Ella

Anita Bouzón Vittar

Ella no lo sabia. No podía saberlo. Estaba concentrada en sentir el aire que le daba en la cara.
En amar en un abrazo, en descifrar las miradas que se cruzaba por la calle.
En las sonrisas, en los gestos de los que aman mucho con muy poco.
Era buena en saber si aquellos que iban caminando al frente se amaban.
Observaba largos ratos desde la mesa de un café, la forma en que un padre miraba a su hija, con los ojos perdidos en la belleza que todo padre encuentra en su hija.
Deseaba que un día, quizás alguno, alguien la mire así. Con esos ojos que ven perfecto lo imperfecto.
Ella quería que la quieran. Sabia mucho de querer, porque ella lo hacia: incondicionalmente y con toda el alma.
Sabia querer solo mirando a los ojos.
Lo que no sabia era que alguien, que todavía no había visto, iba a quererla apenas viéndola reír desde lejos.
Pero todavía no lo sabia. No podía saberlo