Me voy a sentir mal un rato. Pero antes, una entradita para el blog.
Sobrevivida la tormenta, capeado el temporal, bajan los niveles de agua y de adrenalina, y quedan al descubierto las heridas, recientes y antiguas, abiertas y reabiertas, algunas limpias como un corte hecho con una hoja durante muchos años esterilizada, otras pútridas e infectadas con todo lo que mi mente pudo producir. Me pegó el bajón.
Es que a la noche le sigue el día, y a la mañana helada el calor del mediodía, y el hombre en la oscuridad no desespera porque sabe que en unas horas el alba llega. Pero si se rompen las reglas que conocemos, si no hay amanecer entre noche y noche, si cada asomo del sol es un eclipse, la cordura amaina y la depresión iza sus velas. Te hace mierda.
Así sucede que la mente forjada en la oscuridad termina huyendo de la luz que añoraba, crea sus propias nubes para opacar el día, corre hacia el oeste de noche y hacia el este de día. Así le tememos a nuestros sueños y realizamos nuestros miedos, y en vez de perseguir la felicidad y huir de la tristeza, perseguimos la persecución de la felicidad, sin desear algún día alcanzarla, y nos aferramos a la tristeza que nos mantiene vivos. Y está re mal.
Porque, a pesar de mis andanzas por todo el mundo,
A pesar de mi búsqueda alargada en años, mi esperanza
Menguaba en un fantasma incapaz de lidiar
Con ese turbulento regocijo que el éxito brindaría,
Apenas podía intentar reprimir ahora el salto
Que dio mi corazón, al hallar un fallo en su aptitud.*
* Fragmento del poema Childe Roland to the Dark Tower Came, de Robert Browning. Traducción por mí.
