Hay amores que curan 🐶❤️

Soy María, CEO de Gosi y estoy entusiasmada. Cuántas ganas tenía de poder decirlo así, alto y claro: ¡Inauguramos Blog! Son muchas las cosas que queremos compartir con vosotros, pero sobretodo queremos crear este espacio para que seáis vosotros los que habléis.

“Nadie conoce mejor la vida con un peludo que aquel que tiene la suerte de compartir su vida con uno”.

No quiero ponerme romántica pero la cabra siempre tira al monte. A pesar de que yo me defino como una persona más bien hermética, tozuda, un poco mala-leche (*os recomiendo que veáis el monólogo de “Soy muy HdP” de Miguel Lago que me define bastante bien). Soy dura, dura. Pero es hablar de animalitos y más concretamente de perros y yo… me hago blandita, me deshago. Nada me conmueve ni me llega tanto como la mirada de mi perro Martín cuando llego cansada del trabajo y se tumba a mi lado, con su cabezota apoyada en mi mano dejando caer esos enormes papos de bóxer que le caracterizan y transmitiéndome una paz y un amor superlativo… y en esos momentos me doy cuenta de que, de verdad, si todo lo demás desapareciera y de repente no hubiese nada más, él me bastaría para ser feliz.

Y sé bien que todos vosotros sentís lo mismo con vuestros peludos. Esa sensación de felicidad cuando los miras jugar en el parque con otros perros, cuando antes de meterse en un charco enorme de barro te mira como diciendo “mami, no puedo evitarlo” y se mete de golpe y tú te quedas con una cara, de entre enfadada y muerta de risa, pensando “así no entras en casa”

Hay amores que curan y a mí, Martín me ha curado y salvado cientos de veces.

Me gustaría compartir nuestra historia con vosotros, como llegó Martin a mi vida y cómo me la ha cambiado.

Es un mestizo de bóxer, sevillano y por eso quizá tiene “tanto arte”, (esa picaresca al hacer las cosas y conseguir que no te enfades con él y la manera que tiene de trotar, alabada en más de una ocasión). Yo vivía en Granada y mi novio de por aquel entonces me lo trajo de una perrera de Sevilla. No tendría ni un mes y era más bien feucho, -hay que admitirlo-: una cabeza enorme para un cuerpo tan chiquitín. Nunca olvidaré el momento en que bajó de la furgoneta y me lo dejó en brazos. Entonces no entendí que aquello iba a cambiarme la vida.

Pasaron los meses y la adaptación fue más dura de lo que yo esperaba, los cachorros necesitan atención continua, son súper juguetones y este tenía especial interés en comerse todas las plantas y las paredes de la casa. Y hasta el día de hoy sigue comiéndose alguna que otra. Sin embargo, todo aquello estaba lleno de momentos dulces. Despertarse por la mañana con sus rascones en la puerta y los mimos matutinos, el concepto café & paseito, con Martín subiendo por el Paseo de los Tristes hasta llegar por un caminito al río Genil y darnos esos baños a los pies de la Alhambra, los momentos tan divertidos en el veterinario @CVGALAPAGO (porque no sé si a vuestros perretes les pasa, pero el mío adora ir al veterinario), el primer día que subimos a la sierra y jugó con la nieve, las noches en las que se dormía escuchando Chopin al piano…

La historia parece dulce pero no todos los momentos han sido así. Hay capítulos de la historia que preferiría no haber vivido, pero que sin duda nos han enseñado mucho y nos han traído al momento actual.

“Con Martín he vivido dos grandes momentos de angustia: cuando me lo robaron y cuando lo perdí”.

Hoy os quiero contar la historia de cuando se perdió, a raíz de la cual nació Gosi. Sucedió el año pasado, en Valencia, mientras estábamos paseando por la noche en el río. Sobre las 21h es la mejor hora para bajar porque bien sabemos los papás perrunos que entonces la policía deja de pasar por allí y te libras de una buena multa, además de que hay mucha menos gente y ellos pueden disfrutar y corretear libres por la hierba y darse un chapuzón en la fuente frente al Palau de la Música. Me despisté 3 segundos y ya no estaba. Empecé llamándolo por la zona por la que solemos pasear y acabé corriendo por el río llamándolo desesperada. Hice venir a mi hermano y a algunos amigos para buscarlo y nos dividimos varias zonas del río. Pero se hicieron las 4am y Martín no aparecía. Volvimos a casa completamente abatidos. Recuerdo que no pegué ojo esa noche haciendo los carteles de “Perro Perdido” y buscando en Google qué debía hacer y cómo podía encontrarlo.

El día siguiente fue idéntico. Mi familia y mis amigos ayudándome a colgar carteles, peinando el cauce de nuevo; fuimos a la Policía, dimos avisos en las perreras por si alguien lo encontraba que nos avisase… y nada. Yo estaba completamente destrozada, creía que no lo encontraríamos y pensaba en lo mal que debía de estar pasándolo él, en si lo habría encontrado alguien y se lo habrían llevado, en si lo cuidarían o lo usarían como perro de peleas como hacen con muchos, en si estaría sólo, asustado y hambriento, en que podría haberle pasado algo mucho peor y haber sido atropellado… Me sentía fatal y desde luego muy culpable. Y no sabemos cómo, pero la tercera mañana buscándolo ya con muy pocas esperanzas, (las primeras 24h son siempre las más cruciales), lo encontré debajo de un contenedor, no muy lejos de la zona en la que solemos pasear. Os lo podéis imaginar… mis lloros abrazando al perro tirada en el suelo al lado del contenedor. Martín que se acercaba súper despacio, arrastrándose por el suelo como cuando sabe que ha hecho algo que no está bien. Estaba muy sucio y un poco raquítico pero sin heridas. Estuvimos así un rato hasta que me curé del disgusto y vuelta a casa, mucha comida, baño de agua calentita y a dormir en su cuna hecho un ovillo.

Me dije a mí misma “esto, una vez y nunca más”, y así nació Gosi. Entonces estaba yo cursando el Máster en Emprendimiento y Liderazgo en EDEM, comencé a desarrollar el proyecto y a estudiar el mercado. Si esto me había pasado a mí, podía pasarle a más gente y ante un problema tan grave había que encontrar una solución. Manos a la obra. Descubrí que 1 de cada 3 mascotas se pierden a lo largo de su vida según estadísticas oficiales del INE, por cualquier tipo de motivo. Piénsalo: el olor de un gatito o algo que les llame la atención al tener el olfato tan desarrollado, un ruido fuerte que les asusta, bien sea dando el salto a una valla del parque donde los sacamos a pasear o haciendo un agujero en la verja del jardín porque es un escapista explorador que quiere ir a ver mundo… Son apenas unos segundos y ya lo has perdido. Pero nosotros íbamos a solucionarlo. Desarrollé la idea, formamos un equipo y aquí estamos, en una de las mejores aceleradoras de empresas de España, Lanzadera, nueve meses después y a pocos meses de sacar al mercado la primera “hornada” de producto para que nadie, nunca más, tenga que pasar por esa situación.

Como podéis ver, Gosi nace de un problema real y de la mano de personas que adoramos a los animales y que entendemos cómo cambian y complementan nuestras vidas. Os animamos a que nos contéis la historia de vuestros peludos, (ya estamos recibiendo historias preciosas y súper divertidas), para que podamos crear comunidad y conciencia sobre el respeto y amor hacia la naturaleza y los animales.

Gracias por leer nuestra historia, Martin os manda desde debajo de la mesa del escritorio un choque de patas canino 🐾

María & Martín.

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