Los inicios de la reconstrucción de Concepción durante el terremoto de 1939. Parte 2

Al iniciar el mes de Febrero, uno de los problemas capitales que gozaba de una inminente solución, quedaba resuelto al quedar el agua potable funcionando casi en su totalidad, al resultar las fuentes de Nonguén y la planta elevadora de La Mochita habilitadas para acumular diariamente 5 mil toneladas de agua, que se creían suficientes para el restablecimiento de este recurso. Empero, mientras el servicio quedaba habilitado del todo, las personas podían recurrir a los grifos de las calles, que eran administrados por Bomberos y Carabineros. Esto ayudó también a que las condiciones sanitarias mejorarán, pero de todos modos la Dirección de Sanidad dispuso la vacunación obligatoria para todos los habitantes de la provincia, a tal punto que no se le permitió entrar o salir de la ciudad a ninguna persona que no contara con un correspondiente certificado.

Fue significativa la ayuda que se recepcionó desde otras provincias, que entre otras cosas aportaron con trigo, ganado y víveres de todas las naturalezas, los cuales fueron enviados al Almacén que se había instalado a los alrededores de los ferrocarriles. A su vez, se le solicitó al Gobierno un mayor equipamiento para realizar las labores de demolición y remoción de escombros, para lo cual se enviaron 40 camiones para impulsar dicha tarea en las calles de la ciudad.

Durante el 1 de Febrero de 1939 se procedió a la demolición de las torres de la Catedral, que suponían un inminente peligro para la población. Pare este efecto, el Comandante en Jefe de la Plaza esclareció ciertas recomendaciones como: “El desalojamiento de las tres manzanas que rodean la Plaza Independencia a fin de prevenir accidentes y en el respectivo decreto que se ha dictado se dieron a conocer todas las seguridades que el público debe tomar para impedir desgracias”. Además de esto, se desalojaron las casas alrededor de la catedral con el fin de evitar desgracias lamentables por la eventual caída de un muro en mal estado debido a las ondas de la explosión.

Durante los dos días siguientes de Febrero, los trabajos de cañerías evolucionaban satisfactoriamente, y que además, se complementaba con el funcionamiento de baños públicos. Los servicios de transporte tanto ferroviarios como de vehículos motorizados dentro de la ciudad también fueron mejorando notablemente, ya que en el caso del primero se permitió el servicio de Concepción a Santiago, y en el segundo caso se levantaba el requerimiento de dichos vehículos, puesto que la labor de recolección de escombros de las calles, que eran el principal obstáculo para el desplazamiento de este transporte, comenzó gracias a la llegada de una remesa de camiones que había sido solicitada desde Santiago.

Se terminó también con el requisamiento de especies en cuanto al comercio, quedando el Libro de Comercio restablecido en todos los órdenes. La Comandancia en Jefe se reservó el derecho de calificar los precios de los artículos requisados con anterioridad a la fecha del 2 de Febrero de 1939 y se le pedía al comercio que remitieran cuanto antes a la Caja</st1:personname> Pagadora los vales que se habían otorgado por las mercaderías solicitadas en los momentos. Además, mientras se comenzaron con las labores de reconstrucción, se vigilarían los precios de expendio al público de los distintos artículos de consumo para evitar abusos que perjudicaran a la población. Se fijarían los precios de la harina, el pan y los diversos artículos de primera necesidad.

Por otro lado, y en cuanto al tópico de la sepultación de cadáveres en el cementerio de Concepción tras la catástrofe, se les solicitaba a las personas que hubieran sepultado a algún fenecido sin haber registrado la inscripción de defunción en el Registro Civil, que se acercaran a dicha oficina a realizar los trámites correspondientes para evitar posteriores problemas y pleitos de índole sucesorio. Para esta disposición se dio un plazo de diez días a contar del mismo 2 de Febrero. Quien no lo hiciera sería sancionado con una multa de $50 pesos.

Debido a los constantes temblores y lluvias que agravaron la situación de las personas que habitaban en carpas en los paseos públicos de Concepción, el Comandante en Jefe ordenó el trasladarlo a los locales habilitados por la Comisión de Acantonamiento para que puedan estar en mejor situación mientras que el estado de emergencia pasaba. Con este mismo respecto, las cocinas que funcionaban en dichos locales, suministraron en total 4.500 raciones condimentadas, pero con la creación de cuatro cocinas más se llegaría a las 7 mil raciones, pudiendo aumentar esta cifra si las condiciones así lo ameritaban.

La construcción de pabellones se intensificaba tanto en el Parque Ecuador como en la Avenida Manuel Rodríguez, pero se hizo mención a la necesidad que había entre los particulares, quienes también participarían en la reconstrucción de sus viviendas, lo que el Gobierno, a modo de incentivar a los particulares, pidió propuestas por medio de la prensa local, para que los trabajos avanzaran más rápido. Pero además, el Comandante en Jefe realizó gestiones para crear grandes stocks de materiales de reconstrucción, trayéndose grades cantidades de madera, fierro, zinc y pizarreño a la ciudad.

Al 5 de Febrero las actividades de reconstrucción marchaban según el plan trazado por el Comandante en Jefe. Para asegurarse de cumplir el plazo estipulado en el plan, se crearon delegados especiales que recorrerían la zona sometida a la jurisdicción del Comandante en Jefe de la Plaza.

Un punto importante dentro de este informativo fue la declaración de la suma total que costaría la reparación de la provincia tras el terremoto, el cual dice: “La Administración de la IV Zona de Impuestos Internos ha dado término a la calculación de los perjuicios experimentados por la Provincia de Concepción durante el terremoto y el total de ellos asciende según estas reparaciones a la suma de $514.889.000 millones de pesos”.

También se conoció la situación del agua potable que se encontraba restablecida para un tercio de la población en los servicios particulares, pero una semana después este servicio volvía a funcionar en su totalidad y de manera normal. Además se emprendió la búsqueda de nuevos lugares para la construcción de más pabellones.

Los servicios de movilización urbana también se encontraban estabilizados, al restablecerse el servicio por las calles Maipú y Freire en dirección a la Feria.

En cuanto a la remoción de escombros del interior de las casas, la autoridad solicitó que se realizaran a la mayor brevedad posible ya que no se contaba con los medios suficientes de acarreo como para evitar que se obstruyera nuevamente el trafico, por lo que el Comandante en Jefe insistió al Gobierno que se le proporcionaran los medios necesarios para dicha labor.

Pero no todas las noticias eran de carácter positivo. Comenzaron a existir algunos problemas en la distribución de alimentos en las cocinas, ya que se notificó que varias personas con trabajo estaban haciendo mal uso de estas cocinas, lo cual es criticado por el Comandante en Jefe, puesto que la finalidad de las cocinas era socorrer a aquellas personas que carecían de recursos y de actividades productivas, por lo que las Visitadoras Sociales retirarían las tarjetas de aprovisionamiento, para redistribuirlas luego de una calificación hecha en cada cocina.

Sobre la situación de los empleos, se indicó que serían también las Visitadoras Sociales las que estarían a cargo de los talleres de costura que cumplirían una doble función; aumentar las posibilidades de trabajo y atener la necesidad de vestuario de la población. En cuanto a los obreros de las industrias que no habían sufrido perjuicios considerables, debían volver a encargarse de sus actividades, pudiendo ser obligados en caso de que no hicieran caso de esta medida.

Finalmente, con el transcurrir del 6 de Febrero, se terminó a la evacuación por mar, pero comenzó el abandono por tierra quedando dicha disposición así: “La evacuación de las personas que deseen abandonar la zona afectada por el terremoto podrá hacerse de la siguiente forma: las que pertenezcan algún servicio público, que deban salir por ferrocarril, deberán recabar la orden Ministerial correspondiente de su respectivo servicio. Las mujeres y niños menesterosos, ancianos o enfermos o inválidos tendrán reservado un carro de tercera clase, sin que se les exija pase alguno”.

Pero en Concepción emergieron las primeras infracciones por vulnerar la normativa establecida por concepto de venta de alcoholes: “Infórmese a don Cosme Obreque, domiciliado en calle Rozas N°99, de esta ciudad, una multa de doscientos pesos ($ 200.) que deberá pagar dentro del tercer día a contar desde la fecha del presente decreto en la Tesorería Provincial de Concepción y la clausura inmediata del negocio, por espender vino, contraviniendo así las disposiciones del Jefe de la Plaza”.

A su vez, otros, en cambio, no adoptaron la regulación de precios existente para la ciudad de Concepción: “Infórmese al comerciante don Waldo Lara, domiciliado en calle Rozas N°575, de esta ciudad, una multa de doscientos pesos ($ 50.) que deberá pagar dentro del tercer día a contar desde la fecha del presente decreto en la Tesorería Provincial de Concepción, por anunciar en la pizarra de precios, al público el kilo de yerba a $5.20 y el trigo a $1.80 en contravención con lo dispuesto por el Decreto N°91, de 5 del actual, del Comisariato que fija en $5.00 y $1.70 el kilo respectivamente de los referidos artículos”.

También existieron dos productos que preocuparon a la opinión pública como lo fueron la venta de leche adulterada y el alza de los precios de los ataúdes. Sobre el primero de ellos: “Impónese a don Guillermo Vargas, domiciliado en el fundo “Las Monjas”, Carretilla N° 181, una multa de cincuenta pesos ($ 50) que deberá pagar dentro del tercero día a contar desde la fecha del presente decreto, por espender leche adulterada (aguada al 25%). La próxima denuncia será sancionada con prisión”. Y sobre las ataúdes: “Impóngase a la firma Pompas Fúnebres Urrutia, domiciliada en Calle Maipú esquina de Aníbal Pinto una multa de doscientos pesos ($ 200) que deberá pagar dentro del tercero día a contar desde la fecha del presente decreto, por espender ataúdes a precios que este Comisariato estima prohibitivos. La próxima denuncia será sancionada con prisión”.

Sin embargo, la situación más importante que intentó plasmar la administración local fue el rápido reanudamiento de las actividades comerciales en la ciudad de Concepción, a pesar de todos los daños y perjuicios del desastre cerca del primer mes de ocurrida la tragedia en los sectores industrial y comercial con visitas inspectoras para cada una de ellas.

Una detallada regulación sobre dichas actividades en Concepción se registró en Febrero: “Vistos la necesidad imprescindible de normalizar cuanto antes las diversas actividades del comercio y de la industria, como asimismo de la vida domestica; que la reconstrucción rápida de los edificios es el principal factor de normalidad; que debe propenderse a que no se produzcan conflictos sobre desocupación o sobre salario que puedan entorpecer las actividades de construcción; que la fijación de salarios de los obreros de esta rama de la industria es de capital importancia en las actuales circunstancias; que los patrones deben abstenerse de crear competencia fijando mayores salarios que los que se señalen; que los organismo creados por el Código de Trabajo en su artículo 44, inciso 2° no pueden fijar con la rapidez requerida los salarios mínimos por los plazos que señala la respectiva reglamentación”. Fue evidente que la regulación de los salarios para los trabajadores fue un tema importante que permitía reactivar las faenas económicas de la ciudad. Lo anterior se ejemplifica en el siguiente reglamento que prevería todas esas situaciones:

“El Jefe de, con el objeto de subsanar estos inconvenientes:

1° Mientras las Comisiones Mixtas de Salario Mínimo puedan funcionar, se fijan los salarios mínimos que a continuación se indican: carpinteros y albañiles quince pesos diarios; ayudantes de carpinteros y albañiles, doce pesos diarios; peones diez pesos diarios.

2° Los salarios fijados en el artículo precedente se entenderán por jornada legal de ocho horas pudiendo entenderse estas hasta un maximun de diez horas de conformidad con lo dispuesto en el art. 28 del Código del Trabajo.

3° Todos los obreros que pertenecían a una industria antes del día 24 de Enero deberán presentarse a sus respectivos patrones con el objeto de reintegrarse a sus labores.

4° Los obreros que se encuentren sin ocupación deberán inscribirse en la Inspección del Trabajo.

5° Los particulares que ejecuten trabajos de reconstrucción o reparación quedarán obligados a no pagar mayores jornales diarios que los que aquí se establece salvo el trabajo a trato que se pacte.

6° Las infracciones al presente decreto deberán denunciarse al Juzgado del Trabajo el que los sancionará de acuerdo con lo dispuesto en el Art. 90 del Código del Trabajo”. A pesar de todos los esfuerzos del Gobierno Radical para ejecutar gestiones que principalmente procuraron por el normal ejercicio de las actividades, éstas solo se presentaron a nivel local desde una primera instancia, pero no preferentemente desde un organismo central en sus primeros días”.

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