La venganza de los patriotas

Diario de lectura (5)

Gonzalo Darrigrand
Jul 20, 2017 · 4 min read
Acuarela de Bernardo O’Higgins, El Batallón Numancia recibe la Bandera del Ejército Libertador al momento de pasar el puente de Huaura (diciembre de 1820).

La venganza… ayer leí en las Noticias secretas… el asesinato de Monteagudo. Don Bernardo fue atravesado por una cuchilla que le partió el esternón y salió por la espalda. Bolívar armó una comisión investigadora y encontró que fue un negro el que asesinó a Monteagudo. La primera pista fue la cuchilla, que de tan afilada sólo podía ser una cuchilla de peluquero. Tras esa pista y mediante interrogatorios que no excluyen la tortura, el negro confiesa. Hacia el final del relato, el narrador deja entrever que hubo cierto contento popular tras la muerte del patriota jacobino. Veremos cómo resuelve el tema Bonasso a lo largo de su novela.

El capítulo 8 se concentra en el relato de la “Operación Cervantes”. Abre con una carta de amor de Lucía Gana a Monteagudo acompañada por observaciones del narrador, “Lamió el sobre con la lengua de gato, deliciosamente áspera, que tantas veces había saboreado del doctor Monteagudo…”, todo muy mersa, como cada vez que el autor relata amoríos.

Parte de la estrategia del Plan libertador se basó en la compra de voluntades y en la seducción femenina de los mandos del ejército realista, por ejemplo, del batallón Numancia. El autor utiliza como fuente para su relato, el Boletín del Ejército, que Monteagudo imprimía para dar a conocer los avances del Ejército Libertador. El virrey Pezuela no puede contrarrestar la guerra de zapa que le realiza el ejército libertador y sufre un golpe de Estado. En su lugar es nombrado el General José de la Serna como nueva autoridad máxima del Perú. Junto a De la Serna, también llegó la peste.


Óleo de Juan Lepiani que representa la entrevista de Punchauca, entre el virrey del Perú José de la Serna y el Libertador José de San Martín.

En el capítulo siguiente, se relatan los contratiempos que genera la peste, entre ellos, el de haber enfermado al propio San Martín. La fuente para este relato parece ser, en este caso, un diario de la peste escrito por el propio Bernardo de Monteagudo.

Estado actual de la antigua Casa-hacienda Punchauca.

Notablemente, el 03 de junio de 1.821, se reúnen La Serna y San Martín a conversar sobre el desarrollo del enfrentamiento. La propuesta del General en Jefe fue declarar la independencia del Perú a cambio de una monarquía constitucional. Una propuesta para ganar tiempo. Fue el capítulo 9, “Punchauca”, lugar donde se reunieron a conferenciar.


9 de julio 2821, el Ejército Unido entra en Lima

Una parte del capítulo 10, “La breva madura”, relata los amoríos de Monteagudo en San Luis con Melchora Pringles, episodio que también es comentado hacia el final del capítulo 2 de las Noticias Secretas de América. Los detalles de los encuentros y las conquistas son todos obsoletos, a las mujeres enamoradas se las llama “presas”, hay lealtades y prioridades para con los jefes cuando llega el momento de calcular cuál de las “presas” es posible llevar a la cama. Todos los detalles son muy berretas en este tipo de descripciones que presenta el autor de la novela. Más adelante, en el capítulo que sigue, puede leerse:

Carmen y Rosa también habían caído en el delirio. El vasco le dijo en voz baja [a Monteagudo]:

-Me parece que Don José nos va a robar las queridas.

Monteagudo asintió.

-Por algo es el Jefe. Es más, habría que propiciarlo.

El 9 de julio de 1821 cae Lima como “una breva madura”. Inmediatamente después el ejército ocupa el Callao. La Serna y las demás autoridades administrativas y militares se habían trasladado al interior del Perú para reagruparse.


“El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!” José de San Martín, el 28 de julio de 1821

El capítulo 11 se concentra en “La fiesta” de la independencia. Se lee una descripción de la actitud corporal del General San Martín que se puede observar en el cuadro de arriba:

“Allí, los principales de Lima y el país se habían abierto en semicírculo para dejar en el centro y delante de todos al Protector, que sostenía en su mano izquierda el estandarte plegado, al lado del famoso sable corvo que pendía de su cinto. Con la mano derecha alzada, el General en Jefe reclamaba silencio.”

Lo interesante del capítulo es cómo se narra la importancia de los símbolos en épocas de transiciones, símbolos que abarcaban desde la bandera diseñada por el General en Jefe hasta la vestimenta que el libertador del Perú utilizó durante la cena organizada para festejar el triunfo. San Martín sabía vestir de dos maneras, a la manera más austera en los cuarteles y en combate y a la manera más cortesana en los salones, comprendía perfectamente que cada ámbito tiene códigos propios con los cuáles ganar la voluntad de los demás.

Acá termina no sólo el capítulo 11, sino también la primera parte, “La quimera”.


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