Cuando seamos grandes

Yo la conocí cuando apenas teníamos la edad suficiente para entrar al kinder, cuando nos escondíamos detrás de nuestras abuelas, cuando nos hacían peinados ridículos y el mundo de las barbies era lo único que conocíamos mejor que nada, nuestra única preocupación era que se nos hicieran eternas las horas para no parar nunca de jugar. Siempre ha tenido esa mirada, la que te hace sentirte en confianza, la que te dice que todo está bien, esa que yo siempre extraño.

Recuerdo que soñábamos juntas, hacíamos planes, más de una vez dijimos “cuando seamos grandes” y acompañamos esa frase con metas que cada una tenía y que de alguna forma involucraban a la otra, eramos niñas pero siempre supimos lo que queríamos.

Fuimos creciendo y algunas cosas cambiaron, ya eramos conscientes. Reemplazamos las barbies por amigos, las “casitas” por las calles, descubrimos el mundo juntas, nos hicimos adolescentes juntas, nos convertimos en mujeres juntas y seguimos juntas. Ninguna de las dos ha llevado una vida de película, y de todas formas nunca quisimos una así. Le ha tocado echarle ganas a la vida, igual que yo. Si me caigo, ahí está ella esperando a levantarme con un “estoy orgullosa de ti” o un “confío en vos, sé que podes”.

Nos enseñaron que las cosas hay que ganarselas, si querés algo, trabaja por ello. Y en efecto, eso es lo que hacemos. Yo le digo beba lu de cariño, sabrá Dios de donde me inventé eso, de beba no tiene nada, siempre fue más valiente que yo y lo sigue siendo, es algo que siempre le he admirado, pareciera que nada le hace mal, es tan fuerte y apenas lo sabe. No vive en una burbuja, sale al mundo real a pelear por lo que quiere, sin importar lo difícil que sea, “Es que eso es algo que nadie me lo va a regalar” me dijo una vez y así es, todo lo que tienes es porque te lo has ganado, es porque te lo mereces.

Ya perdí la cuenta de los años que llevamos de conocernos, pero estoy segura de que fue el siglo pasado. No has cambiado nada amiga, yo tampoco cambié. Ya se cumplieron dos décadas, ya no hay vuelta atrás. Hoy, ya somos grandes.

Te tengo lejos físicamente y no puedo abrazarte pero te llevo conmigo siempre, a donde sea que vaya, me suena tu risa en la cabeza cuando en medio de la angustia, busco desesperada motivos para estar feliz.

Gracias por todo mejor amiga, feliz 25 de enero, te amo y te veo pronto.

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