Paoli López
Feb 23, 2017 · 3 min read

La tendencia de siempre esperar lo peor.

Está tan dentro nuestro que no nos damos cuenta pero siempre estamos esperando lo peor, casi sin darnos cuenta.

El otro día pedí un taxi, siempre soy precavida (¿o paranoica?) Lo cierto es que siempre me fijo no dejar nada, esta vez por impulso simplemente pagué y me bajé sin mirar, sin dudar.

Después de hacer un sinfín de cosas y siendo eso de las 22:00, quise leer un poco antes de dormir y ahí es cuando comenzó todo. Me doy cuenta de que mi Kindle no estaba en mi mochila ni en ningún lugar.

Traté de pensar, pensar y repensar todo lo que hice, siempre evitando creer que se quedó en el taxi.

Antes de si quiera llamar a preguntar si encontraron algo, comencé a buscar en páginas de compra/venta una publicación en la que ofrezcan un Kindle (sí, así de dramática).

Como no encontré nada, llamo a consultar y la chica que me atiende medio ya mata mis pocas esperanzas y me dice «no creo más que encuentres, pero este es el número de móvil, parada y dirección. ¡suerte!”. Después de llamar como 20 veces y casi cansada de contar mi historia que obvio al final terminaban pensando «tu culpa es, para eso luego sos tan colgada». Incluso yo misma ya creía que era mi culpa e imaginaba a la persona que encontró re feliz leyendo mis libros, cargando nuevos, etc.

Al final me atiende un señor, yo de nuevo explicándole que es un Kindle, para que sirve, como es; a lo que me dice «ah tu celular, si encontramos, te llevamos más tarde» en ese momento de verdad ya estaba por llorar de la emoción.

Debido a contratiempos no pudieron llevarme, así que fui directamente a la parada a buscar, de nuevo un mundo de desencuentros y al final el señor llevó a mi casa el Kindle sano y salvo.

Antes de devolverme me dice, lo que me negaba a creer que iba a pasar «un pasajero encontró y me devolvió».

Sí, ese era mi mayor miedo, no creía que el taxista iba a robar, pero no confío en las miles de personas que suben al mismo.

Después que me dijo esto y de haberle dicho mil veces gracias al señor, me quedé pensando y recordé que no hace tanto tiempo, encontré un celular y le devolví al taxista (aunque desconfiaba de que le devuelva, me pareció que era lo correcto, supongo la persona que encontró mi Kindle pensó lo mismo).

¿Karma dharma? Lo que sea. No sé si creo eso, pero si creo que todavía existe gente. :)

De todas formas y volviendo al título ¿se dieron cuenta de cuántas veces estuve pensando/esperando lo peor de gente que ni siquiera conozco? Si imaginaron cosas peores, cuéntenme. (???)