Pasajeros de la Tierra, hermanos en el frío eterno

Gris Tormenta
Dec 9, 2019 · 4 min read
Earthrise / William Anders

El 24 de diciembre de 1968, el hombre orbitó la Luna por primera vez sin descender en su superficie. Los tres astronautas a bordo del Apolo 8 rodearon la cara oculta de la Luna y, al salir de la oscuridad, se encontraron con una visión que nadie había presenciado antes: la esfera de la Tierra iluminada flotando en la negrura infinita del espacio. Su color era un pálido azul-gris, los océanos se veían inmensos y las nubes lo cubrían casi todo. El hombre había viajado para encontrarse con su propio reflejo desde aquella distancia inconcebible. Lo que hoy es una fotografía muy conocida —hasta un lugar común—, hace cincuenta años cambió la imagen que la humanidad tenía de sí misma. ¿Qué otra imagen he tenido esa fuerza y significado?

No es común que el texto de un poeta aparezca en la primera plana de un periódico, pero eso fue lo que pasó al día siguiente: el New York Times había pedido a Archibald MacLeish que, inspirado por la fotografía que acababa de ver, escribiera una reflexión. El 25 de diciembre apareció su breve ensayo titulado «A Reflection: Riders on Earth Together, Brothers in Eternal Cold», que se reproduce completo a continuación:

La concepción que el hombre tiene de sí mismo y de los demás ha estado siempre en función de su noción de la Tierra. Cuando la Tierra era el Universo —el universo entero en ese entonces— y las estrellas eran luces en el cielo de Dante y el suelo bajo sus pies era el techo del Infierno, los hombres se veían a sí mismos como creaturas en el centro del cosmos, como la única y particular preocupación de Dios —y desde esa posición elevada gobernaron, mataron y conquistaron a su gusto.

Y cuando, siglos después, la Tierra ya no era el Universo entero, sino un planeta pequeño y acuoso que giraba en el sistema solar de una estrella menor en el borde de una galaxia insignificante en las distancias inmensurables del espacio —cuando el cielo de Dante ya había desaparecido y no había más Infierno (al menos no el Infierno bajo sus pies)—, los hombres comenzaron a verse a sí mismos no como los actores principales dirigidos por Dios en un noble drama, sino como víctimas indefensas de una farsa sin sentido en donde todos los demás eran víctimas indefensas también, y millones podían ser aniquilados en guerras mundiales o en ciudades bombardeadas o en campos de concentración sin ningún otro motivo o razonamiento que el razonamiento —si es que lo podemos llamar así— de la fuerza.

Hoy, en estas últimas horas, la noción podría haber cambiado de nuevo. Por primera vez en la historia, el hombre ha visto la Tierra no como océanos o continentes a unos cuantos kilómetros en la distancia, sino desde la profundidad del espacio; la ha visto completa y redonda y hermosa y pequeña como ni Dante —esa «primera imaginación de la Cristiandad»— puedo haber soñado que la vería; como los filósofos del absurdo y la desesperación del Siglo Veinte fueron incapaces de adivinar que podía ser vista. Y al verla así, una pregunta cruzó la mente de quienes la observaron. «¿Estará habitada?», se decían y reían —y luego dejaron de reír. Lo que les vino a la mente en el espacio, a ciento sesenta mil kilómetros —«medio camino a la Luna», dijeron—, lo que les vino a la mente fue la vida en ese pequeño y solitario planeta suspendido; esa balsa diminuta en la noche vacía e insondable. «¿Estará habitada?».

La noción medieval de la Tierra puso al hombre en el centro de todo. La noción nuclear de la Tierra lo despojó de un lugar, más allá del dominio de la razón, perdido en el despropósito y la guerra. La noción más reciente podría tener otras consecuencias. Formada en las mentes de los heroicos viajeros, que también son hombres, podría rehacer nuestra imagen de la humanidad. No más esa absurda figura central, no más esa víctima degradada y degradante fuera de los márgenes de la realidad y cegada de sangre; el hombre, al fin, podría llegar a ser él mismo.

Ver la Tierra como es realmente, pequeña y azul y hermosa en ese silencio eterno en el que flota, es vernos a nosotros mismos reunidos como pasajeros de la Tierra, hermanos en esa brillante hermosura en el frío eterno —hermanos que ahora saben que son realmente hermanos.

Written by

Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade