Nuevos periodistas y periodistas nuevos, a su servicio

Texto redactado el 22 de abril de 2015

Parece que lo más noticiable del día es que Cospedal ha confundido “sacar adelante” con “saquear” y que Pedro Sánchez ha reavivado el fuego del “miembros y miembras”. Cómo está el oficio. Por supuesto, la evolución del periodismo y su estructuración empresarial tienen algo de culpa, pero esta situación tiene otros grandes responsables: el público, la ciudadanía.

Los medios de comunicación, a excepción de los de iniciativa pública, son empresas privadas que están generalmente controladas por empresas privadas más grandes que están muy normalmente controladas por empresas aún más grandes. De ello podemos deducir que entre sus objetivos se encuentra que el contenido (periodístico o no) que generen reporte beneficios.

Algunas publicaciones cobran por ser consumidas, pero los verdaderos ingresos de los medios proceden de la publicidad. El número de anunciantes que quiere aparecer en un espacio depende de la audiencia que tenga ese espacio (ya sea por número, por segmentación de mercado o por intereses concretos). Todo esto simplificando al máximo.

Así, parece normal que los medios de comunicación privados produzcan contenidos, en la mayoría de ocasiones, buscando la captación de audiencia, público, clicks o lectores. La tendencia de que cuando se destapa una gran noticia le sigan muy de cerca (o incluso la superen) en número de visitas las publicaciones al estilo “las 10 posturas más placenteras en el sexo” o “Cómo hacer que tu gatito ladre” dice muchísimo no de los medios, sino de la sociedad española.

Pueden encontrarse a diario multitud de noticias de relevancia para todos, reportajes que cuentan historias de personas anónimas cuyas voces sería bueno escuchar o documentales sobre sucesos que merecen ser conocidos. A día de hoy, aun podemos encontrar multitud de contenidos de calidad que están haciendo buenos periodistas.

Sí, quedan buenos periodistas. El problema se encuentra en que el sistema de medios tradicional ya no es rentable. El precio de una conexión en directo para un telediario es desorbitado; la probabilidad de que financiar una investigación de calidad se traduzca directamente en pérdidas es muy alta y realizar un reportaje con fuentes de calidad y datos contrastados requiere un tiempo que la sociedad de la instantaneidad no está dispuesta a esperar.

No puede reducirse todo a que las empresas periodísticas sean perversas y malvadas, es que simplemente son sociedades lucrativas. ¿Y qué da dinero? Una crónica de seiscientas palabras sobre cómo Cospedal confunde “sacar adelante” con “saquear” durante un mitin. ¿Por qué? Porque la gente hace click e ironiza en las redes sociales, es eso lo que le interesa. Aunque parezca difícil de comprender, resulta más sencillo y barato producir gran cantidad de noticias de este estilo, en el que se cita a twitteros o youtubers como fuente, que crear un solo texto decente.

Con la simplificación que hemos hecho antes, el sistema se reduce a una ecuación muy sencilla: si la población consume y exige contenido de calidad, las empresas y marcas apostarán por esa programación para emplazar sus piezas publicitarias. Esto generará que las empresas periodísticas observen que sus mayores fuentes de ingresos proceden de dichos contenidos, de tal forma que los medios notarán y tomarán conciencia de que hacer PERIODISMO (sí, en mayúsculas), puede ser rentable. La consecuencia lógica es que las empresas mediáticas comiencen a financiar más y mejor PERIODISMO, menguando así el problema de la infoxicación y acabando con una crisis sectorial tremendamente dañina para todas las redacciones.

Es cierto que a los españoles nos falta alfabetización mediática, no la hemos tenido a nuestro alcance en comparación con otras regiones de Europa. Los medios deberían contribuir en esta tarea pendiente, pero ello requiere la voluntad de la sociedad. Resulta vergonzante ver las redes sociales arder por informaciones extraídas de portales que se asemejan a ‘EcosRepublicanosWeb, AnarcoIzquierda, OpusFans, LaGaviotaContraataca’, etc. y otorgarles máxima credibilidad. Cuando se habla de la “evidentísima intención manipuladora” de los medios tradicionales, convendría que la población aprendiese antes la diferencia entre una noticia, un artículo, una columna de opinión o una crónica. Nuevamente, un problema que deriva de la falta de conocimiento del ciudadano sobre cómo consumir información.

Hay muchos profesionales que se juegan el tipo a diario para no jugarse su credibilidad, porque viven de ella. ¿Que hay informaciones que se abordan con intención persuasiva en los medios de prestigio? Esto es algo innegable, pero otra de las diferencias que debemos aprender es la que separa línea editorial de mala praxis periodística, porque no son lo mismo. Y la profesión que esté impoluta que errores, que tire la primera piedra.

Y luego están los New Media (nuevos medios). Por una parte, encontramos readaptaciones digitales del texto en papel (ya sea vía web, aplicación o incluso scanned newspaper); por otra, medios que están convirtiendo su web en un espacio multimedia en el que no sabes muy bien si estás ante un periódico, una radio o una televisión (en realidad estás ante ninguno y todos a la vez); y en último término encontramos los medios puramente digitales, que se subdividen entre los que crean contenido de calidad y reflexionado y los que se dedican a hacer refritos, vivir del morbo, crear titulares de impacto para que accedas a su web cuando no hay ninguna noticia real, difamar o hacer apología ideológica.

Si las cosas siguen así, lo peor está por venir: no solo porque cada vez se hace más común lo de ver noticiado algo que no es noticia, sino porque las nuevas generaciones de periodistas están creciendo con un contenido paupérrimo y sueñan con ser estrellas de la tele antes de haber colocado una línea en un periódico local. Además, los auténticos veteranos que vivieron la eclosión de la prensa en nuestro país están siendo despedidos y sustituidos por personas con una trayectoria profesional muy corta (suculentamente más baratos), que serán los ‘maestros’ de los recién incorporados al medio con un título casi simbólico bajo el brazo.

Hace algo más de cincuenta años, la prensa norteamericana vivió su peor crisis hasta el momento. La sociedad empezó a exigirle más a unos periodistas que amplificaban las versiones oficiales y acallaban las críticas al poder, que no estaban dispuestos a verificar informaciones medianamente complejas y que habían desarrollado un estilo de escritura plano.

Truman Capote

Una serie de periodistas y escritores reaccionará entonces adaptando determinados rasgos de los géneros literarios al texto periodístico. Bien es cierto que fueron apoyados por sus publicaciones, pero a ciegas: se estaba gestando un estilo revolucionario cuyo impacto en el público se desconocía de antemano. Norman Mailer, Gay Talese, Truman Capote o Tom Wolfe serán los padres de lo que este último denominó Nuevo Periodismo.

En aquel momento crítico se apostaría por la mejora de la calidad textual e informativa (sin obviar los más y los menos del Nuevo Periodismo) porque la población estaba descontenta con sus informadores. El duro trabajo coordinado de periodistas, editores y medios revivió la confianza en los medios. La crisis actual, por descontado, es mucho más grave. ¿Los culpables? Quizá tanto los oferentes como los demandantes de información.