Yo también los he visto. Señalan con un dedo puntiagudo y recto, a este, aquel. Acto inmoral, etiquetas de todos los colores. Hay una para cada uno, pero como son tantos, a cada unito que se parezca lo juntan, en grupo y les colocan una sola. Negros de mierda, decía esa. Putas, las de allá. Y por allá están la mala junta. Los zurditos, los chetos, vio? Hay para todos los gustos.

«Cada uno elige» justificando la comodidad de juzgar señalando y acomodando quieto to a cada uno, que no se me mezcle aquí con la gente como la gente.

Eligen. Como si se pudiera. García Márquez, reprochaba la misma ilusa creencia comparando el amor con un rayo que te cruza y te parte los huesos. Poético, podrás decirme, pero nada más poético que el dolor. El dolor, el miedo, él hambre. La soledad. Quien nos enseñó a pensar, que es distinto, que se elige, que podemos entre un sin fin de posibilidades elegir entre antagónicas opciones que nos llevan al éxito de los más altos o al fracaso más oscuro.

Por cada una de nuestras acciones, vamos a pagar una culpa porque así la vida lo exige. Y créanme que lo hace.

Pero nunca, ni por un instante, crean que somos completamente libres.

Con ese credo entonces, entender, que en el fondo, salvando matices y tonalidades todos tenemos un poco de aquel.

Todos somos.

Somos todo, menos libres.

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