Hace algo así como un mes.

Hoy decidí cocinar yo. Lo hago muy de vez en cuando porque a mi novio le gusta hacerlo y antes de vivir juntos hicimos el arreglo “Vos cociná-Yo lavo”.

Pero hoy estuve raro. A las 8 me levanté, me hice un té a mí, a mi novio y a mi suegra (que está de visita) y bajé al gimnasio a andar en bicicleta mientras empezaba a leer El Cuento de la Criada. Jamás hago esto, pero hoy tenía otra energía, positiva, sentía que me comía al mundo.

Hoy decidí cocinar yo y seguir una vieja receta familiar tan ridícula que parece salida de Tasty, pero que mi familia idolatra por alguna razón. Compré las cosas con ansiedad, le escribí a mi mamá cuatro veces para preguntarle detalles que quizá hubiese olvidado, le hablé de lo bien que me estaba sintiendo y volví a casa. Prendí el horno, hice la masa y ahí en ese momento, en ese exacto momento, volvió a pasar. Primero las manos. Temblaban como hojas. Después me cambió de ritmo la respiración, como si mis pulmones estuviesen bailando el juego de la escoba. Me apoyé en la mesada y supe que no había nada más que hacer. Corrí a mi cuarto a llorar lo que hace algo así como un mes considero “Lo normal”.

No sé qué pasó con la comida, pero Nicolás viene de vez en cuando a hablarme y a tratar de tranquilizarme, mientras mi suegra grita desde el living cosas que no entiendo pero que suenan a frases motivadoras que se mezclan con Las Estrellas. Lo único que pude hacer fue sentarme en la cama, estirar mi brazo para agarrar la computadora y escribir esto.

Hace rato que quiero hacerlo pero no sé cómo, porque no tengo la fuerza ni las ganas de hacer de esto un tema, de darle más importancia de la que tiene, pero a la vez en este preciso instante siento que es lo único que puede liberarme.

Hace algo así como un mes me pasó algo horrible. Me hicieron algo horrible. Algo que incluso yo, a pesar de mi culpa católica y mi baja autoestima, sé que no merecía. Algo que quizá a otra persona no le hubiese hecho el efecto que me hizo a mí, pero que me devastó.

Hace algo así como un mes que siento que soy otra persona. Una persona que no puede levantarse de la cama, una persona que no puede ir al teatro o al cine sin sentir palpitaciones y querer irse, una persona que no puede disfrutar de nada, porque nada es suficiente. Una persona que tiene una cantidad normal de llanto diario. Una persona que trata mal a su pareja cuando lo único que quiere hacer es ayudarme, porque yo mismo no sé ayudarme.

Hace algo así como un mes tuve que seguir la burocracia de la salud mental y tener cuatro entrevistas con cuatro profesionales diferentes, para que la última me recete un clonazepam por día y listo. Al día de hoy no entiendo si la pastilla me hace mal, si me hace bien o si no me hace nada.

Hace algo así como un mes que me siento solo, aislado, que no puedo hablar con nadie. Pero también hace algo así como un mes que nadie se interesó en hablar conmigo. En estos momentos es cuando uno se da cuenta de que las personas que realmente cuentan en tu vida entran todas en un Fiat Uno.

Hace algo así como un mes que no puedo dormir. Googlié y probé absolutamente todo, pero no hay caso. Dormir es algo que es parte de mi pasado, todo el tiempo que paso en la cama se divide entre un llanto ininterrumpido y una discusión conmigo mismo, solitaria y acalorada, que trata de encontrar razones donde no las hay, y que trata de justificar lo injustificable.

Hace algo así como un mes aprendí que la gente es mala porque es mala, y que no tiene que haber razones. Que no hay que desvivirse por nadie porque desvivirse es justamente eso, perder la vida. Aprendí que la gente es egoísta, es mentirosa y es traicionera.

Hace algo así como un mes quiero escribir esto pero pienso que puede llegar a ser contraproducente. Quizá la persona que me hizo lo que me hizo lo lea y se regocije de mi estado. Ojalá lo lea. Porque yo sé muy bien que de esto voy a salir, sé muy bien que algún día voy a poder sacarme este pijama y que voy a dejar de calificar los días dependiendo de la cantidad de veces que lloré. Yo voy a salir de esto, pero de la maldad, el cinismo, la mentira y la avaricia no se sale nunca.

Hace algo así como un mes algo en mí se rompió y todavía no descubro que es. Algo que hace que cuando estoy allá arriba me baja de un ondazo y me hace comenzar a temblar aún cuando estoy haciendo una receta familiar de mierda.

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