Vueltas

fOTO: gUIDO bRUNET

En 1985 España firma la convención de la ONU contra la tortura, un terremoto destroza Méxco DF, se realiza el juicio a las Juntas, nací yo, Gorbachov asume la presidencia de la Unión Soviética, Irak bombardea Irán y Fito Páez publicó el disco Giros. Después de pasar por varias ciudades, incluida Buenos Aires, hace dos días culminó la gira celebración por el trigésimo aniversario de la edición de aquel material. Y Páez vuelve a tocar al Gran Rex para dar cierre a su recorrida. Así que viajé para verlo. Como ese 14 de noviembre de 1999 cuando el músico presentó el cd “Abre”. Fue el primer recital de mi vida. De hecho no conocía mucho la música de Fito. Mi hermana iba con un grupo de amigos y amigas, y yo me colé. Ese recital me marcó como un tatuaje en la piel. Todavía tengo guardado en mis retinas cuando, luego de dos horas de show, Fito dijo: “¿Creyeron que habían visto todo? Todavía no vieron nada”. Y salió Charly tirando los acordes de Cerca de la Revolución. Ahí lo vi todo.

fOTO: gUIDO bRUNET

Dieciséis años después, mismo artista, misma ciudad, mismo teatro, con mi hermana nuevamente (esta vez nos encontramos allí). En aquella oportunidad fue todo muy improvisado y ahora también. Dicen que cuando las cosas no se planean, salen mejor… puede ser. Al encontrarnos empezamos a recordar las historias increíbles de aquel día, como cuando entramos a la prueba de sonido, la foto que nos sacamos con Fito o cuando, al día siguiente, entramos a su estudio ubicado en no sé qué barrio porteño. Hoy estamos en la ciudad que lo adoptó, en un momento raro del país. El presidente cambió, ahora es ese que Páez años atrás criticó duramente en una carta.

Hacía bastante que no lo veía a Fito. La última vez fue en El Círculo en la presentación de Rodolfo, un disco de sólo piano. Un embole. Esta vez el recital fue alucinante. Parece que se dejó de boludear y se acordó del Fito de antes, el original. Páez desenpolvó viejas canciones que no toca habitualmente en tres horas de show donde repasó casi de punta a punta Giros, por supuesto, pero también “Ey” y “Ciudad de pobres corazones”, más algunas perlas de “Del 63”. Las más nuevas del repertorio, ya tienen varios años.

El concierto terminó con una una preciosa e interminable versión de “Y dale alegría a mi corazón” interpretada por el coro del público.

Luego se cerró el telón para abrirse minutos más tarde y descubrir a un Charly García sentado detrás de los teclados. En ese momento, el teatro se derrumbó. Y las próximas canciones fueron pura intensidad y emoción. Sin embargo no es Charly el que está allí sentado, sobre una silla de ruedas debido a una operación de cadera. Al menos no es el Charly que yo vi la noche del ‘99. Pasó de ser un provocador que con genialidad se llevaba el mundo por delante a ser el abuelo enfermo -que espero se cure pronto-. “Mirá que lindo Fito”, señaló con esa inocencia innata Charly cuando se prendieron los celulares para iluminar una canción. “Gracias por dejarme estar en sus corazones durante tantos años”, manifestó Páez mientras sonaban los acordes finales. Gracias a vos Fito, no todos tienen la oportunidad ver todo, y dos veces.

fOTOS: dIEGO qUIROGA

vIDEO yOUTEBE gUILLERMObARON

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.