Sketches de Guillermo Latorre

Mi experiencia en la UX Spain 2016

Esta ha sido la primera vez que asisto al evento UX Spain.

Fui sin ninguna expectativa ya que siempre me he considerado en tierra de nadie, con un perfil demasiado mixto para considerarme dentro de ninguna disciplina. A veces, he tenido la sensación de que la frase “Quien mucho abarca poco aprieta” se diseñó para mi. Mi mayor duda era saber si yo podría encajar en ese ambiente de los autodenominados diseñadores UX.

Decidí ir solo al evento y fue muy grato encontrar a compañeros de viaje con los que había coincidido recientemente en mi ciudad o haciendo desksurfing.

Guillermo Latorre me contó en la barra de la fiesta de bienvenida, que típicamente había dos tipos de profesionales que acudían a este evento. Por un lado, auténticos especialistas en la UX que se habían especializado mucho en ello y por otro lado muchos profesionales mixtos que veníamos de fuentes diversas y que era difícil catalogarnos en una sola especialización. Al día siguiente, Javi Loueiro, en su charla, apostó como una buena estrategia, de cara a tener más oportunidades de trabajo en el futuro, el saber un poco de muchas cosas (no sólo mucho de una).

También comprobé la primera noche que se encontraban varias personas que, a distancia, habían sido una referencia para mi, en mis comienzos. Como Javier Cañada (por el cual empecé mi blog en 2001) o Álvaro Ortiz, cuyo blog visitaba con frecuencia cuando empecé a trabajar de diseño web.

UX siempre me ha parecido un término demasiado amplio como para asumirlo alegremente para una práctica profesional. Si hay que usar un sólo término, prefiero la palabra diseño, en un concepto amplio. Hago diseño, o al menos intento hacerlo de la mejor manera posible. Y eso me ha llevado a aprender a construir y a definir lo que se va a construir dentro de unas limitaciones para entender porqué, el qué y cómo construirlo.

Desde el principio tuve una ligera sensación de ser alguien que se ha colado en una fiesta a la que no ha sido invitado. Me atrevería a decir que esa misma sensación la han tenido muchas otras personas, incluso quizás, algunos de los conferenciantes del evento. Por eso mismo, creo que puede ser interesante hacer una crónica desde mi punto de vista como alguien que se acerca de nuevas a este evento.


Humanismo.

A medida que fue avanzando el evento y las conferencias, sentía que la disciplina de UX podría considerarse como un cierto humanismo en el diseño y la tecnología. Pone al usuario y sus necesidades en el centro.

Lo pudimos escuchar en las charlas de Jonathan Chacón hablando de accesibilidad desde el principio, sin parches. Lo vimos en el fantástico trabajo que está haciendo Cristina Bustillo con el equipo del Hospital Sant Joan de Deu. Nos lo contó Mercé Graell al darnos claves de su experiencia práctica en el diseño participativo con todo tipo de personas, nacionalidades y edades. Y nos lo contaron, de una forma deliciosa, Marina Lorenzo y Ana Carrascosa, cuando nos invitaban a comunicar de una forma en la que se pueda construír una experiencia positiva de entendimiento entre las personas.


Máximo beneficio

Pese a ese posicionamiento positivo de poner el foco en las personas en la práctica de UX, a menudo, al usuario se le considera como un alegre consumidor en un mercado dominado por las marcas. La charla de Boris Rodríguez, mejor o peor articulada, era un fiel reflejo de este hecho.

Las marcas son la cara visible, la personalización de una empresa. Muchas de las empresas que tienen departamento de UX son empresas que buscan la excelencia. Pero esas empresas también buscan el máximo beneficio económico.

Aunque Apple sea el abanderado de este giro hacia la experiencia de usuario, a poner a las personas en el centro de su estrategia, no duda en abocarnos a una obsolescencia programada, a un sistema cerrado y a un gasto innecesario. Muchos usuarios de un dispositivo Apple nos sentimos estafados por lo rápido que se degradan los cables de alimentación y lo rápido que nos obliga a comprar un alimentador nuevo que vale el doble que su competencia.


Cinismo

Esta cultura empresarial nos muestra como deseable el trabajar en empresas del más alto nivel, que son las que pueden tener a profesionales de UX en sus equipos de trabajo. Muchos de los asistentes al evento venían bajo el paraguas de esas empresas que les pagaron el viaje y hotel.

Mary Wharmby habló del hecho de que IBM haya contratado a más de 1000 diseñadores para transformar su cultura empresarial, lo cual es un síntoma del valor que la creatividad aporta a esas empresas. John Maeda apunta que varias de las startups más exitosas han sido cofundadas por diseñadores y tienen en cargos principales personas con perfiles multidisciplinares. A quien le interese que no se pierda esta conferencia. Eso, y eventos como el UX Spain nos dan una sensación de empoderamiento, de que lo que podemos aportar vale y mucho. Que tenemos un poder transformador.

Raquel Pelta, dió una clase magistral de historia del diseño y nos habló de la supuesta capacidad de transformación social del diseñador. Ella nos dió el ejemplo de cómo el microondas era el responsable de una transformación de la vida familiar en los Estados Unidos (al aportar autonomía permitiendo comer de forma individual a horas diferentes, lo cual había roto muchas de esas familias), pero también acertaba a ser prudente a la hora de medir la verdadera capacidad de transformación, que era algo difícilmente medible o comprobable.

Hay una cierta borrachera de trascendencia en la profesión, pero es un estado transitorio, que luego da paso a una cierta desazón. En el fondo hay algo que no acaba de funcionar en muchos de nosotros, que trabajamos en oficinas que tienen frutas frescas cada día en el office y mesas de ping-pong en la sala de recreo. Hay un cinismo que empaña la visión de nuestro trabajo. Se acaba destilando ácido en la relación con nuestros clientes o en los proyectos de alto vuelo.

De eso mismo se quejaba Keko Ponte, y no le faltaba razón. Él reclamaba el recuperar los valores más positivos, los que nos motivaron realmente a dedicarnos a esto. Los valores duraderos y sostenibles para nuestra propia vida y trabajo. Como dice mi amigo Alex Dobaño: “Sin amor no hay diseño”. Amor por el trabajo, por los clientes y los proyectos.


Encontrar un sentido

Álvaro Ortiz fue todavía más explícito al recordarnos que debemos diseñar una buena experiencia de usuario de nuestra vida. Y también fue el más lúcido al apuntar a la falta de sentido en los proyectos a los que nos dedicamos, a los que ofrecemos todo nuestro buen hacer, nuestra maestría y creatividad.

Álvaro Ortiz hablando de hacer la UX de nuestras propias vidas

Todos hemos vivido en primera persona experiencias como el 15M u otras demostraciones sociales. Y podemos dar fé, que el empoderamiento que se vive en esos momentos es más coherente al que sentimos con un trabajo bien hecho para una marca. Porque están dotados de sentido, de propósito. Porque no hay marcas, no hay éxito, no hay ego y no hay dinero, sólo personas y afectos. Y porque están alineados con nuestra creencia de que si no cambiamos lo que nos rodea, todo se degradará.

Cuando mucha gente escucha mensajes como el de Álvaro, que propone cambiar el contexto a mejor, enseguida se escuchan mensajes benévolamente escépticos. “Muy guay, pero ¿Cómo puedo vivir de esto?”. El evitar las desigualdades, el dar la palabra a todos y el evitar el desastre medioambiental es algo que ya está destruyendo nuestra calidad de vida.
 Así que la pregunta no debería ser “¿Cómo puedo vivir de esto?” sino “¿Cómo podremos vivir si no hacemos algo para evitarlo?”, o si pongo el foco en mi trabajo, “¿Cómo podré mantener a la larga la ilusión por mi trabajo”. En el fondo, pienso que de esto estaba hablando en su conferencia.


Nerea de la Riva @nereairiepa en UXSpain 2016

Capacidad de elección

Al final, mi sensación es que nos enfrentamos a decisiones personales. Todo se reduce a nuestra libertad para decir si o no a oportunidades que se nos ofrecen, a trazar un plan de vida en la medida de nuestras posibilidades.

Esa libertad la vimos, magníficamente representada, en la emotiva charla de Nerea de la Riva. Una charla, que, lamentablemente, muchos se perdieron al tener que salir pitando para hacer el viaje de vuelta.

En ella, Nerea nos mostró su trayectoria personal, lo que había aprendido siendo una niña interesada por la robótica y por la enseñanza. Cómo fue creciendo mientras aprendía su pasión de los robots y luego la enseñaba a niños. Nos contó que su condición de mujer no le resultaba un impedimento y que le incomodaba sentirse diferente al resto por ser mujer en un entorno en el que la mayoría son hombres. Nos mostró sus logros y sus fallos y su vocación de educadora desde una edad muy temprana.

Su charla mostró un ejemplo de persona que ante un contexto, elige lo que le hace mejor, lo que alimenta su pasión y le da sentido. Un ejemplo de libertad a la hora de elegir lo cual enlazaba con lo lo que hablaba antes de encontrar un sentido.

Todo eso hemos visto en este evento y muchas cosas más.


Volveré

Estoy convencido de que el año que viene, si el bolsillo me lo permite, volveré a asistir. Aunque sigo con la extraña sensación de no acabar de encajar del todo.

Vuelvo inspirado, nutrido de experiencias, sobre todo personales, de la gente con la que he compartido estos días en el evento y de copas. Un evento en el que la calidad del contenido, los ponentes, la ciudad de Burgos, y, sobre todo la organización, han sido los protagonistas.