Guido Martínez
Aug 8, 2017 · 4 min read

Discurso vs. Realidad

El éxito de la campaña que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación se puede hallar en el concepto que da nombre a la alianza de gobierno. La coalición formada por PRO, UCR y Coalición Cívica se apropió hábil y eficazmente de la idea de cambio que una gran parte de la sociedad demandaba después de doce años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Una vez definido el significante Cambiemos como motor de la campaña, faltaba dotarlo de conceptos que le dieran sustento y, sobre todo, que mostraran una clara oposición a los que, supuestamente, representaba el adversario a vencer en la elección. A partir de ahí, pudimos ver a un Macri comprometido discursivamente con el respeto por la República y la Democracia, la transparencia, la institucionalidad, la lucha a fondo contra la corrupción, la independencia de la justicia y de los poderes del Estado, la unidad nacional.[1] Apoyado en el discurso de los grandes medios de comunicación, que ya se habían encargado de convertir a todo lo relacionado con el kirchnerismo en sinónimo de corrupción, autoritarismo, falta de apego a las normas institucionales, persecución de opiniones disidentes, y en el peor de los casos, de dictadura, el actual Presidente inició su cruzada para la transformación de la República a partir del respeto irrevocable por los principios básicos del Estado de derecho.

Casi dos años después de haber asumido y a pocos días de las primeras elecciones que debe afrontar como oficialismo, es preciso repasar si el gobierno de Cambiemos cumplió con las expectativas que su propio nombre representa o si, por el contrario, el discurso ha quedado vacío y alejado de la realidad.

En lo que respecta a la institucionalidad, la construcción de un Macri republicano quedó en evidencia cuando, cuatro días después de haber asumido, nombró por decreto a dos jueces de la Corte Suprema sin pasar por el Congreso.[2] No se vislumbra un gran apego a las normas utilizando un decreto de necesidad y urgencia para cubrir los cupos en el máximo tribunal, como tampoco en el desplazamiento de un director del Banco Central o la intención, agitada desde el propio oficialismo, de expulsar a la Procudadora General de la Nación de su cargo, con la excusa de ser una “militante kirchnerista”.[3] Esta justificación es tanto o más representativa de la distorsión oficialista entre discurso y realidad que el propio uso del decreto, y demuestra que en la lógica del gobierno basta con ser kirchnerista o con publicar opiniones disímiles a la política monetaria del Banco Central para ser removido de un cargo público sin el más mínimo apego a la Constitución. Quedará para otro análisis la construcción del kirchnerismo (y todo lo que se le parezca) en un significante negativo, al cual tanto provecho le ha sacado el oficialismo cada vez que decidió emprender una pelea política, sea con la propia Cristina, con los sindicatos docentes de la Provincia o con la jefa de los fiscales.

Hay otros ejemplos que reflejan la ausencia de realidad en el discurso macrista en relación a la independencia de poderes, como la afirmación de que buscarán jueces que los representen en caso de que no actúen con rapidez en las causas de corrupción (siempre y cuando involucren a la oposición), la intromisión acerca de qué debería hacer la justicia con un carnicero que mató a un ladrón, o la acusación a un jefe de bloque parlamentario de liderar una mafia, en el acto de asunción del nuevo canciller. Extraño momento para acusar de mafioso a un legislador mientras jura el Ministro de Relaciones Exteriores, sobre todo para un presidente que cree encarnar la seguridad jurídica que necesitan los capitales extranjeros para invertir en la Argentina, frente a la amenaza que representaría “la vuelta al pasado”.[4]

Quizás donde quede más evidenciada la lejanía entre el discurso y la realidad, y sobre todo el invalorable aporte de los medios dominantes para lograrlo, es en la idea de que este gobierno vino a luchar contra la corrupción instalada en el poder. A pesar de la exitosa construcción de Macri como producto transparente y estandarte de “lo nuevo” y de la instalación mediática de hechos de corrupción vinculados al gobierno anterior, aquí el oficialismo choca de frente contra la propia biografía del presidente. Además, expone a los grandes medios que parecieran haber descubierto las coimas en la obra pública hace dos semanas, obviando, por ejemplo, qué empresa argentina estaba asociada a Odebretch en el soterramiento del Sarmiento. [5]

A quienes tengan algo de memoria les deberá resultar muy extraño escuchar al Presidente hablar de corrupción o de mafias empresariales y políticas, teniendo en cuenta que es la misma persona que asumió el cargo procesado por escuchar ilegalmente a su cuñado, y que en la década del ’90 fue procesado por pagar coimar a legisladores (entre ellos el actual Presidente Provisional del Senado) de la Ciudad para extender el contrato de Manliba, por contrabando de autopartes y que firmó un acuerdo con el intendente de Morón para construir unas cloacas que nunca se hicieron. [6]

Queda claro que ni los mejores asesores de marketing, ni el relato mejor construido, ni el silencio -transitorio- de los medios dominantes pueden cambiar o borrar la historia.

[1] http://www.lanacion.com.ar/1791854-mauricio-macri-se-sumo-a-la-defensa-de-fayt-no-hay-democracia-posible-sin-respeto-a-la-division-de-poderes

[2] https://www.clarin.com/politica/inconstitucional-decreto-jueces-corte_0_BkUk1JYPXl.html

[3] http://www.lanacion.com.ar/2041651-pablo-tonelli-no-descarto-que-se-destituya-por-decreto-a-gils-carbo

[4] https://www.clarin.com/politica/mauricio-macri-enfrentar-mafia-juicios-laborales_0_HkbJUDhGZ.html

[5] http://www.ambito.com/885413-allanaron-iecsa-odebrecht-y-ghella-por-el-soterramiento-del-tren-sarmiento

[6] https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/284688-75029-2015-10-26.html