Cartas al destino : Sobre la renuncia

A partir de la muerte se constituye el acto de la consumación de la vida, empieza desde el primer minuto, de igual manera la muerte empieza su acto principal ,segundo tras segundo día tras día el ser humano destinado al fracaso al rompimiento y a lo imposible , ignora el único destino claro , del primero y el último punto de partida. ¿Por qué entonces le tenemos tanto miedo al fracaso, a la renuncia, si nuestra propia vida es el intento fracasado por no morir ?¿ Por qué dedicamos nuestra vida a cambiar lo incambiable ? ¿ A luchar irónicamente hasta la muerte?, si moriremos en la lucha entonces para qué luchamos.

Es a partir de la renuncia que el ser humano revive, nace entre la aparición de lo imposible,de la esperanza y de lo deseado. Es la renuncia la que proclama la inconcebible y ridícula razón de la continuación, del camino al que habremos de avanzar consolidando como la única e importante realidad por la que habrá que vivir, por la que habrá de encontrar las razones para no salir de ahí ,como si de esa forma a través del reconocimiento y la autoconciencia logrará escaparse del destino y deberse a la trascendencia.Lo irremediable se prostituye como lo importante que se derrama como el centro de la crítica, como la constitución de cualquier sistema que se pavonea por y para el beneficio de los humanos.Es ahí donde el tiempo nos ofrece una reconciliación, una sola , la eternidad misma en cada segundo del corto periodo al que que viviremos y del ofrecimiento que terminaremos de rechazar por la supuesta majestuosidad de nuestros destinos, de la salvación a la que habremos de acudir como el salvador y el salvado pero a lo que ignoraremos en el tumulto de creencias y valores que se arropan en el lento progreso del ser humano.¿Qué acaso hemos dejado de luchar por lo mismo que se luchaba hace 200 años ?

El tiempo prevalece a carcajadas, nos engaña con una falsa amistad a la que enmarcamos y colocamos a nuestro lado por que sin importar la religión y espiritualidad existe un antes y un después. Un antes que se cree más importante que el después que crea valores a partir de una única realidad que terminará por desvanecerse en el después o que al menos se transformara. Es ahí entonces donde mi sentimiento por lo único y reconocible termina por ser tan burdo como lo casual e irreconocible en el después.

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