He tenido sentimientos encontrados: 
en una esquina está el otro 
en la opuesta estoy yo.

Pero tengo que decir: cuando cedo al juego del solipsismo, hay espacio en mi cabeza para entrever lo peligroso que es.

Entre más en mí esté, dándome al deseo, sufro más. El mundo no cede a mis expectativas, pero, ¿por qué tendría que hacerlo? Es lo que es; contigo, con todo y las atrocidades en mi nombre, es, a pesar del aullido y de las imposibilidades de sostenernos.

Erre, en sus anotaciones de viaje, dos mil quince: 
“Cecilia llora mientras ve a las suculentas y teme que todo encaje al final”

Multiplicada yo y los que quiero 
cada uno un espejo y las suculentas al fondo 
como lo son, multiplicadas en ellas.

¿Cuánto dolor ha pasado por generaciones?