Mafalda. Creador: Quino

A palabras necias… Respuestas concretas.

Me gustaría empezar esta historia con una frase un tanto cliché:

El que nada debe, nada teme.

Proverbios 10:9

Y sí, aunque mis conocidos saben que no profeso ninguna religión, hoy estas palabras tienen mucho sentido para el momento que estamos pasando con mi familia.

A mi esto de escribir, se me da a veces. Por eso pido disculpas a la persona que lea estas líneas pues no sé si serán las mejores, pero sí sé que necesito escribirlas.

Hace 21 años, llegué a este mundo porque el universo hizo que dos seres de luz se encontraran. Ambos adoloridos por diversos episodios en sus respectivos pasados. Ambos con familias que habían formado en ese trecho, y ambos con ganas de cambiar las cosas.

Se enamoraron en un estudio de televisión. O mejor dicho, mi papá se enamoró de mi mamá. Recuerdo siempre la historia de como él un día, con el corazón a mil, se acercó a ella en el estacionamiento del canal antes de que subiera al auto y le dijo: “Quiero que sepas que yo te quiero”. En ese momento el cuento no fue muy bien. Mamá le miró con ojos redondos y sin darle una respuesta se fue a casa.

Pero luego de este episodio, algo se prendió en ellos dos. Mi papá fue a la casa y se encontró con otras dos pequeñas luces: mis hermanas. Y sabiendo que no iba a ser fácil, se propuso ganarse el corazón de las dos. Con un poquito de tiempo, de esfuerzo y paciencia, llegó a ser su papá “postizo” como le dicen hoy. Mi mamá por otra parte cuidó también de Alan y Oscar, mis hermanos. Ellos venían (y continúan viniendo) cada fin de semana a comer las más ricas milanesas, un asado o pastas. En los viajes a la playa no faltaba el grito de ella diciéndole a todos “¡Chicos, pónganse protector!” y corriendo de acá para allá para que todos pudieran comer su comida favorita.

Cuatro años después de que ellos se encontraran, cuatro años después de que mis hermanos se amaran como si la casualidad los uniera como la sangre, decidieron que era tiempo de formar el último nudo. El nudito que amarre fuerte todo esto y ahí, vine yo.

Vine yo en un contexto totalmente distinto. Uno menos difícil, pero no por eso menos trabajoso. Cumpliendo mi primer mes en este mundo caótico, mi mamá ya tuvo que volver a trabajar 8 o 10 horas diarias. Mi papá ya tenía su rutina de despertar a la madrugada y aún así, a pesar de estar como locos, tenían siempre tiempo de contarme un cuento, de calmar mi llanto, de dibujarme una sonrisa.

Crecí rodeada del ejemplo del trabajo. Donde me enseñaron a ganar dinero de forma honesta y limpia, pero por sobre todo, donde me dejaron en claro que nunca debo olvidar mis valores e ideales.

Mis papás han dicho siempre que uno no debe solo “parecer” sino también SER. Así es como sé que nunca fueron personas violentas. Me han críado sin tener que ponerme una mano encima. Me han inculcado que la violencia no es la forma de solucionar los problemas que tenemos con otras personas. Han insistido (a pesar de que soy leche hervida) mucho en que siempre debo ignorar las ofensas y calumnias, pues la verdad prevalece al final.

En estos 21 años, he crecido y he cambiado gracias a la formación que ellos me dieron. Ante cada caída estuvieron para levantarme, para enseñarme que no es malo equivocarse, sino no admitir el error. Para hacerme saber que nunca debo actuar en contra de mis principios, porque al final es nuestra conciencia la que nos acecha si la traicionamos. Y en este punto fueron un ejemplo clave por este motivo: Jamás, en más de 35 años de carrera profesional, se dejaron doblegar por intereses ajenos. Jamás aceptaron que el miedo, la ambición y el poder de otros les hiciera cambiar su pensar. Soy testigo de que todas las posiciones que tienen son propias y que durante todo este tiempo nunca han recibido (ni consentido) órdenes de callar.

Han tratado tantas veces de tumbarlos, han inventado cada historia sin pies ni cabeza para hacerlos retrodecer. Han dicho que como familia buscamos espacio en la arena política, en la arena económica, en cualquier arenero que se les ocurra. Mis padres han tenido que soportar las ofensas de muchos y calumnias de tantos otros. Pero al final no se han rendido porque tienen en claro dos cosas muy importantes:

La primera: son personas con trayectorias impecables. Por cada absurda acusación que han recibido, aquellos que intentan difamarlos solo han encontrado evidencia de que son excelentes seres humanos.

La segunda: no importa cuando intenten hacerte caer. La verdad, la justicia y la perserverancia son mucho más fuertes que las intenciones de unos pocos que, ante el inminente fin de sus prácticas prebendarias, atacan a quienes evidencian sus acciones corruptas.

Seguiremos peleando desde el sitio que ocupamos para lograr construir el Paraguay con el que todos soñamos. No nos callaremos, ni cederemos ante las presiones impuestas por quienes desean mantener el statu quo. Somos felices porque sabemos que con la labor que ejercemos (me incluyo, pues también me he encargado de difundir estos mensajes en los espacios que me corresponden) despertamos la conciencia crítica de las personas.

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.
(Mahatma Gandhi)
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