Inspirado en “About Face” de Cooper

Los tres factores del éxito de un producto digital

Los diseñadores también somos desarrolladores de software

Es ampliamente aceptado que el éxito de un producto digital depende de tres factores que a mi me gusta repetir como un mantra. El producto debe ser:

  • Viable
    ¿Deberíamos hacerlo? ¿Es rentable económicamente?
    Parece que estamos hablando de Negocio: el iniciador de la mayor parte de los proyectos digitales. La visión y la priorización para conseguir las metas propuestas.
  • Construible
    ¿Podemos hacerlo? ¿Cómo lo construiremos?
    Podría considerarse que aqui hablamos de Desarrollo en todas sus áreas: infraestructura, devops, programación, arquitectura interna, performance… La forma de construirlo y los medios técnicos capaces hacer funcionarlo.
  • Deseable
    ¿Cómo se inserta en las vidas de las personas?¿Lo volverías a usar y lo recomendarías a otras personas?
    Parece que aquí entra en juego el Diseño que se ocupa de la parte cognitiva y emocional en la relación con las personas: el uso del producto y la percepción que tiene el cliente con la marca.

Las compañías más exitosas los conjugan a la perfección. La clave de la innovación, del éxito y del valor de un producto digital está en armonizar estos tres aspectos.

Y cuando hablamos de armonizar, no hablamos de hacerlo en abstracto, sino de hacerlo para una empresa concreta y en un momento concreto. Es un proceso de adaptación que evoluciona con el contexto: con el mercado, con la sociedad, con las posibilidades técnicas, con el momento y capacidades de la empresa en ese momento concreto.

En cada factor que parece que hablamos sólo de un área concreta: viable-negocio, construible-desarrollo y deseable-diseño. Y, aunque hay una clara especialización en cada área, sin embargo, pienso que es un reduccionismo el hecho de que una sola área se centre sólo en un factor y puede crear separaciones . Creo que cada área debe evitar ser miope y debe mirar con perspectiva, teniendo en cuenta los tres factores.


Al empezar a colaborar con equipos de desarrollo de software, me sorprendió encontrar que, parte de su literatura de referencia acerca de desarrollo ágil de software, habla de negocio + desarrollo. Mi escepticismo se activaba al comprobar que el diseño estaba ausente en sus discursos.

Por ejemplo, en los principios del manifiesto ágil, se habla de: “Los responsables de negocio y los desarrolladores trabajamos juntos de forma cotidiana durante todo el proyecto”“Los promotores, desarrolladores y usuarios debemos ser capaces de mantener un ritmo constante de forma indefinida”. Y en los valores del Extreme Programming podemos leer: “Developers respect the expertise of the customers and vice versa”. Y el término Three Amigos ,originalmente, hace referencia sólo a “Product Owner, a Developer, and a Tester”.

Una de dos, o el diseño está fuera de la ecuación y es el gran ausente de la cultura de desarrollo de software, o bien, el diseño forma parte del equipo de desarrollo.

Mi forma de percibirlo es inclusiva: efectivamente, los diseñadores somos profesionales del desarrollo de software en pleno derecho, pero hay una brecha que ha de ser salvada. Es algo que viene de largo, es algo complejo y que está muy profundo en sus diferentes raíces y culturas.

Pienso que los que se dedican a programar deben entender que los diseñadores (de experiencia de usuario, de interacción, gráficos, redactores y estrategas de contenido…) son parte del equipo de desarrollo y para que el producto conjugue los tres factores (viable, construible y deseable) debemos de incluirlos.

Al mismo tiempo, pienso que los encargados del diseño deben salir de su silo, deben dejar de pensar que sus diseños son una forma de planificación que alguien deberá más tarde construir de forma desconectada. Deben tocar el material: no tienen porqué saber programar, pero sí mirar el código, manejarse con el control de versiones, adoptar todo el conocimiento práctico que viene de las metodologías ágiles que se desarrollaron inicialmente con los programadores y hacerlas suyas. Deben aprender los procesos de construcción y aportar la parte empática, la visión centrada en las personas que van a usar el producto, la creatividad para comunicar y hacer sentir.

Y por último, pienso que los responsables de negocio deben incluir en sus prioridades los tres factores, especialmente el hecho de que el producto debe ser “deseable”. Y el producto no será deseable si la estrategia de contenido y el diseño no está valorado e incluido en el equipo de desarrollo, si está subcontratado de forma puntual o bien aplicado al final de forma torpe.


Curiosamente, cada área ha desarrollado, al mismo tiempo e influyéndose entre sí, métodos prácticos para adaptarse al cambio. Es un conocimiento que surge de la experimentación, de la mejora contínua y de la práctica real. Por ejemplo, los expertos en negocio han juntado diferentes métodos para formar el lean startup. Las comunidades de desarrollo han extendido el uso de las metodologías ágiles, la cultura del software libre y movimientos como el software craftsmanship. A su vez, el uso del design thinking se ha popularizado entre los estudios de diseño, las startups y las grandes compañías como IBM.

Para mi, la popularización de todas estas metodologías son la cristalización de esta visión que aúna los tres factores. Por eso me gusta ver esta idea como una buena base para entender mi papel en el desarrollo de software y la relación con mis compañeros.