I, I follow, I follow you

Los algoritmos gozan de una fama cuanto menos sospechosa. En el mejor de los casos son ese compañero de trabajo joven, brillante y guapo que siempre anda con una sonrisa en los labios pero que solo está de paso hasta que le fichen en un sitio mejor: es eficiente, sí, pero sabemos que no nos quiere.

Sin embargo hoy he pensado que el Descubrimiento semanal de Spotify, con toda su irregularidad, es una cosa bien bonita: todos los lunes alguien nos selecciona 20 canciones que de verdad cree que nos pueden gustar. Y esa persona no es un Boston Dynamics con un gran criterio musical (apúntenme a esa posibilidad), sino una mezcla de todos los usuarios de Spotify que involuntariamente están recomendándote o desaconsejándote música todo el rato. Y de ese batiburrillo de amor por la música de millones de personas de vez en cuando surge una canción maravillosa. Eso es bonito:

Quizás los algoritmos de recomendación sean solo una versión primitiva de la mente colmena en la que todos nos fundiremos cuando llegue la Singularidad. Y entonces se/nos dedicará/dedicaremos a escuchar una canción de tecnopop perfecta por toda la eternidad. No me parece, ni de lejos, el peor de los destinos posibles.

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