FELIZ DIA DE LA MUJER A TODAS, MENOS A LAS SEÑORITAS.

By Carolina Orías.

Shaper desde 2013

Adela Zamudio una valerosa cochabambina, quien, por medio de la literatura desafió el pensamiento misógino de su época, buscó la libertad y superación de las mujeres por medio de la educación. ¡Muy bien merecido este día en su honor!

Hace un par de años tuve la suerte de participar como apoyo paramédico en el examen de salto en paracaídas del grupo DELTA de la Policía Nacional, donde participaron 25 oficiales, de los cuales dos eran mujeres. En el primer salto, una de ellas aterrizó mal y se lastimó la rodilla. Cuando la atendí, tenía dos rodillas en lugar de una en la pierna derecha, yo le dije que no debería saltar más y que deberíamos ir a un hospital para que la atiendan de inmediato. Sin embargo, ella me dijo: — Por favor no digas nada a nadie, yo tengo que realizar mis dos saltos todavía. Tengo que demostrar a mis compañeros que una mujer está hecha para esta clase de trabajo. — Talvez fue irresponsable de mi parte, pero eso hice, callé. Sus dos siguientes saltos, fueron de maravilla, aterrizó mejor que el resto de sus compañeros. ¡Muy bien merecido este día en su honor!

Me considero una persona muy afortunada, porque tengo una familia que siempre me apoyó en todas las decisiones que tome y, sobre todo, porque tienen expectativas muy altas sobre mi vida académica y profesional, y no así, me asechan con la idea de matrimonio e hijos. Sin embargo, me tomó mucho tiempo darme cuenta (de hecho, tuve que leer bastante doctrina al respecto) de que fui criada en una familia donde existe bastante sexismo.

Desde pequeña me dijeron que debía y que no debía hacer, porque “tengo que ser una señorita”. Me enseñaron a jugar con barbies (las amaba), a que siempre tengo que estar peinada y vestida de forma muy femenina, que no debo tomar alcohol y bailar como loca, que no debo llamar a chicos y ni pensar de ir a sus casas o pasar la noche afuera. Porque simplemente no está bien visto que una “señorita de bien” haga esas cosas.A una señorita siempre le tienen que abrir la puerta del auto, no te pueden tocar bocina, tienen que cuidarte y un hombre nunca te deben ver llorar, con estas premisas pase toda mi adolescencia. Ahora, me pregunto — ¿quién dijo que yo quería ser una señorita? Sobre todo, ¿qué es ser una señorita? — Así que busque la definición en internet, y de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española señorita es:

1. m. y f. Hijo de un señor o de persona de representación.
2. m. y f. coloq. Persona, especialmente si es joven, a la que sirve un criado.
3. m. coloq. Joven acomodado y ocioso.
4. f. Término de cortesía que se aplica a la mujer soltera.

Sinceramente, no creo encajar en ninguna de las definiciones, a excepción de la última, porque sí, soy una mujer soltera. Pero no creo que la forma en que me educaron todos estos años sea por y para ese motivo.

De acuerdo a la doctrina existen dos clases de sexismos: el hostil y el benévolo. (1)“El Sexismo Hostil se articula en torno a las siguientes ideas: paternalismo dominador, diferenciación de género competitiva y hostilidad. Mientras que el sexismo Benévolo se caracteriza por ser una forma de sexismo soterrado en el que establecen igualmente diferencias entre hombre y mujeres por el hecho de pertenecer a sexos diferentes, pero su tono afectivo es distinto al hostil”.

Por lo tanto, reconocer el sexismo benévolo es muy difícil, y de hecho las mujeres somos víctimas del mismo de manera más reiterada sin darnos cuenta. Si bien escuchamos todos los días sobre violencia física, psicológica, patrimonial, simbólica, mediática, etc…, es importante analizar el origen de la misma.

El sexismo lo tenemos arraigado en nuestra cultura, de tal manera, que actuamos de forma inconsciente sin ni siquiera cuestionarnos los cánones por los cuales se rigen nuestros comportamientos. Es una adaptación filogenética, y es por eso que es un reto muy grande y una tarea muy difícil el romper con los estigmas del patriarcado.

Todas estas ideas, creencias y comportamientos errados, son los que dan origen a la violencia de género. La idea que la mujer debe someterse al yugo masculino, que el hombre debe ser el sostén económico de la familia, que la mujer debe hacerse cargo de las tareas en casa, etc…, son hechos condicionados por la sociedad que esperamos que ocurran de esta manera, y si no es así, tienen castigo.

Actualmente, se está alimentando mucho el estereotipo de la mujer maravilla: la mujer que cuida a los niños, hace las tareas de casa, tiene una vida saludable y fitness, se dedica a la filantropía y de paso es súper exitosa en su trabajo. Sin embargo, los efectos colaterales son muy serios, sobre todo en cuanto al estrés y la depresión se refiere. Es cierto que nuestro género no define nuestras capacidades, pero seguir como modelo de vida un estereotipo no es saludable, mental ni físicamente.

El sexismo benévolo es peligroso, porque las mismas mujeres somos las primeras en negarlo. Obviamente es difícil aceptar que: yo soy quien soy, porque me lo impuso la sociedad y no porque tuve la libertad de decidir.

Es por esto, que considero que este día, se debe festejar a las mujeres que han desafiado estas reglas sociales, como las dos campeonas que comente al comienzo. A aquellas mujeres que son libres, y no a las señoritas que son una creación de la sociedad. No está mal ser una señorita, siempre y cuando lo hayas decido libremente y no haya sido una imposición.

El día que podamos hablar abiertamente sin ser censuradas sobre la menstruación, sobre nuestros deseos sexuales, sobre la masturbación femenina, sobre el aborto, que todavía son tabús en nuestra sociedad; e incluso que nuestra opinión en lo político, lo religioso, lo científico, y en todos los campos que existan sea valorada; el día que podamos ser quien queramos ser, sin que nos digan cómo ser; ese día, si merecemos ser agasajadas todas. Ese día si habremos superado todo lo que conlleva la brecha de género, y deberemos festejar todas y todos, porque la sociedad habrá evolucionado.

Fuentes:

  1. Cómo prevenir la violencia en la educación, Ramos Matos y Luzón Encabo.