Gomorra: Hace mucho se olvidaron los cannoli

Bajo ejercicio de derivación impropia gramatical, Matteo Garrone adapta el libro-reportaje de Roberto Saviano a una película de ficción tradicional, y aunque a la época del estrenoy premiación en el Festival de Cannes de 2008, muchos medios de prensa destacaron la supuesta calidad documental, esta es una caracterización indebida: Gomorra hace un abordaje naturalista del actor y transforma los edificios de departamentos de baja renta en uno de sus más grandes personajes, en clara herencia neorrealista, pero que, de hecho, jamás debería ser confundida con cualquier registro documental. Claro, impresiona no solamente el trazo naturalista de las interpretaciones del elenco, sino también la calidad cinematográfica en crear un discurso que diga exactamente lo que pretende el libro, o sea, desmitificar ala Camorra, una de las principales mafias italianas activas y mostrar cómo este pulpo tiene tentáculos en las más diversas áreas del comercio y administración pública. Después de casi un siglo de representaciones románticas de jefes de la mafia en el cine, Garrone se fija en el relato de Saviano para trazar un perfil del mafioso en el siglo veintiuno, quizá más parecido a un comerciante territorial que al protagonista hamletiano de Mario Puzo y Francis Ford Coppola en El Padrino (1972). Salen los sacos de la alta costura, entran las camisas empapadas por el verano y camperas deportivas Adidas.

El guión escrito a doce manos trata de historias paralelas, pero que a su modo colaboran para formar un retrato del paisaje mafioso de Nápoles. Las decisiones del guión con relación al libro son bastante sabias, como las de no introducir datos estadísticos, aspecto naturalmente presente en cualquier libro-reportaje u olvidarse de todas las innumerables conexiones de la mafia para concentrarse en algunas pocas que representen la extensión de sus garras, especialmente con China.

Los fragmentos que demuestran cómo compañías comunes se involucran en negocios lícitos, pero con artificios y resultados ilícitos, con la mafia no presentan cualquier tipo de violencia explícita sino que tienen un ritmo fílmico diferente y aire de intriga corporativa anticlimática. El espectador no sabe que “En los últimos cinco años, el negocio de la basura tuvo un aumento del 29,8%, crecimiento comparable solamente al del mercado de cocaína” (SAVIANO, Robert. Gomorrah. London: Pan Mcmillan, 2007, p. 283), pero ve una manera de tratar las relaciones comerciales que sorprende por su sagacidad. En tal parte sobre el contrato de la basura, vale mencionar el uso de la estrategia de tutor y discípulo, recurso narrativo recurrente, para guiar al espectador. Otra decisión que facilita la condensación del libro a los estándares del cine comercial es usar determinada poética de cámara sobre las locaciones para transformar los extensos relatos autobiográficos de Saviano e integrarlos al escenario.

La representación de la mujer se ve muy diferente si observados libro y película: mientras un capítulo entero (titulado simplemente “Mujeres”) es dedicado al rol fuerte de la figura femenina tanto en los negocios dela Camorra como en la dinámica del poder entre los diferentes grupos criminales, la película suele abarcar a un sólo tipo femenino, aquel de la madre cuyo hijo está en la cárcel debido a “accidente de trabajo” ocurrido mientras desempeñaba algún tipo de función para la mafia, generalmente como soldado. El universo de la película es totalmente masculino. Además de la madre, que aguarda ansiosamente el pago de la compensación financiera dada por el grupo al cual el hijo está asociado, las mujeres están referenciadas solamente como objeto de deseo, posesión y sumisión por parte de adolescentes con hormonas en erupción.

La saga de los chicos Marco (Marco Macor) y Ciro (Ciro Petrone) tiene doble función fílmica, como fuerza de evolución narrativa (como suele ocurrir también con la trama del sastre Pasquale) y también como contrapunto a la desmitificación del retrato hollywoodense de la mafia italiana que, en realidad, se ha concentrado apenas en Sicilia. “Dos chicos de Casal di Principe, Giuseppe M. y Romeo P. sabían los diálogos de Il Camorrista de memoria y representaban varias escenas” (idem, p. 252). En el libro, Saviano cuenta que la pareja tenía como referencia, además del clásico italiano El Profesor con Ben Gazzara de (Giuseppe Tornatore, 1986), un repertorio formado por frases célebres de películas como Taxi Driver (Martin Scorcese, 1976), Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994), Donnie Brasco (Mike Newell, 1997), entre otras. Imposible saber si por cuestiones de derechos autorales o no, Garrone prefiere concentrarse en la figura de Al Pacino en Scarface (Brian de Palma, 1983), en todo su extremismo inconsecuente y atracción hacía la juventud y también citado por Saviano, como fuente de inspiración y utopía de Marco y Ciro. La reunión de la ingenuidad romántica, violencia inútil y carácter homoerótico del antihéroe y su inmenso arsenal de símbolos fálicos culmina en una escena desarrollada para exprimir un pictórico que represente tal triade: los dos jóvenes delincuentes apenas de calzoncillos gastando balas de ametralladoras al mar, desde la playa, donde, no por casualidad, también terminan su breve carrera, y sus vidas.

La prosa de Saviano es violenta como sugiere el tema abordado, sea en su poética subjetiva (“Parecían maniquíes. Pero cuando tocaron el piso, sus cabezas se abrieron, como si sus cráneos fueran reales. Y eran.”, idem, p. 3) o en descripciones más objetivas (“Anna Volaro se prendió fuego para protestar contra la retomada de un activo adquirido ilegalmente que consideraba producto del curso normal de sus negocios.”, idem, p. 147). Cómo establecido desde su escena de apertura, cuando se realiza una matanza de encomienda en una clínica de bronceado artificial (extensión de las tradicionales cantinas típicamente frecuentadas por estos capos modernos como local de convivio social y tiempo de la vanidad), Gomorra no es nada simpáticaen la pantalla: las balas de los revólveres son casi siempre certeras y fatales, porque están a servicio de una gran empresa y no pueden perder tiempo, no es bueno para los negocios.


Gomorra. Dirección: Matteo Garrone. Basado en el libro de no-ficción homónimo de Roberto Saviano. Italia, 2008. Guión: Maurizio Braucci, Ugo Chiti, Gianni Di Gregorio, Matteo Garrone, Massimo Gaudioso, Roberto Saviano. Elenco: Toni Servillo, Salvatore Lorino, Salvatore Cantalupo, Gianfelice Imparato, Salvatore Abruzzese.


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