Una red de librerías independientes: entrevista a Luigi Amara

Gris Tormenta
Nov 19 · 5 min read
Foto: Alejandra Carbajal

Una de las ventajas de trabajar desde Querétaro es que cada año vemos pasar el Hay Festival. El pasado septiembre nos encontramos con Luigi Amara y, desde su faceta como librero de La Murciélaga y bibliófilo, conversamos sobre la contracultura de las librerías independientes y su opinión sobre la mesa de novedades en nuestro país.

¿Por qué comenzamos a ver más librerías independientes en México? ¿Qué están ofreciendo a diferencia de las librerías grandes?

En primer lugar, a mí me sorprendió mucho leer, hace quizá una década o más, cuál era el panorama de las librerías mexicanas en los setenta. Al parecer era muy distinto: había librerías por todos lados, y muchas eran «de barrio». Luego, la llegada del neoliberalismo afectó la cultura en general e hizo que crecieran los supermercados de libros para bajar los precios, ocasionando el detrimento de las librerías pequeñas. Pero ahora hay un movimiento en contra de esas enormes concentraciones de libros, que tiene mucho que ver con la creación de editoriales independientes —que empezó, más o menos, a partir del año 2000. Comenzaron a existir otras concepciones del libro, pero faltaba, por lo menos en México, el eslabón que es la librería, ese punto de encuentro final con los lectores, para resistir a los megaconsorcios.

Las librerías independientes todavía no proliferan como a mí me gustaría. En Estados Unidos, por ejemplo, sí hay una red fuerte e importante de librerías independientes que han resistido más que las grandes. Creo que en México empieza a surgir algo similar: empiezan a concentrarse pequeñas librerías para ofrecer alternativas más cercanas que piensan en el lector de una manera directa.

Como librero, ¿cuál es tu opinión sobre la mesa de novedades en México? ¿Qué tan diferente es en estos dos tipos de librerías?

Creo que sí hay una separación entre las grandes librerías y las independientes. Las grandes operan con la lógica comercial. Las independientes, aunque desde luego quieren retorno, sobrevivir y ganar dinero, hacen otro tipo de estrategias para su mesa de novedades. Se centran en las propuestas de editoriales independientes, por ejemplo. Muchas de estas editoriales no tienen cabida en las librerías grandes; es más, ni siquiera en las librerías del Estado. Hay veces que una editorial independiente no puede estar ni siquiera en el Fondo de Cultura Económica porque el sello le parece poca cosa o lo considera hippie o poco serio. Creo que desde allí hay una diferencia.

Por otro lado, el concepto de la mesa de novedades, en sí, es parte de esa lógica comercial. De algún modo, el espectro de tiempo del libro se modificó con esta concentración libresca neoliberal: un libro, que podría estar diez o veinte años esperando a su lector, comercialmente no es útil si a los tres meses no ha vendido lo suficiente. Otras librerías optan por mostrar en sus mesas lo que creen que puede llegar al lector. No necesariamente un libro viejo, sino uno que salió dos, tres o cinco años antes, y que, por alguna razón, creen que vale la pena mostrarlo sin esa presión del capitalismo. Jason Epstein, que es como uno de los gurús de la edición en los Estados Unidos, decía que el libro había pasado de ser una mercancía de largo aliento a ser algo entre el yogur y el salchichón porque se volvió un producto perecedero: dura un rato, vendes o no vendes una prueba y luego es retirado, a veces incluso destruido.

Para las editoriales independientes es importante buscar por lo menos un pequeño lugar tanto en las grandes librerías como en los espacios alternativos. Muchas lo han logrado. Hay que luchar y tener un nicho ahí porque no hay que engañarse: esas superficies son más visitadas. Una editorial independiente debe apostar por ser leída no solamente por sus cuates.

En tu experiencia, ¿qué libros de nuestro país están llegando a las librerías de otros países?

Sé que los libros que más se traducen y llevan a otros países son las novelas mexicanas contemporáneas. Esto no sucedió en generaciones anteriores. No recuerdo que escritores notables como Amparo Dávila o Daniel Sada estuvieran traducidos en otros lados. Y tiene que ver con el género: el filón comercial que tiene la novela ha hecho que sea el género más visible, que los autores más exportables sean novelistas. Hace diez o quince años, algunos extranjeros sabían un poco de Octavio Paz, quizá de Juan Rulfo y, probablemente, de Jorge Volpi. Ahora, por suerte, el interés hacia la novela mexicana se ha ampliado. Pero no veo el mismo fenómeno con la poesía ni el cuento ni con otros géneros.

¿Cuál es el panorama a futuro de las librerías independientes mexicanas?

Creo que si realmente la ley del libro entra en funciones y no es letra muerta como hasta ahora es, sí habrá una proliferación de librerías independientes porque crean comunidad. En casi todo el mundo, en lo que alcanzo a ver, las librerías no son solo espacios para vender libros, son puntos de encuentro, son centros culturales. Con esa lógica, es importante que en tu barrio o en tu ciudad existan estos pequeños espacios culturales para que no tengas que desplazarte a puntos lejanos. Creo que si te es lo mismo comprar un libro en la librería de la esquina o en una franquicia, preferirás la cercana. Por eso es importante la ley de libro, porque uniforma el precio de los libros para evitar que las grandes corporaciones den descuentos, a veces desleales, que las pequeñas no pueden ofrecer.

Espero que en algún momento haya una red y fuerza gremial entre librerías. En México también han faltado alianzas entre editoriales independientes, o no son muy sólidas. No hay esa idea de lo colectivo. Parece que la palabra misma le saca ronchas a mucha gente. Pero creo que la única manera de subsistir a una realidad donde hay grandes consorcios, tiburones, es ser fuertes con redes entre librerías independientes. En países como España, Argentina y Estados Unidos las hay. Me gustaría que la mentalidad sobre la cultura en México fuera más colectiva y menos individualista y neoliberal.

Luigi Amara (Ciudad de México, 1971) es poeta, ensayista, traductor y librero en La Murciélaga. También fue director de Tumbona Ediciones. Colabora en medios como La Tempestad, Letras Libres y Confabulario (en El Universal). Ha recibido premios literarios por libros como El cazador de las grietas, Sombras sueltas, Las aventuras de Max y su ojo submarino y Nu(n)ca.

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Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

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