La lectura: unión de presente, pasado y futuro

Abril Castillo Cabrera comparte los libros de escritura y dibujo a los que siempre regresa.

Gris Tormenta
Jan 6 · 6 min read

En esta serie de entrevistas alrededor de la lectura, Gris Tormenta desea mostrar a un lector obsesionado con un puñado de libros; una obsesión que invite a otro lector a asomarse a una mente, a una manera ajena de leer, y acercarse a esos títulos que quizá desconozca o no ha leído todavía. ¿Cómo y por qué se desarrollan sentimientos por un libro en particular? ¿Qué provocaciones podemos encontrar en la exposición de esas emociones? ¿Podemos llegar al otro a través de sus lecturas?

¿Cuáles han sido tus lecturas más memorables, los libros que relees o podrías releer?

Me parece que mis relecturas varían con los años, sobre todo de libros de consulta: no me refiero a diccionarios ni enciclopedias, sino libros que me hacen volver a ellos por tono, como Memoria por correspondencia, de Emma Reyes (publicada en Colombia por Laguna Libros y, en México, por Almadía), o por un despliegue poético inacabable, como Cuaderno de faros, de Jazmina Barrera. Supongo que tiene que ver con las temáticas y obsesiones de cada momento de mi vida, pero ambos libros los releo sobre todo en voz alta en clases que doy de ilustración y de escritura. Me parece que con ese tejer desde la memoria las experiencias más atmosféricas —son libros, considero, muy sensoriales—, encuentro fácil dar a entender, y entender yo misma en el camino, cómo hacer una narrativa con imágenes plásticas o verbales.

De mis libros ilustrados favoritos, siempre vuelvo a El hilo de la vida, de Davide Cali y Serge Bloch: un hilo de vida que narra las distintas edades de un protagonista que podríamos ser todos. Y también ¿Quién es Guillermo Tell?, del colectivo suizo It’s Raining Elephants (compuesto por Evelyne Laube y Nina Wehrle), porque me parece un planteamiento o juego formal donde desde una pregunta se despliega una narración anclada a la identidad nacional y a la historia que enseñan en la infancia. También me gustan los libros que me hacen reír. De álbumes, quizá mi favorito por gracioso y brutal es Ahora no, Bernardo, de David McKee.

En los últimos años me ha interesado mucho la no ficción, y releo seguido las novelas gráficas de Powerpaola. También libros más teóricos, como El buen relato, de J. M. Coetzee y Arabella Kurtz, o To Show and To Tell, de Phillip Lopate. Y llevo releyendo hasta casi aprenderme de memoria El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, casi siempre de madrugada, cuando me da insomnio.

También está el libro inclasificable Facsímil, de Alejandro Zambra, que me hizo sentir que el mundo se abría en posibilidades de escritura; al valerse hacer eso, me sentí libre de jugar con otras formas en mi propia escritura y enseñanza de lo que un libro puede ser, como maestra y editora.

¿Cómo sabes cuando estás frente a un texto inagotable, cómo se convierte en un clásico personal?

Cuando no puedo dejar de leerlo y constantemente me encuentro hablando de él. Lo subrayo y tengo que desarrollar distintas nomenclaturas al margen para entender por qué subrayé cada parte.

O los leo siempre en clases que doy y los relaciono con todo, aunque a veces a lo mejor no tengan tanto que ver. De algunos de esos libros, como el de Lopate, he dejado capítulos sin leer, como un dulce que todavía no quiero que se me acabe; o porque he releído otros ensayos muchas veces. En su caso, por ejemplo, he sentido la necesidad de traducirlo, como un ímpetu de escribir sus palabras —que siento que es la última fase de leer, releer, subrayar: reescribir.

¿Cuál es el último que has descubierto?

Hace un par de años descubrí a Maggie Nelson. Me voló la cabeza su libro Jane: A Murder, que es una investigación sobre la muerte de su tía. Me gustan sus libros porque lo mismo pueden ser una crónica de su vida a partir de una relación afectiva, una historia familiar o un color. Eso me hace pensar que la escritura, más que tener géneros que limitan, se trata de buscar formas que expandan la experiencia artística.

¿Cómo lees?

Cuando era más chica leía en el sillón de mi casa, pero ahora que no tengo sillón, a veces no encuentro dónde leer y lo hago en el comedor o en el diván, que funciona como sillón (pero no lo es). O en los trayectos: en carretera o en el metro. Como que en movimiento me pasa algo que me conecta de inmediato con la concentración de la lectura, aunque, claro, no se puede leer de todo en los trayectos. Diría que si la noche fuera un lugar, o sobre todo la madrugada, es ahí donde mejor leo.

¿Qué género lees más?

Novela y ensayo. Libros-álbum y de dibujos. Yo digo que leer imágenes también es leer.

¿Cómo es tu biblioteca, cómo está catalogada?

Libros-álbum favoritos; libros-álbum gigantes y libros de gran formato (mandé a hacer un librero para que cupieran); novelas gráficas; libros que he hecho yo; libros de diseño, catálogos de ilustración; libretas (de dibujo y bitácoras de viaje); libros que leí en la carrera; manuales, es decir, libros para hacer cosas (libros, dibujos, tejidos, etcétera); libros híbridos (literarios); libros híbridos (gráficos); librero de mujeres que escriben; estante de autobiografía y ensayo personal; libros ilustrados para adultos; libros de dibujo.

Los que estoy usando siempre están regados en el comedor, en el piso de mi estudio, en el diván que hace de sofá en mi casa —esos nunca he sabido cómo ordenarlos.

Un libro que te haya gustado mucho y muy pocos han leído

Checo, de Idalia Sautto, y Tanto que contarte, de John Marsden.

Un libro raro de tu biblioteca que —sospechas— nadie más en la ciudad tiene

Hasta el infinito, de Květa Pacovská; La felicidad, de Kevin Mancera; Pequeño árbol, de Katsumi Komagata; QP y Todo va a estar bien, de Powerpaola.

¿Cuáles libros has regalado o podrías regalar muchas veces?

Memoria por correspondencia, de Emma Reyes; Los procesos, de Erik Alonso; y Cuaderno de faros, de Jazmina Barrera

Tu editorial —o colección— favorita

Me gusta el planteamiento de Laguna Libros, una editorial colombiana: publicar libros sobre la memoria, y cuando he ido a Colombia compro todo lo que puedo de ellos. Los conocí por un regalo que fue justo el libro de Emma Reyes. Otra editorial que me gusta es La Silueta —también colombiana— porque hace libros de dibujo que son como fanzines, sin género necesario, híbridos y de dibujo. Hermosos.

De editoriales mexicanas me gustan Antílope, Pitzilein y Almadía. (Acabo de conocer por oídas y por fotos a Gris Tormenta, y me encanta el planteamiento de sus libros y ahora necesito leerlos todos.)

Tu libro más caro

El de Květa Pacovská que mencioné antes. Quizá no es tan caro, no es inaccesible, pero fue de los primeros que compré de ilustración y, como tiene muchos suajes, es un poco caro. Quizá es el más valioso para mí, que no es lo mismo lo que cuesta que lo que vale, pero este me viene a la mente.

Un libro robado

Uno de Maira Kalman.

Algo que no hayas leído todavía

Uno sobre diarios, de Tedi López Mills, y tres libros de Sylvia Aguilar Zéleny, doula de libros, gran editora y maestra.

¿Qué te ha dado la lectura o qué ha hecho posible?

Mi pasado, presente y futuro —en términos de lugares habitables—, relaciones afectivas, trabajo, hobby, descanso y un mundo interior.

Abril Castillo Cabrera (Morelia, 1984) es ilustradora, escritora y editora. Es autora de los libros de dibujo Sobremesa y Chet y de la novela Tarantela. Publica libros en Alacraña, su sello editorial independiente. Ha colaborado en medios como Tierra Adentro y Este País.

Gris Tormenta

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Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

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