio”.

Este problema fue en adelante una grave situación que tuvo que ser contenida con estas estrictas medidas que regulaban al mercado sobre una amplia gama de productos y otros bienes.

En el afán de normalizar las actividades cotidianas, en el caso de aquellas industrias que no estaban en condiciones de funcionar por causa de los daños recibidos colocarían a sus obreros a disposición de la Comisión de Demolición y Remoción de Escombros, siendo los Inspectores de Trabajo los encargados de dar cumplimiento a esta disposición. También los establecimientos de farmacias y boticas se situaron bajo el control del Servicio Sanitario de Concepción, quien le autorizaba el expendio de medicinas al público. Las ferias de animales también debían reanudar sus actividades de remates para el normal abastecimiento de carne de la población.

A su vez, todos los camiones de la ciudad fueron requisados por la autoridad para la pronta remoción de escombros: “Requísese todos los camiones existentes en la ciudad pertenecientes a particulares, los cuales se situarán alrededor de la Plaza Independencia. Cúmplase inmediatamente por fuerza de línea y carabineros en el plazo de 3 horas”.

Las gestiones efectuadas durante el 27 de Enero realizó uno de los primeros balances acerca de pérdidas tanto humanas como materiales de la catástrofe, contabilizándose 580 personas fallecidas sólo en Concepción, y siendo incontables el número de heridos en cada una de las ciudades afectadas, puesto que los servicios sanitarios sólo atendieron a aquellos que pudieron llegar a ellos, muchos de los cuales lo efectuaron por su propia cuenta.

Pero las preocupaciones de las autoridades locales se concentraron en la puesta en marcha de un plan metódico que consistió en la designación de trece comisiones, las cuales eran: “Movilización y Evacuación, de Servicios Médicos y Sanitarios, de Demolición y Remoción de Escombros, de Aprovisionamiento de Subsistencia, de Construcción, de Abastecimiento de Agua Potable, de Finanzas y Tesorería, de Comunicaciones e Informaciones, de Sepultación, de Auxilios Generales, de Fuerza Motriz y Luz, de Acantonamiento y de Tránsito, que han elaborado un completo plan de trabajo en cada orden cuyos frutos se podrán advertir ya en la ciudad”.

Sobre algunas funciones de estor organismos: “Es así como la Comisión de alumbrado y fuerza motriz estará en condiciones de dar luz esta misma noche a los principales barrios de la ciudad. La de Agua Potable ha cumplido igualmente con la primera parte de su plan de trabajo y ha asegurado el abastecimiento en forma normal para estar mañana en condiciones de dar agua en toda la red de cañerías de Concepción. Las reparaciones en el alcantarillado están igualmente por terminarse”.

A su vez, hubo otras comisiones que operaron de manera inmediata a sus planes de trabajos, como la Comisión de Acantonamiento encargada del hospedaje de la población que así lo requiriera. Para esto, se requisaron los locales del Instituto de Biología, la Escuela Dental, la Escuela de calle Rengo, el Liceo de Hombres, los Corralones de la Policía de Aseo y locales de Exposición de la Sociedad Agrícola del Sur siendo preparados como albergues dada la situación de emergencia. Dichos albergues llevaban un registro de cada una de las personas que pernoctaban, para saber quiénes de ellas eran aptas para los trabajos y labores extraordinarias a que obligaba la situación, debido a que se consideraba el oficio de éstos.

La Comisión de Sepultura se encargó de retirar los cadáveres en camiones, siendo trasladados a un local de correos incendiado. Eran identificados e inventariados sus objetos personales, siendo sepultados sólo después de obtener una Certificación de la Inspección de Sanidad, previo pase dado por el Oficial del Registro Civil.

La Comisión de Informaciones y Comunicaciones era la encomendada de dar a conocer diariamente los progresos de las actividades destinadas a la reconstrucción de Concepción. Y atendió toda clase de noticias sobre deudos y controlaba las noticias oficiales para impedir el deslizamiento de rumores perjudiciales de la provincia y la ciudad ante la catástrofe.

Este plan de trabajo para cada una de las Comisiones señaladas, tenía que ser debidamente cumplido, y quien no lo hiciera, sería sancionado por ley y reemplazado inmediatamente.

Al 28 de Enero se enfatizó una circular en relación a la cualidad de los funcionarios públicos ante el evento transcurridos cuatro días después: “Los funcionarios públicos sin distinción y los Jefes de Comisiones desarrollaran la labor que se les ha encomendado sin vacilaciones y sin omitir sacrificio ni dedicación al trabajo, debiendo en consecuencia estar cada uno en su puesto desde las primeras horas de la mañana para dar cumplimiento a los planes acordados qué deberán llevarse a término a la mayor brevedad posible”.

Otras de las medidas implementadas consistieron en que los establecimientos comerciales de la provincia abrieran sus puertas y reanudaran sus labores en forma normal, exceptuando los establecimientos de bebidas y licores, y otros sitios de diversión que permanecerían con sus puertas cerradas, quedando estrictamente prohibida la venta de alcoholes. Sumado a lo anterior, el servicio telefónico quedó restringido al público, y solo efectuando llamadas siempre que fuesen justificadas sus urgencias y previa autorización; estas comunicaciones no podían durar más de tres minutos.

Las labores de reconstrucción requirieron de personal para efectuar este tipo de oficios. Éstos debían presentarse en la Inspección del Trabajo de Concepción. En el caso de aquellas personas que se negaran a esta disposición se establecía lo siguiente: “Los vagos y personas que no se presentasen a la citación que se les hace, serán concentrados en el Club Hípico, vigilados y a las órdenes del Comandante de las Fuerzas, desde donde con la debida custodia serán llevados a las faenas”.

Con la presencia del Director de Servicios de Agua Potable, Fabio Lamas, en conjunto con un grupo de ingenieros, llegó a Concepción con el fin de restablecer totalmente el servicio de alcantarillados y agua potable en el menor plazo posible. Para esta función se ordenó la formación de columnas de acarreo compuesta de treinta camiones, cada uno con su chofer, que quedaron sometidos al Régimen Militar y bajo la dirección del grupo Silva Renard.

Es también en este informativo que se da cuenta de las medidas tomadas en concordancia con el Ministerio del Interior, quien ordenó a sus funcionarios de Impuestos Internos a evaluar los perjuicios que el terremoto había causado sobre los inmuebles.

Durante el 29 de Enero, el Comandante en Jefe de la Plaza declaró nuevas medidas que se ejecutaron de inmediato, señalando por ejemplo que: “se ha establecido un control de pasajeros que llegan a Concepción por vías aéreas y marítimas con el fin de impedir tanto el arribo de personas cuya presencia es innecesaria y que creen un problema para el abastecimiento de víveres, como el de dementes indeseables que pudieran cometer delitos comunes que alteren el orden que se ha logrado mantener de forma ejemplificadora”.

En otro plano, y con el propósito de proteger los intereses de los comerciantes, se organizó la Oficina Pagadora de los mismos. Con esto, ninguno de ellos estaba obligado a entregar especie alguna sin que el encargado del requerimiento le entregara una orden firmada por el Comandante en Jefe de la Plaza, que además llevaría un timbre, y expresando las especies que se exigían y su valor, el cual sería pagado al comerciante diariamente, de nueve a doce horas por la Intendencia.

Sobre los víveres, el Jefe de la Plaza pretendió entregar alimentos a todas aquellas personas que carecieran de la capacidad de trabajar, por lo que estos alimentos se repartirían en la Estación de Ferrocarriles, en la Plaza Condell, en la Plaza Cruz y en la Plaza España, en el Hospital de Emergencia situado en la Avenida Víctor Lamas, en el Hospital San Juan de Dios, en Avenida Carrera esquina de Tucapel y en calle Brasil esquina de Tucapel. Estos alimentos eran entregados y preparados y no había subsidios en dinero.

Si bien durante estos días aún yacían personas que dormían en carpas, éstas serían trasladadas a los locales ubicados por la Comisión de Aprovisionamiento, que para ese entonces ya había alojamiento suficiente para cinco mil personas, de las cuales contaban con 876 instaladas. El plan de subsistencia estaba en plena vigencia: Se habían instalado secciones de vestuario, un almacén central, una sub-sección de compras y requisiciones y una sub-sección de control de precios y ventas en el comercio local. Este Almacén General de Subsistencia estaba ubicado en la Estación de Ferrocarriles del Estado.

Los servicios básicos como la luz eléctrica y el agua potable estaban prácticamente normalizados, quedando el primero de ellos solucionado de manera total unos días después, mientras que el segundo de ellos junto con el alcantarillado, respetó la planificación de abastecer diariamente las necesidades de la población, siempre que no se hiciera un uso desmedido del agua, ya que el consumo total de Concepción en ese tiempo era de 14 mil metros cúbicos, y la planta de la Mochita sólo daba abasto para 7 mil metros cúbicos. Para este entonces la cañería de Nonguén aun no estaba en funcionamiento, pero se esperó que estuviera reparada dentro de los días siguientes.

Una de las novedades al interior de este informativo fue que la Comisión de Construcción, quienes por primera vez, que avanzó en la preparación de los trabajos que tenía proyectados, que el Municipio — su lugar de funcionamiento — se abrió un registro de propiedades que serían visitadas por los ingenieros y arquitectos. Paralelamente a esto, se abrió otro registro de obreros de oficio para ofrecerlos a los vecinos y ocuparlos en las construcciones provisorias que se levantarían.

Con la finalización del mes de Enero ya se habían normalizado servicios y actividades locales, como lo fueron la luz eléctrica, los teléfonos, el correo, telégrafos y ferrocarriles. Sin embargo, la distribución del agua potable presentó dificultades como consecuencia de un temblor durante la noche del 29 de Enero, que interrumpió los trabajos en la planta elevadora de la Mochita que se vio afectada con la destrucción de las obras realizadas.

Por su parte, las Comisiones Sanitarias se preocuparon de revisar los servicios médicos y sanitarios instalados en toda la provincia con el objeto de observar el funcionamiento de éstos y de las peticiones necesarias que se necesitaban introducir. Para aquello, se dispuso un avión que recorría diariamente las diversas ciudades con la finalidad de mantener informado al Comandante de la Plaza y de facilitar el auxilio a quien lo requiriera. Con una medida muy similar a la sanitaria, se proporcionaron víveres gratuitamente a aquellos que lo necesitaban en las diferentes ciudades de la provincia.

En un rápido balance de los funcionarios de Impuestos Internos, una vez realizada su tarea encomendada hace dos días atrás, el Comandante en Jefe de la Plaza declaró que: “La Administración de la III Zona de Impuestos Internos ha dado término a su labor en la Comuna de Concepción, de evaluar los perjuicios causados por el terremoto, y sus resultados revelan que hay necesidad de hacer un esfuerzo gigantesco para reconstruir la ciudad. La citada repartición estima las perdidas en 336 millones de pesos”.

Por otro lado, también durante esta fecha se encontraba en Concepción, una comisión de ingenieros de la Caja de Crédito Hipotecario con el propósito de instalar una oficina especial que permitía la facilitación de préstamos a aquellos propietarios cuyos predios fueron afectados por el terremoto y requerían construirlos.

Para el caso de aquellos particulares y comerciantes que tenían contraídas obligaciones a vencer durante el mes de Enero y en los días siguientes al terremoto, se les liberó de ser procesados por falta de pago. Esto se hizo en acuerdo con los bancos y quedó dispuesto en un decreto.

Otra medida importante que se consideró durante estos días fue la centralización de los medios de comunicación que quedaron bajo la Dirección Superior del Teniente General León Guillard quedando todas las estaciones de radio de la provincia bajo su control. Dicha dirección de comunicaciones no concedía llamados de larga distancia para asuntos personales solicitadas por abogados, ya fueran estas desde fuera de Concepción o de la ciudad misma. Estas solicitudes debían hacerse por escrito al Jefe de Comunicaciones de la Zona, indicando lo que se quería transmitir.

En el último de los informes del mes de Enero se mencionó la situación de las torres de la Catedral y se propuso la necesidad del desplome de estas a fin de evitar problemas mayores con la caída de las mismas torres en plena vía pública. También se manifestó el problema del agua potable, que a pesar de los esfuerzos, no se resolvió del todo debido a que la planta elevadora de La Mochita no fue habilitada completamente, y en el caso de Nonguén se presentaron problemas que los ingenieros no lograron resolver inmediatamente. Fue así como en el informe se declaró que: “La gravedad de la situación no escapa al criterio del Comando en Jefe de la Plaza que ha concentrado todos sus esfuerzos y energía en la solución de este problema”.

Se enfatizaron también los esfuerzos por abastecer a los pueblos de la Provincia de Concepción, al solicitar a Linares y Santiago la suma de 80 camiones de acarreo que ayudarían a llevar los elementos indispensables y necesarios a cada pueblo que los requieran. El racionamiento en Concepción se efectuó con normalidad, repartiendo diariamente 3 mil raciones condimentadas y se crearon 3 cocinas más, con lo que se esperaba llegar a las 4.500 raciones.

En el caso de los alojamientos se continuaron habilitando pabellones para todas aquellas personas que yacían sin casa y que estaban durmiendo en los carros de los ferrocarriles en la Estación. Se esperaba que todas estas personas se instalaran en los pabellones habilitados por las autoridades antes de que llegara la temporada de lluvias.

También se insistió en la necesidad de una pronta reconstrucción de los edificios destruidos, para lo cual el Gobierno, por medio de sus organismos de Previsión y la Caja de Crédito Hipotecario, proporcionaría los recursos necesarios para esto. Además, el Comandante en Jefe de la Plaza enfatizó la importancia del mes de Febrero para la finalización de un bosquejo y elaboración de un plan definitivo para la reconstrucción de la ciudad de Concepción.

Este escrito forma parte de la tesis: “La gestión del gobierno radical de Pedro Aguirre Cerda en la reconstrucción de Concepción después del terremoto de 1939 (1939–1941)”.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Gonzalo Concha’s story.