Apuntes prácticos.
La enfermedad mental es nuestro mejor pasatiempo. Yo sostengo que la ansiedad es fingida, porque es una acción: una cadena de movimientos corporales que adquiere un significado, es decir algo sobre lo cual tenemos potestad —entre el mover la mano y el fingir la angustia solo hay distinto grado de refinamiento. Es curioso porque esta angustia voluntaria suele tener efectos muy nocivos para los individuos; los suicidas podrían decirnos bastante sobre el dolor que les generó, aunque la mayoría cree firmemente que su acción es buena y sus argumentos dejan mucho que desear.
Los ansiosos, además, suelen tener un perfil distinto al de los locos. Mientras que estos, los neuróticos, son de «otra» naturaleza, simple definición del «hábito», los ansiosos son individuos que merecen una cura, merecen un narcótico. Pasado un tiempo El Ansioso exige su droga y es sometido a la ciencia médica (en este caso); es diagnosticado y puesto en proceso de sanación de porvida. El equivalente a recibir una pensión pequeñita como la de los viejitos. Ironía.
Lógicamente la cuestión reside en que los ataques no cesan después de ningún tratamiento narcotizante, sino que se incrementan. El individuo replica los mismos entornos y la angustia no deja de aparecer. Magia negra parece ser: los atacados tienen visiones, algunos otros ven en la angustia «la esencia del ser», otros refieren historias de sus padres, todos ellos ven futuros sombríos. Muchos llegan a la conclusión que sólo el azar decidirá, que les tocará la lotería, que todo será reposo. Una y otra vez, todos los ansiosos, se dejan ser castigados –dejarse ser.
