Moriremos en el intento
Yoooo…. yoooo…. yo nunca hablé de eso antes; yooo… yo contestaba esto siempre a la misma preocupada y curiosa pregunta: -de la chingada, estuvo de la chingada- yooo… yo pensé que jamás tendría que hablar de eso, já.
Cuando me invitaron pensé, me están pidiendo que hable delante de un teatro y una cámara de algo que me va a hacer llorar, I don’t think so… pero era TED…
Los meses que siguieron al terremoto fueron duros, los peores de mi vida. Me despertaba cada madrugada con pesadillas sobre el cuerpo del niño sin cabeza junto a la pierna (solo la pierna) de un adulto. Las primeras semanas trataba de volver a dormir hasta que resignada entendí que me tocaba llevar vida de monje y empezar la hora-nalga de meditación a las 4am, llenando mi cabeza de trabajo durante el día y de nerviosismo en las tardes por una plática que cada que la ensayaba me hacía llorar.
El principio de la plática es anecdótico pero el resto es reflexión y yo no estaba ni cerca de sentirme capaz de darle sentido; ahí andaba aturdida, con el alma pesada de las tragedias absurdas, la cabeza llena de trabajo, el cuerpo cansado por las pocas horas de sueño y hasta con el corazón decepcionado por un refe cafa brofón.
Hasta que una palabrita en mi vida pasó de conocimiento a enseñanza: vulnerable. Toda yo era (soy) una cosa vulnerable, expuesta, quebrada, insuficiente, (gross!); y pos ya, entendí que quedarte respirando la incomodidad de las sensaciones sin tratar de justificarlas, empoderarlas, esconderlas o emperifollarlas ES el camino poco glamuroso de la iluminación. Las horas de meditación son sólo el refuerzo para permanecer consciente y sin defenderte a la cabrona incertidumbre, desesperanza y aburrimiento que significa vivir.
Gracias x la tremenda oportunidad de hacer catarsis quebrando mi inmortalidad, uñas, sueños, expectativas, ego y corazón.
Y gracias infinitas a todas las personas que me ayudaron en este proceso. Vajrapani, Ven. Yusho, Majo, Xo, Erika, Germen, Elo, Ricardo, Fer, el maravilloso equipo TEDx AvDivDelNorte; y a mi familia y amigos que fueron al teatro a llorar conmigo.
