Cómo conocí a Ibargüengoitia: diálogos con autores de ‘Nuevas instrucciones para vivir en México’

Gris Tormenta
Oct 21 · 8 min read

Paralelo al Hay Festival Querétaro 2019, Gris Tormenta presentó en la librería La Comezón su antología Nuevas instrucciones para vivir en México. Durante esta reunión, Mauricio Sánchez conversó con algunos de los autores que coincidieron ese fin de semana en la ciudad: José Manuel Velasco, Yuri Herrera, Eduardo de la Garma, Jorge Comensal, Julieta Díaz Barrón y Guillermo Núñez Jáuregui. Aquí compartimos algunos de los diálogos en donde reflexionan acerca de su relación con la obra literaria de Jorge Ibargüengoitia, cómo surgieron sus textos para la antología y las primeras impresiones del libro.

— — El primer acercamiento a la obra de Ibargüengoitia — —

Mauricio Sánchez: ¿Cuál es su relación con Jorge Ibargüengoitia?

Yuri Herrera: Nací en Pachuca, es decir, en la provincia, y una muy cercana al DF. Uno pensaría que por estar tan cerca es menos provincia, pero en algún sentido lo es más porque el DF está ahí enfrente y hace más evidente el contraste. Me molestaba que Ibargüengoitia creó la caricatura de la provincia, pero al mismo tiempo me gustaba porque a mí me agradan mucho las caricaturas y la que él diseñó era una bien hecha. Pienso que es momento de reivindicar ese acto, el derecho a burlar, a ridiculizar, pero hay que hacerlo bien y evitar lo que muchos estanduperos hacen: pensar que ser clasista soluciona cómo hacer humor; ahí hay una pérdida. En general veo que en la literatura mexicana hay intentos para recuperar este derecho —como lo hacen Antonio Ortuño y Juan Pablo Villalobos—, y, en ese sentido, Nuevas instrucciones es un libro necesario.

Eduardo de la Garma: Mi relación con él —similar a la de muchos otros autores en la antología— es que soy provinciano. Además, soy un lector tardío: recuerdo que en la biblioteca de mi abuelo encontré un montón de libros de Ibargüengoitia. Ahí descubrí que me gustaba mucho leerlo y que mi abuelo fue su compañero en la carrera de Ingeniería en la UNAM. Así que la relación que tengo con Ibargüengoitia es social: primero, para llevarme y tener de qué platicar con mi abuelo; segundo, para recomendar libros, porque soy librero. Me gustan libros que no a todos les agradan, libros raros, pero siempre que recomiendo los de Ibargüengoitia, la gente regresa por la siguiente sugerencia.

Además, comparto absolutamente esa parte de la caricatura que plasmó Ibargüengoitia: la cultura sucede en los bares, en los cafés, con el otro. Decir que la escritura se hace en compañía, en multitud y con el otro está de moda en la actualidad, pero en los setenta y ochenta no era un pensamiento popular.

José Manuel Velasco: Llegué a Ibargüengoitia por su dramaturgia. Recuerdo que ayudé a mi hermano a estudiar los diálogos de una obra de Ibargüengoitia que montaron en su escuela. Luego, cuando ya trabajé en el teatro, participé en la puesta en escena de otra de sus obras. También tengo recuerdos de mis primeras lecturas de él: en la preparatoria encontré una versión antigua de Relámpagos de agosto en la biblioteca de mis padres. Fue en ese momento que empecé a leerlo. Además, me sentía muy identificado con la crítica que él hace del teatro, esa franqueza y soltura para satirizar lo que observaba.

— — Detrás de los textos: anécdotas de los autores — —

Mauricio Sánchez: ¿Cómo surgió el texto que escribieron para la antología de Nuevas instrucciones?

Jorge Comensal: Mi texto en esta antología se llama «Monumentos para morir en México». En él menciono que la capacidad mexicana para crear monumentos feos es muy notable y merece ser estudiada y premiada y fomentada con presupuesto público. Además, escribí hace poco una biografía del biólogo Isaac Ochoterena, que está enterrado en la Rotonda de las Personas Ilustres en el Panteón Civil de Dolores. La visita a la Rotonda fomentó mi reflexión sobre las tumbas y terminé plasmándolo en mi escrito. Por si fuera poco, este es un texto muy importante para mí porque es mi testamento funerario. Aquí dejo asentado que no quiero ser incinerado, digo por qué y digo cómo quisiera que fuera mi tumba.

Yuri Herrera: Llegué a los dieciocho años a la Ciudad de México. Pachuca, en especial en mi época, era un lugar donde, por más lejos que fueras, podías gatear de regreso a tu casa; no era una ciudad donde ibas a extraviarte. Para mí, la Ciudad de México era una ciudad donde verdaderamente podías perderte para siempre. En ese tiempo, cuando salía con mis amigos, ellos me explicaban más o menos en dónde andaríamos, por ejemplo: Neza o el centro de Tlalpan, y yo decía: «¿Pero cómo vamos a regresar? Uno no puede caminar desde allá». Y esto se repetía mucho.

La historia que aparece en el libro («Variaciones sobre la Epístola de Melchor Ocampo») sí me sucedió. Como narro en el texto, un amigo y yo amanecimos en medio de botellas y latas en casa de un tipo que apenas conocíamos. Esa clase de situaciones fueron mi primera relación con la Ciudad de México: amanecer en casas donde no conocía absolutamente a nadie. En el texto continúo relatando que la prometida del dueño de la casa llegó muy enojada porque él todavía no estaba vestido para la boda —se casaban ese día y no se lo había dicho a nadie—, y él quería que mi amigo y yo fuéramos sus testigos —ni siquiera sabíamos su apellido, solo su nombre. Ya en el registro, su prometida trajo unos parientes para que fueran los testigos: no iba a permitir que unos extraños lo fueran. Todo eso sucedió. La Ciudad de México es espacio para cosas verdaderamente inverosímiles cuando uno ha vivido en un lugar donde puede gatear de regreso.

Julieta Díaz Barrón: Yo tenía tres posibilidades sobre lo que quería escribir. Este año murió mi tía abuela de 106 años, una persona muy importante en mi vida. Fue una experiencia absolutamente trágica, pero durante su funeral sucedió cada cosa, como que el tipo que nos guiaba no sabía dónde estaba la tumba. Entonces pensé en escribir de esa situación. Por otro lado, acababa de pasar el día de las madres, que yo detesto —soy madre—, y también pensé en hacer mi texto de eso. Pero descubrí, conversando con Jacobo Zanella, que si hubiera optado por alguno de esos dos temas, no me hubiera salido de forma natural un escrito que tuviera que ver con el humor.

Lo que escribí en mi texto no es hiperbólico; se titula «En busca de la escuela ideal», y lo que cuento ahí me pasó, entonces creo que sí funciona como una lectura real de nuestro México. Comparto lo que dice Tedi López Mills en el libro: este país es chusco. Creo que aquí se ve.

— — ‘Nuevas instrucciones’ en el panorama contemporáneo — —

Mauricio Sánchez: Guillermo, como crítico de literatura, ¿crees que Nuevas instrucciones aporta al panorama actual una reflexión relevante?

Guillermo Núñez Jáuregui: Sin duda. A mí me gusta la continuidad del catálogo de Gris Tormenta. En la colección de Disertaciones tienen antologías que nacen de preguntas potentes y que no son exactamente libros-homenaje a un autor. Nuevas instrucciones tiene una hermandad con otra de sus antologías, Lo infraordinario. En ambos veo una estrategia de volver a ver cosas que creemos que ya hemos visto lo suficiente, pero, al volverlas a visitar, generan algo nuevo.

Este libro me hizo redescubrir a Ibargüengoitia, porque yo creía que él solo era un autor humorista, no lo percibía como un autor satírico. Creo que se le ha encasillado en el autor chistoso y divertido, pero también puede ser duro. Él tenía la capacidad para darle la dimensión exacta a las circunstancias. Creo que varios autores en esta antología operan con las mismas estrategias que usó Ibargüengoitia: no contar solamente la anécdota chistosa sino encontrar lo satírico en la cotidianidad mexicana. Aunque no sé si en el México del siglo XXI podamos reírnos de todas las circunstancias que nos pasan —por aquello de lo políticamente correcto—, al menos hay que señalarlas como lo hicieron Ibargüengoitia y los autores de este libro.

Mauricio Sánchez: Jorge, como lector y participante de la antología, ¿cuál es tu impresión de Nuevas instrucciones?

Jorge Comensal: Me sorprendieron varios textos porque sentí que había una diferencia con respecto al espíritu de Ibargüengoitia. Noté que la nostalgia predominaba en nuestra aproximación a muchos de los aspectos mexicanos; vi el tema de la infancia y el lugar de origen, por ejemplo. Eso me puso a pensar sobre la provincia que plasmó Ibargüengoitia, porque, en realidad, la provincia es el pasado; ahora la provincia ya es todo México. Si lo pensamos bien, según lo que caricaturizó Ibargüengoitia, ¿qué de los chilango no es provinciano? La provincia que leo en esta antología es de nostalgia con el lugar de origen, con lo que se ha perdido, con la transformación, a veces en un tono mucho más melancólico que el de Ibargüengoitia. También en algunos textos noto un desafío a eso que él no alcanzó a cuestionar, como una continuación de su vena satírica. Creo que hay una diferencia crucial entre la sátira que ataca al poder a través del humor y la que se burla del oprimido, e Ibargüengoitia hacía lo primero con ingenio.

Nuevas instrucciones para vivir en México. Veinte autores mexicanos y extranjeros —que viven o han vivido en México— ensayan alrededor de la idiosincrasia mexicana y el estado actual del país. Los autores recuerdan al escritor Jorge Ibargüengoitia y sus Instrucciones para vivir en México, un conjunto de reflexiones sobre el absurdo y la ironía de vivir en México. Puedes leer un adelanto del libro aquí.

Escriben: Jazmina Barrera, Andrés Burgos, Ana V. Clavel, Jorge Comensal, Aura Penélope Córdova, Eduardo de la Garma, Julieta Díaz Barrón, Pablo Duarte, Mempo Giardinelli, Yuri Herrera, Tedi López Mills, Alejandro Merlín, Antonio Ortuño, Felipe Restrepo Pombo, Xitlalitl Rodríguez Mendoza, Antonio Ruiz-Camacho, Ximena Sánchez Echenique, Ingrid Solana, Daniela Tarazona y José Manuel Velasco. Prólogo de Guillermo Núñez Jáuregui.

Yuri Herrera (Actopan, 1970) ha publicado libros para niños, novelas como Trabajos del reino y Señales que precederán el fin del mundo, y el relato histórico El incendio en la mina El Bordo. Vive parte del año en Nueva Orleans, donde da clases de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Tulane.

Eduardo de la Garma (San Luis Potosí, 1985) vive en Querétaro desde hace veintitrés años. Trabaja como profesor de literatura en una preparatoria, escribe ensayos, edita revistas (Sada y el bombón, Cuaderno Erizo) y atienden la librería La Comezón.

José Manuel Velasco (Ciudad de México, 1986) es escritor, actor y profesor de Historia del Arte. Fue editor de teatro en la revista Chilango y ha escrito en medios como MásporMás y La Ciudad de Frente. Es autor de ¿Por qué poemas? y colaboró en la antología Ayotzinapa. La travesía de las tortugas.

Jorge Comensal (Ciudad de México, 1987) es narrador y ensayista. Ha escrito Las mutaciones, su primera novela, y el ensayo Yonquis de las letras. También ha colaborado en medios como Este País, Tierra Adentro, Nexos, Revista de la Universidad de México y The Paris Review.

Julieta Díaz Barrón (San Luis Potosí, 1970) es la mamá de Pedro y la esposa de Moskar. Da clases de Arte Moderno y Periodismo. Lee, cocina, hornea y bebe café.

Guillermo Núñez Jáuregui (Ciudad de México, 1982) es filósofo y escritor. Ha publicado el libro de ensayos Del aburrimiento surgen los impulsos correctos. También colabora en medios culturales como La Tempestad, Tierra Adentro, Revista de la Universidad de México y Letras Libres.

Gris Tormenta

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Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

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